
Octopath Traveler 0 llega con la difícil misión de recontar una historia ya conocida por quienes jugaron Champions of the Continent y, al mismo tiempo, sentirse como un JRPG “grande” de sobremesa, completo y autosuficiente. Lo sorprendente es que, pese a las reticencias (yo al menos las tenía), hay que señalar que lo consigue: es, probablemente, la entrega más ambiciosa de la saga, tanto en escala como en cantidad de sistemas… aunque no todos brillan con la misma fuerza.
Este lanzamiento supone, además, una anomalía fascinante en la industria actual. Mientras lo habitual es ver grandes franquicias derivar hacia experiencias móviles diluidas por microtransacciones, Square Enix ha tomado el camino inverso: rescatar la narrativa de Champions of the Continent (una historia aclamada por los fans pero encadenada a las mecánicas gacha) para darle el tratamiento premium y completo que merecía. Situada en el continente de Orsterra años antes de los eventos del primer título, esta «entrega cero» funciona tanto como una puerta de entrada ideal para neófitos como una expansión del lore indispensable para los veteranos. Llega, además, en un momento dulce para la compañía, consolidando su dominio del formato HD-2D tras los recientes éxitos de Live A Live o el remake de Dragon Quest III.
Lo que Octopath Traveler 0 ofrece es un viaje larguísimo, oscuro y muy clásico en su estructura, que combina una historia de venganza y reconstrucción con un sistema de combate refinado y una buena dosis de gestión de pueblo. Es, en esencia, Octopath Traveler llevado al extremo: más personajes, más contenido, más horas, más todo.
Un mundo marcado por los anillos… y por las cenizas
Octopath Traveler 0 funciona como precuela directa de la serie y reimagina los arcos de Champions of the Continent en formato JRPG tradicional. El punto de partida es sencillo y brutal a la vez: creas a tu protagonista (un habitante más del apacible pueblo de Wishvale) justo el día de su “mayoría de edad”, cuando se dispone a unirse a la guardia local. Ese día también aparecen tres misteriosos individuos en busca de un artefacto divino, el Anillo de Aelfric. Al no conseguir lo que quieren, optan por la vía más sencilla: arrasan el pueblo, lo queman hasta los cimientos y dejan a unos pocos supervivientes desperdigados por el mundo.
A partir de aquí, la historia se articula en tres grandes rutas iniciales, ligadas a los anillos de Riqueza, Poder y Fama, que retoman las tramas principales del juego móvil. Cada una te enfrenta a un portador del anillo correspondiente, auténticos monstruos morales que llevan al extremo la corrupción, la codicia o el narcisismo. El tono es mucho más oscuro de lo que su envoltorio HD-2D podría sugerir: hay masacres, abusos sistemáticos de poder, explotación y una sensación continua de que, por mucho que avances, el mundo siempre encuentra nuevas formas de ser miserable.

La estructura es marcadamente episódica. Cada arco se divide en fases con nivel recomendado, lo que te obliga a saltar de una ruta a otra cuando aparecen picos de dificultad. El resultado es un relato extenso que se consume a “bocados”: mazmorra o tramo de mapa relativamente corto, escena larga, jefe, y vuelta a empezar. Funciona bien para ir alternando tonos y personajes, pero refuerza la sensación de serie por capítulos más que de gran odisea cohesiva.
Curiosamente, donde Octopath Traveler 0 se siente más humano no es en la macrohistoria de los anillos, sino en sus microhistorias: las tramas de reclutamiento, las vidas rotas que intentas recomponer y los testimonios de los supervivientes que invitas a Wishvale. Ahí es donde la venganza abstracta se convierte en duelo concreto, en nombres y caras que dan sentido a la cruzada del protagonista.

Ocho en el campo, miles de decisiones en la cabeza
En lo jugable, Octopath Traveler 0 es tan conservador como inteligente. La base es la misma que hizo famoso al original: combates por turnos, búsqueda de debilidades para romper la defensa enemiga (Break) y gestión del medidor de Puntos de Impulso (BP) para cargar ataques y habilidades. Sobre esa columna vertebral se coloca la gran novedad: la posibilidad de llevar ocho personajes simultáneos en batalla.
El grupo se organiza en dos líneas: cuatro en primera fila y cuatro en retaguardia. Cada turno, puedes intercambiar libremente a los miembros de una pareja (frontal/reserva) cuando les toca actuar. Esto añade una capa táctica enorme. Lo habitual es utilizar la primera línea para “trabajar” la guardia de los enemigos, explotando sus debilidades de arma o elemento, mientras la segunda fila acumula BP. Cuando logras romper su defensa, traes al frente a tus especialistas (magos como Alexia, por ejemplo) para descargar hechizos o técnicas multigolpe devastadoras y luego devolverlos a la sombra para que vuelvan a cargar.

