Styx: Blades of Greed
Fecha de Lanzamiento
19/02/2026
Distribuidora
Nacon
Plataformas
PlayStation 5, Xbox Series y PC
Versión analizada
PlayStation 5

Styx: Blades of Greed es una anomalía deliciosa. En una industria donde el sigilo puro parece haber sido diluido y absorbido como una «opción secundaria» en los grandes juegos de acción en mundo abierto, Cyanide Studio y Nacon se han atrevido a resucitar a un icono de nicho tras casi una década de silencio. Han pasado nueve años desde Shards of Darkness (2017), pero nuestro goblin favorito, malhablado, cínico y adicto a las sustancias mágicas, regresa demostrando que la infiltración clásica aún tiene mucho que decir. No reinventa la rueda, ni lo pretende; en su lugar, afila su daga y expande su propuesta hacia un diseño de niveles maravillosamente vertical y libre.

 

Un capitán sarcástico y adicto al Cuarzo

A nivel argumental, Styx: Blades of Greed no pierde el tiempo en presentaciones. El juego arranca como una secuela directa, asumiendo que recuerdas perfectamente dónde dejamos a Styx y a personajes como Helledryn o Djarak. Este «inicio en frío» puede resultar algo confuso e intimidante para los recién llegados, que se verán bombardeados por nombres y facciones (elfos, la Inquisición, orcos) sin mucho contexto. Sin embargo, el magnetismo del protagonista sostiene la función sin esfuerzo. Styx sigue siendo ese antihéroe egoísta y genuinamente desagradable (una especie de Geralt de Rivia verde y sin escrúpulos, salvando las distancias) que solo ayuda a los demás si hay un beneficio claro de por medio.

En esta ocasión, Styx ha ascendido de estatus: ya no es un simple peón, sino el capitán de su propio zeppelín, reclutando a una variopinta tripulación y utilizando la aeronave como base de operaciones. El motor de la trama es una nueva fuente de poder: el Cuarzo. Al consumir estos cristales mágicos, Styx despierta en su mente a una misteriosa y antigua entidad llamada Flux. La necesidad de absorber más cuarzo para conversar con Flux y descubrir sus verdaderas intenciones es la excusa perfecta para lanzarnos a explorar el mundo. La historia cumple su función, pero los secundarios resultan algo planos en diseño y actuación de voz, dejando que todo el peso del carisma recaiga en los afilados monólogos del goblin.

 

Escalando hacia la libertad

El verdadero triunfo de Styx: Blades of Greed reside en su magistral diseño de niveles. Cyanide ha abandonado los mapas pequeños y pasilleros en favor de tres enormes regiones semiabiertas: El Muro (una imponente e hipervertical ciudad humana), Amanecer Turquesa (un territorio orco pantanoso) y Akenash (las oscuras ruinas de la capital élfica). La escala es abrumadora. Cuando aterrizas y ves una torre altísima en la lejanía, no es mero decorado; si hay un depósito de Cuarzo allí arriba, tendrás que averiguar cómo demonios escalar hasta la cima.

Esta arquitectura, que recuerda irremediablemente al diseño de los mejores Dishonored, transforma la infiltración en un rompecabezas tridimensional. Rara vez te sentirás atascado frente a un guardia: si una puerta está vigilada, siempre habrá una cornisa por la que trepar, un conducto de ventilación oculto tras un mueble o una viga desde la que acechar. Para facilitar esta movilidad, Styx incorpora nuevas herramientas como un gancho y un planeador. Además, el juego introduce una ligera estructura Metroidvania: a medida que desbloqueas artilugios, querrás (y deberás) volver a zonas anteriores para acceder a rutas previamente inalcanzables, aunque el proceso de tener que regresar físicamente al zeppelin para cambiar de mapa rompe un poco el ritmo.

 

Cataratas de vómito y sombras

A los mandos, Styx: Blades of Greed abraza su identidad: esto es sigilo puro. El combate directo es torpe, lento y casi siempre suicida. Sin embargo, Styx: Blades of Greed no es un juego punitivo que te obligue a cargar la partida cada vez que un guardia te descubre. Si te ven, tienes herramientas para improvisar: puedes tirar una bomba de humo, usar tu poder de invisibilidad (consumiendo Ámbar) o simplemente huir saltando por los tejados hasta que se calme la alarma. El juego quiere que te sientas como un asesino escurridizo, priorizando la diversión sobre el realismo físico estricto, permitiéndote incluso corregir tu trayectoria en el aire para asegurar un asesinato desde las alturas.

El abanico de opciones para lidiar con los enemigos es asombroso y derrocha ese humor negro tan característico de Styx. ¿Un guardia pesado acorazado que no puedes matar por la espalda? Escabúllete hasta su cubo de agua para beber, vomita dentro de él y espera a que se envenene. ¿Un enemigo patrullando cerca de otros? Tápale la boca por la espalda, arrástralo hasta las sombras y mátalo allí en silencio, evitando que su grito alerte al resto.

