Seguro que en algún momento habéis escuchado esa mítica frase de “segundas partes nunca fueron buenas”, y que nos lo digan a nosotros, los jugadores, pues no nos habremos encontrado en toda nuestra trayectoria consolera más de un juego cuya primera parte fue fantástica, pero en cambio la secuela… o, por el caso contrario, le dimos la oportunidad a un juego que resultó ser decepcionante, pero aun así, cuando salió la segunda parte, lo compramos con alguna pequeña esperanza (o ninguna) y consiguió impresionarnos.
Hoy analizaremos FoxyLand 2, la secuela de FoxyLand, analizado por nuestro compañero ToniJoestar, desarrollados ambos por BUG-Studio y distribuidos por Ratalaika Games, cuya primera parte no destacó demasiado en nada, y si por algo lo hizo, fue por lo repetitivo y poco cuidado que fue el juego. Pero, ¿ha podido FoxyLand 2 mejorar la reputación o ha sido un mero intento de una fallida demostración? Seguid leyendo.

Si bien FoxyLand tenía una historia simple sin ningún tipo de giro dramático de los acontecimientos, con FoxyLand 2 tendremos una trama un poco más compleja, pues esta vez Foxy tendrá que ir a rescatar a sus dos hijos, Tim y Cindy, secuestrados por los malvados hermanos Wolfie, con la ayuda de su esposa Jennie. A lo largo de 36 niveles, deberemos conseguir 3 monedas grandes por nivel, usar cerezas como arma arrojadiza y además, encontrar pequeñas banderas escondidas que nos llevarán a niveles ocultos.
Si hablamos de la jugabilidad, hay que destacar el modo multijugador, pues con un segundo mando y jugador, este tomará el control de Jennie, y juntos podremos ir avanzando por los niveles con unos controles sencillos de salto y doble Salto con X (en PS4), disparar y accionar palancas con cuadrado, saltos de pared en pared y agacharse con pad-abajo. No se complica mucho más, no nos podremos ayudar entre jugadores, pero tampoco nos estorbaremos. Si bien es cierto que el título vuelve a pecar de niveles muy cortos, a medida que avancemos, encontraremos niveles un pelín más largos con diferentes caminos para llegar al final. Algo a destacar que a mí no me gustó mucho, es que si bien está valorado en PEGI 3, los jefes que hay, considero, se alargan de forma bastante absurda, sobretodo el primer jefe, y diría que fue para compensar la corta duración de los primeros 12 niveles. También destaca el hecho de que nos iremos encontrando con diferentes NPCs, en su mayoría zorros, que intercambiarán algunas frases con nosotros.

En cuanto al apartado gráfico, hay que valorar para bien el maqueado que ha tenido esta secuela, pues tanto los paisajes como los personajes se han detallado mucha más, dando un aspecto al juego que gusta ver y no cansa. A lo largo de los 3 niveles, veremos un pixel-art muy cuidado, tanto enemigos como el entorno, y aunque no hay mucha variedad de enemigos, resulta gracioso ver como alguno se camufla con el mapa. A destacar también que el título del juego se ha mejorado, ya no pareciendo un trabajo de plástica de pre-escolar.
Y ya finalizando, hablaremos de la música, pues a diferencia del primer título, que solo contaba con un solo tema para todo el juego, aquí tendremos un ritmo chiptune realizado por HateBit, que hará más ameno el paso por los niveles, siendo bastante pegadizas, pero si pasamos demasiado tiempo, acabaremos agotados acústicamente.

Conclusión
Aunque no había muchas esperanzas en la mejora de este título en comparación a su predecesor, hay que decir que FoxyLand 2 ha hecho un cambio para bien, pues tanto a nivel de historia, como de gráficos y de música, ha mejorado bastante, demostrando que cuando se quiere, las cosas se pueden hacer muy bien, con una jugabilidad en cooperativo que puede sacarnos unas risas y unos niveles que gustará rejugar por no haber dado en la primera vuelta con las monedas escondidas restantes. Así como dato, para aquellos cazadores del Platino, si os ponéis a jugarlo por las risas, cuando os deis cuenta os saltará el Platino. Por lo que cuesta, 4,99€, estamos delante de un juego que los vale, y que, como nos preguntábamos al principio, demuestra que las segundas partes no siempre son malas.