[Análisis] Disciples: Domination

[Análisis] Disciples: Domination

Fecha de Lanzamiento
12/02/2026
Distribuidora
Kalypso Media
Plataformas
PlayStation 5, Xbox Series y PC
Versión analizada
PlayStation 5

Dicen que es difícil ser rey, pero Disciples: Domination te enseña que ser reina de un mundo en ruinas es una pesadilla logística… y extrañamente adictiva. Esta secuela directa de Disciples: Liberation no intenta reinventar la rueda ni competir con titanes como Baldur’s Gate 3. En su lugar, abraza su identidad de AA sólido, recuperando el espíritu clásico de Heroes of Might and Magic con una mezcla de exploración isométrica, combate táctico y gestión de reino que, pese a sus aristas, consigue apañárselas para enganchar.

En un mercado saturado de RPGs masivos que exigen cientos de horas, Disciples: Domination se siente como un soplo de aire fresco por su honestidad. No busca ser una épica inabarcable, sino una experiencia táctica concentrada y satisfactoria. Aquí no hay desfiles de victoria ni promesas vacías. Avyanna, la protagonista, gobierna desde Yllian, una fortaleza en una dimensión de bolsillo, lidiando con las cicatrices de una guerra pasada y una nueva amenaza de maná corrupto. El tono es sombrío, cínico y teatral, recordándote constantemente que el liderazgo no es un premio, sino una carga pesada que se paga con decisiones difíciles y sacrificios necesarios.

 

Un trono sobre cenizas

La trama nos sitúa 15 años después de los eventos de Disciples: Liberation. Avyanna, ahora consolidada como una figura de poder en Nevendaar, ha pasado este tiempo en un retiro autoimpuesto que ha dejado al reino fracturado y vulnerable. Su regreso no es triunfal, sino una necesidad desesperada ante una nueva amenaza: ríos de maná corrupto que están envenenando la tierra y a sus habitantes.

Lo interesante de Disciples: Domination es cómo enmarca el liderazgo. No eres la heroína elegida que empieza de cero; eres una gobernante con un pasado, aliados que te reclaman y enemigos que no han olvidado. La narrativa se aleja de la épica luminosa para abrazar una fantasía oscura y cínica, donde las alianzas son frágiles y cada facción (desde el rígido Imperio hasta los grotescos No-Muertos) tiene sus propias agendas y rencores. Aunque es una secuela directa, el juego hace un buen trabajo contextualizando a los nuevos jugadores, permitiéndote sumergirte en este nido de víboras políticas sin sentirte perdido, aunque perderás algunos matices si no jugaste al anterior.

 

La Sala del Trono: Gestión de crisis

La gestión de tu reino no es un minijuego accesorio; es el corazón palpitante de la experiencia. En la Sala del Trono, no decides qué color de cortinas poner, sino a quién enfadar hoy. Las cinco facciones del juego (Imperio, Legión de los Malditos, Tribus Elfas, Hordas de No-Muertos y los retornados Clanes de la Montaña) te presentarán quejas y peticiones constantes. Apoyar a los Enanos puede enemistarte con los Elfos, y cada decisión tiene un coste en recursos o reputación que afecta directamente a tu ejército.

La economía en Disciples: Domination es brutalmente satisfactoria. No puedes vender la basura que encuentras por oro; debes desmantelarla para obtener materiales básicos. Este ciclo de reciclaje forzoso te obliga a pensar cada mejora de edificio en Yllian. ¿Mejoras los aserraderos para tener madera o inviertes en los cuarteles para desbloquear nuevas unidades? Cada elección duele, y eso es genial. El juego se convierte en un baile de escasez constante, donde no hay dinero para todo y debes priorizar qué parte de tu reino quieres salvar primero.

 

Ajedrez hexagonal con esteroides

El combate es donde Disciples: Domination brilla con fuerza. Se desarrolla en una rejilla hexagonal compacta donde el posicionamiento lo es todo. El sistema de Puntos de Acción (AP) es un puzle en sí mismo: tienes puntos azules para moverte, naranjas para acciones mixtas y rojos para ataques potentes. Gestionar el color correcto en el momento adecuado es clave, porque una mala decisión puede dejarte expuesto o incapaz de ejecutar ese golpe final.