A tu arsenal clásico de Ámbar (invisibilidad, creación de clones controlables) y de crafteo (dardos, ácido para disolver cadáveres, arena para apagar antorchas a distancia), se suman ahora los poderes de Cuarzo, que te permiten manipular el tiempo para cruzar zonas a cámara lenta o incluso controlar mentalmente a los enemigos. La única pega de tener tantas opciones es que el sigilo básico es tan efectivo que a menudo ignorarás gran parte del árbol de habilidades, y la escasez de materiales de fabricación puede provocarte el síndrome de no querer gastar nunca tus mejores trampas.

 

Sombras alargadas y costuras indies

A pesar de sus grandes aciertos, Styx: Blades of Greed no puede ocultar ciertas asperezas técnicas y de diseño. La inteligencia artificial de los guardias, el pilar de cualquier juego de infiltración, es bastante indulgente y a menudo resulta demasiado fácil darles esquinazo. En los peores casos, sufrirás glitches frustrantes, como enemigos que te detectan o te agarran a través de paredes, o animaciones que se rompen al ponerte a cubierto.

Los controles también pecan de cierta tosquedad en los momentos de tensión. El sistema de cobertura es magnético, lo que significa que si te descubren y olvidas soltar el gatillo (L2) para huir, te quedarás pegado a la pared haciendo el ridículo mientras te acribillan a espadazos. Por suerte, los desarrolladores han incluido un botón dedicado exclusivamente al guardado rápido (asignado a L3), un auténtico salvavidas que respeta tu tiempo y evita la frustración de repetir secciones largas por culpa de un fallo de control.

Gráficamente, Styx: Blades of Greed cumple gracias a una fantástica dirección de arte oscuro y opresivo, con un uso de la iluminación dinámico que afecta directamente a la jugabilidad (romper lámparas crea caminos seguros). No obstante, en consolas y PC se aprecian texturas que tardan en cargar (pop-in) y animaciones faciales algo desfasadas. Por otro lado, aunque el bucle jugable es muy satisfactorio, tras unas diez horas de juego la fórmula de explorar, aislar, matar y robar puede empezar a sentirse repetitiva ante la falta de situaciones que te obliguen a cambiar radicalmente de estrategia.

 

Conclusión

Styx: Blades of Greed es una carta de amor a los huérfanos de franquicias como Thief o Tenchu. Al apostar por escenarios masivos y verticales repletos de rutas alternativas, Cyanide Studio ha creado el patio de recreo definitivo para su cínico goblin. La libertad para improvisar, sumada a las nuevas habilidades de Cuarzo y al carisma arrollador de su protagonista, hacen que infiltrarse en las sombras sea una experiencia enormemente satisfactoria y divertida.

Pese a que su inteligencia artificial no es la más brillante, arrastra algunas tosquedades en el control y la historia da por hecho demasiados conocimientos previos, sus virtudes pesan muchísimo más que sus defectos. No redefinirá el género, pero es un recordatorio brillante de lo satisfactorio que puede ser un videojuego cuando confía ciegamente en una única mecánica y la exprime al máximo. Si alguna vez soñaste con ser un asesino verde, bajito, tramposo y malhablado, Styx: Blades of Greed es tu juego.

STYX: BLADES OF GREED
Sinopsis
¡El maestro del sigilo ha vuelto! Explora las vertiginosas alturas del continente Iserian y elimina a tus enemigos con astucia. Encarna el papel de Styx, un goblin astuto con un humor mordaz que ha dominado el arte del sigilo. Tu objetivo es conseguir cuarzo, el recurso más valioso (y peligroso) en un mundo al borde de la guerra entre elfos, humanos y orcos. Styx: Blades of Greed perfecciona la fórmula de sus dos predecesores, haciendo de la libertad y la creatividad el foco de la experiencia de juego. Explora enormes entornos verticales mientras dominas nuevas herramientas y habilidades. Ya sea que acabes de conocer a Styx o seas un fan de toda la vida, ¡nunca había sido tan divertido ser codicioso!
Pros
Styx sigue siendo un protagonista brillante, cínico y muy divertido.
El diseño de niveles es excepcional: enorme, intrincado y maravillosamente vertical.
Gran flexibilidad: multitud de rutas, herramientas y poderes (Ámbar y Cuarzo) para improvisar.
Mecánicas únicas (como envenenar agua o arrastrar víctimas vivas) y un útil botón de guardado rápido.
Contras
El inicio de la historia es confuso si no jugaste a las entregas anteriores.
La IA enemiga es básica y sufre de glitches ocasionales (ver a través de paredes).
El control puede ser tosco y dejarte "pegado" a las coberturas cuando intentas huir.
7.5
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.