[Análisis] Hirogami 

[Análisis] Hirogami 

Fecha de Lanzamiento
03/09/2025
Distribuidora
Kakehashi Games
Plataformas
PlayStation 5 y PC
Versión analizada
PlayStation 5

Hay juegos que te ganan antes de pulsar el botón de Start, solo con mirarlos. Hirogami es uno de ellos. Siguiendo la estela de obras entrañables como Tearaway o Yoshi’s Crafted World, este título nos invita a un mundo donde todo (desde los ríos hasta los enemigos) está hecho de papel plegado. La premisa es tan encantadora como suena: eres Hiro, un experto en el arte del origami que debe salvar su mundo de una plaga digital que amenaza con «sobrescribir» la tradición. Sin embargo, como ocurre a veces con las manualidades, el resultado final tiene algunos pliegues que no terminan de encajar.

Lo que hace especial a Hirogami no es solo que use el papel como textura, sino que lo convierte en la lógica interna de su universo. Aquí, la fragilidad es una característica, no un defecto. El movimiento de los personajes tiene ese encanto entrecortado del stop-motion, y el entorno responde con la física propia de una cartulina, creando una sensación de tangibilidad muy lograda. Es un juego que entra por los ojos y te acaricia los oídos con una banda sonora instrumental japonesa, transportándote a una especie de diorama viviente que se siente, por momentos, como jugar dentro de un libro de cuentos desplegable.

 

El poder de la transformación

La mecánica estrella de Hirogami no es saltar, sino mutar. A medida que avanzas, Hiro desbloquea la capacidad de transformarse en diferentes figuras de origami: un armadillo para rodar a toda velocidad y romper barreras, una rana para saltos de altura y un gorila para la fuerza bruta. Lo brillante no es solo la utilidad de estas formas para resolver puzles ambientales, sino la ejecución visual: ver a Hiro desplegarse hasta ser una hoja plana y replegarse en una nueva forma en milisegundos es una delicia de animación que nunca cansa.

La exploración es donde el juego brilla con luz propia. Los niveles están llenos de secretos, y el diseño invita a usar tus poderes de forma creativa para conseguir las «Grullas Doradas», necesarias para desbloquear nuevas fases. Es un ciclo de juego clásico y adictivo que hará las delicias de los completistas, obligándote a veces a volver a niveles anteriores con nuevas habilidades para descubrirlo todo.

 

Cuando el papel corta: El combate

Lamentablemente, no todo es tan bonito. Si la exploración es un paseo agradable, el combate es la piedra en el zapato. Casi de forma unánime, la sensación es que luchar en Hirogami es más una tarea que una diversión. El sistema es básico y a menudo se siente tosco, agravado por una cámara fija que, aunque cinematográfica, a veces te deja vendido ante enemigos que te atacan desde fuera de la pantalla. Además, ciertas decisiones de diseño (como que tu abanico no dañe a ciertos enemigos, obligándote a transformarte constantemente de forma forzada) rompen el ritmo de la acción.

Hacia la segunda mitad del juego, el plataformeo también sufre de esta imprecisión. Secciones que deberían ser fluidas se ven empañadas por ángulos de cámara traicioneros o mecánicas de vehículo (como las fases del avión de papel) que resultan más frustrantes que divertidas debido a un control que no responde con la finura necesaria.

 

Una fábula sobre la fragilidad

Narrativamente, el juego ofrece una historia sencilla que puede leerse de dos formas: como una aventura ligera para todos los públicos o, si prestas atención, como una interesante reflexión sobre la lucha entre el arte tradicional (físico, imperfecto, frágil) y la modernidad digital (estéril, uniforme). Acompañado de una banda sonora melancólica con instrumentos tradicionales japoneses, Hirogami logra crear una atmósfera única, casi de cuento triste, que te empuja a seguir adelante solo para ver qué nuevo paisaje de papel te espera a la vuelta de la esquina.

Esta inmersión se refuerza con detalles encantadores, como el diseño del «mundo central» (hub), que se presenta como un mapa desplegado sobre una mesa de escritorio real, rodeado de libros y tazas de té. Este tipo de toques nos recuerdan constantemente nuestra escala diminuta en un mundo gigante, evocando esa sensación mágica de estar jugando con juguetes que cobran vida cuando nadie mira. Es en estos momentos de calma y contemplación donde el juego conecta mejor con el jugador, más allá de sus mecánicas.

 

Conclusión

Hirogami es un juego de contrastes. Por un lado, es una obra de arte visual con un corazón enorme y unas mecánicas de transformación muy satisfactorias. Por otro, es un plataformas de acción que tropieza en lo básico: el combate y la precisión del control. Si eres capaz de perdonar estas asperezas jugables a cambio de perderte en uno de los mundos más bonitos y originales del año, encontrarás aquí una aventura que, con sus fallos, merece la pena ser «desplegada».

No estamos ante un rival para los grandes del género en cuanto a precisión milimétrica, pero sí ante una propuesta con una personalidad arrolladora. Es el título perfecto para un fin de semana tranquilo, ideal para quienes valoran la estética y la creatividad por encima del desafío técnico. Un debut prometedor que, si bien tiene arrugas que planchar, deja una imagen preciosa en la retina.

Hirogami 
Sinopsis
Conoce el mundo del origami con Hiro, un maestro del plegado que va armado con su abanico de papel. ¡Vive una aventura mística para salvar tu frágil hogar de los invasores digitales! Transfórmate en animales y recorre el entorno, resuelve puzles, supera a tus enemigos ¡y salva el reino!
Pros
Un mundo de origami recreado con un gusto exquisito. Todo parece tangible.
Las transformaciones son divertidas, útiles y están animadas con maestría.
La exploración: Buscar secretos y completar los retos opcionales es el verdadero gancho del juego.
Contras
Peca de un combate mediocre, repetitivo, tosco y a menudo molesto.
La cámara se torna bastante traicionera.
La segunda mitad del juego tiene secciones (como el avión) donde el control no está a la altura del reto.
7
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.