Pero la profundidad no acaba ahí. El juego introduce mecánicas inteligentes como el Push & Pull (empujar enemigos a otras casillas) y un sistema donde los puntos de movimiento no usados se convierten en buffs defensivos o curativos para el siguiente turno. Además, el límite de Liderazgo te impide llevar un ejército infinito de unidades de élite, obligándote a buscar sinergias entre tus tropas de vanguardia y los personajes de apoyo en la retaguardia, que actúan automáticamente. La información es clara y transparente: el juego te dice antes de empezar qué unidades serán efectivas, permitiéndote planear la estrategia sin sentirte engañado ni abrumado por datos ocultos.

 

Sombras en la narrativa y lo técnico

No todo es perfecto en Nevendaar. Si bien la historia general de Avyanna engancha y el lore de fantasía oscura es rico, la ejecución «momento a momento» deja que desear. Los diálogos a veces caen en lo simplista o forzado, y las actuaciones de voz son una mezcolanza extraña: algunas competentes, otras te sacarán de la inmersión. Las animaciones faciales rígidas tampoco ayudan en las escenas más emotivas, donde los personajes parecen discutir sobre contabilidad en lugar del fin del mundo, restando impacto dramático.

Técnicamente, Disciples: Domination es un todoterreno. Funciona en una gama masiva de equipos (desde portátiles como la Xbox Ally X hasta PCs de gama alta) gracias a unos requisitos modestos y una buena optimización, aunque no se libra de bugs menores de audio o visuales pre-parche. Eso sí, cuidado con los atracones: su estructura puede volverse repetitiva si intentas maratonear sus 35-40 horas de duración. Es un juego que se disfruta más en dosis cortas, como una buena serie de televisión, que en sesiones de fin de semana completo donde la fórmula acaba mostrando sus costuras. En consolas como PlayStation 5, la adaptación al mando es sorprendentemente buena y la interfaz responde bien, aunque gestionar el inventario puede volverse un dolor de cabeza por la cantidad de menús anidados que interrumpen el ritmo de la aventura. Además, visualmente puede pecar de homogéneo: demasiados tonos apagados y oscuros que, tras tantas horas, hacen que todas las regiones empiecen a parecerse demasiado entre sí.

 

Conclusión

Disciples: Domination es un triunfo del diseño consciente. Sabe lo que es (un RPG de estrategia táctica AA) y lo ejecuta con confianza, ofreciendo una experiencia profunda y gratificante para quienes disfruten gestionando recursos escasos y resolviendo puzles tácticos en el campo de batalla. Si puedes perdonar una escritura a veces torpe y una presentación modesta, encontrarás aquí una joya de fantasía oscura que respeta tu tiempo y tu inteligencia. No ganará premios al Juego del Año ni revolucionará el género, pero es ese tipo de «juego de confort» sólido al que volverás una y otra vez por el simple placer de gobernar, aunque sea sobre cenizas.

Disciples: Domination
Sinopsis
Gobierna en medio del caos! Quince años después de que Avyanna liberara Nevendaar del yugo tiránico de los dioses, Disciples: Domination te devuelve a un reino al borde del abismo. En este RPG de estrategia de fantasía oscura con combate táctico por turnos, ocupa el trono de la reina Avyanna e intenta mantener unido un reino que se desmorona. El fuego de la duda arde intensamente en su interior, avivado por el peso aplastante del trono en Yllian y alimentado por sueños retorcidos de convertirse en uno de los mismos monstruos que una vez desafió y destruyó. Paralizada por el miedo y atormentada por su propio poder, el gobierno de Avyanna comienza a resquebrajarse. Sus aliados desaparecen y la abandonan. Una fuerza desconocida siembra la discordia y la locura en su reino.
Pros
Combate táctico profundo, claro y lleno de opciones.
La gestión del reino es de lo más entretenida.
Fácil de entender para novatos pero con capas para veteranos.
Contras
Diálogos y voces a veces forzados o simplistas.
La estructura de misiones puede cansar en sesiones largas.
Animaciones faciales rígidas que rompen la inmersión.
7.5
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.