
En un género tan saturado como el de los metroidvanias, destacar es una misión suicida. Sin embargo, MIO: Memories in Orbit, desarrollado por el estudio francés Douze Dixièmes, logra algo difícil: que te olvides de las mecánicas por un segundo solo para admirar su belleza. Este título no busca la oscuridad gótica y opresiva de referentes como Hollow Knight o Blasphemous; en su lugar, apuesta por una estética vibrante y luminosa, inspirada en el cómic europeo y el boceto a mano, que convierte cada fotograma en una obra de arte viva. Los trazos finos, los colores pastel y los destellos dorados crean una identidad visual propia que respira frescura.
Ya sea disfrutándolo en la nueva Nintendo Switch 2 (donde la ausencia total de tiempos de carga hace que la exploración de este mundo interconectado sea una experiencia fluida y sin interrupciones) o a través de su inclusión directa en en el servicio de suscripción de Microsoft (Xbox Game Pass), MIO: Memories In Orbit es una propuesta que entra por los ojos pero se queda por su agilidad. Es un juego que entiende que la belleza no tiene por qué estar reñida con el desafío, invitándonos a perdernos en un laberinto espacial que es tanto un deleite visual como una prueba de habilidad.
La nave de los sueños rotos
Despertamos como MIO, un pequeño y ágil androide sin recuerdos, en las entrañas de El Buque. Esta colosal nave espacial, antaño punta de lanza tecnológica, es ahora una ruina decadente pero hermosa, un ecosistema donde la naturaleza ha reclamado el metal en forma de jardines biomecánicos y laboratorios cubiertos de vegetación. Nuestra misión es reactivar a las IAs cuidadoras, conocidas como «Las Perlas», para devolver la esperanza a las máquinas que aún habitan la nave. Sin embargo, no estamos solos: Ati, un antagonista complejo que encarna la resignación y la creencia de que el fin es inevitable, se interpondrá en nuestro camino, planteando un conflicto filosófico sobre si merece la pena salvar lo que ya está roto.
La narrativa de MIO: Memories In Orbit se despliega de forma sutil y ambiental, huyendo de las cinemáticas largas para confiar en la curiosidad del jugador. La historia se reconstruye a través de notas dispersas, conversaciones crípticas con otros androides y el propio entorno, exigiendo que exploremos cada rincón para entender la tragedia de la nave. Es un viaje emocional que, a lo largo de sus algo más de veinte horas de duración, consigue que te importen el destino de estos robots melancólicos, culminando en un final que, aunque predecible para la gran mayoría de jugadores, golpea con fuerza en el corazón.

Danza aérea y combate
Lo mejor de MIO es, sin duda, cómo se mueve. Lejos de sentirse pesado o torpe, el control es visceral y fluido desde el primer minuto. MIO es una acróbata metálica que no se limita a saltar; se desliza por el aire, escala paredes y techos como una araña mecánica y utiliza sus cables capilares como un gancho para balancearse con una agilidad pasmosa. El diseño de niveles entiende perfectamente estas capacidades, fomentando un juego vertical donde encadenar movimientos es vital. Mecánicas como el esquive (que permite rebotar en los proyectiles enemigos para ganar impulso y contraatacar) convierten cada encuentro en una danza letal y satisfactoria.
Sin embargo, el combate no está a la altura de su movilidad y tarda demasiado en despegar. Durante las primeras horas, la falta de herramientas ofensivas y la repetición constante de los mismos patrones enemigos hacen que los enfrentamientos se sientan monótonos y faltos de impacto. A esto se suma un inicio deliberadamente obtuso que juega en su contra: el título nos suelta en este mundo inmenso sin mapa (inicialmente, aunque después puede conseguirse uno, algo parco, eso si…) y con recursos muy limitados. Aunque esto refuerza la atmósfera de aislamiento, la realidad es que a menudo terminas vagando sin rumbo, frustrado por una falta de dirección que confunde el misterio con la desorientación.

Economía de la ansiedad
Para añadir tensión a la exploración, MIO: Memories In Orbit adopta mecánicas Soulslike que castigan el error. La moneda principal, el Nácar, se pierde al morir si no hemos tenido la precaución de «cristalizarla» (guardarla) en máquinas específicas repartidas por el mapa. Esto nos obliga a evaluar constantemente el riesgo: ¿avanzamos un poco más con los bolsillos llenos o retrocedemos para asegurar el botín? A esto se suma un sistema de progresión exigente: las ranuras para mejoras son muy limitadas e incluso la barra de salud ocupa espacio. Esto fuerza al jugador a crear builds específicas para cada situación, sacrificando daño por supervivencia o recursos por movilidad según toque explorar o enfrentar a un jefe.
Conscientes de que esta curva de dificultad puede ser un muro para muchos, los desarrolladores han implementado opciones de accesibilidad inteligentes y diegéticas. No se trata de un simple «modo fácil», sino de ayudas personalizables como un escudo que se regenera si logramos mantenernos a salvo unos segundos, o la opción de que los jefes se debiliten ligeramente tras cada derrota. Estas herramientas permiten que cada jugador ajuste el reto a su nivel de habilidad sin trivializar la experiencia ni romper la inmersión del viaje.

Conclusión
MIO: Memories in Orbit es una joya imperfecta pero deslumbrante que demuestra que el género metroidvania aún tiene margen para sorprender estéticamente. Su apartado artístico, pintado con colores pastel y dorados, sumado a una banda sonora orquestal minimalista, crea una atmósfera de ciencia ficción melancólica única, alejándose de los tropos oscuros habituales. Es un placer perderse en El Buque, un mundo intrincado donde cada sala parece una viñeta de cómic hecha vida.
Es cierto que el viaje tiene turbulencias: su inicio áspero y desorientador, junto a un combate que tarda horas en mostrar su verdadera profundidad, pueden disuadir a los jugadores más impacientes. Sin embargo, si logras superar esa barrera inicial, la recompensa es un sistema de movimiento aéreo exquisito que convierte la exploración en un auténtico placer. Si eres de los que lleva años esperando a Silksong o simplemente buscas una aventura que entre por los ojos y te desafíe a los mandos, el viaje orbital que MIO: Memories In Orbit propone merece cada minuto de tu tiempo.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.