El ritmo que se genera es muy satisfactorio: un vaivén de golpes calculados, rotaciones constantes y turnos que encajan como un engranaje bien engrasado. La dificultad, además, no se queda corta: no hay selector de nivel, y algunos jefes exigen dominar el sistema, preparar bien las formaciones y llegar con equipo adecuado. Eso sí, la propia generosidad de herramientas (ocho personajes, anillos muy potentes, trabajos secundarios) puede diluir algo el reto para quien exprima todas las posibilidades y reclute pronto a medio elenco.
A todo esto se suma el sistema de “acciones de senda” sobre los NPC: puedes investigar a prácticamente cualquier personaje con retrato, conocer su trasfondo y, según tus estadísticas de Poder, Riqueza y Fama, comerciar con él, sonsacarle objetos, reclutarlo como ayudante en combate o incluso invitarlo a vivir en Wishvale. Fallar tiradas de persuasión deteriora tu reputación e incluso puede ponerte precio a la cabeza, lo que da una dimensión ligera pero interesante a tu relación con las ciudades.
El reverso de este despliegue es que Octopath Traveler 0 puede resultar abrumador. Hay muchos sistemas interconectados, muchas barras, muchos menús, y el propio juego no siempre dosifica la información con la claridad que debería. Cuando le coges el pulso, es una delicia; hasta entonces, puede imponerse por puro volumen.

Wishvale: reconstruir mucho más que un mapa
La otra gran pata del juego es la reconstrucción de Wishvale. No se trata solo de un minijuego anecdótico; la recuperación del pueblo funciona como segundo hilo conductor de la aventura. A medida que avanzas en las rutas de los anillos, irás encontrando supervivientes del ataque inicial, cada uno con sus miedos, su duelo y sus condiciones para regresar. Convencerlos y darles un nuevo hogar es casi tan importante como derrotar al villano de turno.

Sobre el papel, la gestión del pueblo combina colocación de edificios (casas, granjas, tabernas, ranchos…), ampliación de instalaciones especiales y asignación de residentes que aportan bonificaciones o recursos pasivos. En la práctica, el sistema es bastante más estático de lo que podría: muchos edificios solo se desbloquean al cumplir hitos de la historia, no puedes encargarte libremente de despejar todo el pueblo desde el principio y, durante buena parte de la partida, la sensación es más de cumplir requisitos que de diseñar un hogar a tu gusto.
Lo que realmente sostiene esta capa no es la mecánica urbana en sí, sino las historias ligadas a ella. Localizar a antiguos habitantes, escuchar cómo procesan la pérdida, ver quién está preparado para volver y quién prefiere seguir adelante por su cuenta, da una fuerza emocional inesperada a un sistema que, de otro modo, sería poco más que un panel de mejoras. Wishvale, al final, importa porque la llenas de personas, no de edificios.

Un HD-2D al máximo de sus posibilidades
Visualmente, Octopath Traveler 0 vuelve a demostrar por qué el estilo HD-2D se ha convertido en una de las señas de identidad más queridas de Square Enix. Los sprites en 2D conviven con escenarios tridimensionales llenos de detalle, efectos de partículas, desenfoques de profundidad y una iluminación que baña cada plano con una calidez casi táctil. Pueblos nevados, desiertos abrasadores, criptas iluminadas por antorchas… cada zona tiene un carácter muy marcado, y los jefes vuelven a lucir diseños enormes y recargados, perfectos para capturar pantalla.

El apartado sonoro está a la altura. Yasunori Nishiki firma, probablemente, su trabajo más redondo en la serie: se recuperan temas icónicos y se suman nuevas piezas que acompañan con maestría tanto la épica como la tragedia íntima. Además, esta vez la cantidad de diálogos doblados es abrumadora: gran parte de las misiones principales cuentan con voces, lo que da mucho peso a personajes clave como Gustave o los portadores de los anillos. La dirección de voz no siempre brilla al mismo nivel en todas las escenas, pero el conjunto transmite una sensación de producción cuidada.
En lo técnico, el juego se siente cómodo tanto en sobremesa como en portátil. Las versiones para PC y consolas modernas mueven sin problemas el límite de frames del juego, y en dispositivos como Steam Deck o Nintendo Switch el HD-2D prácticamente parece diseñado para ser disfrutado en una pantalla cercana.

Conclusión
Octopath Traveler 0 es, con diferencia, la entrega más grande y ambiciosa de la saga: más de 70 horas de contenido principal, decenas de personajes reclutables, sistemas que se entrelazan y un mundo que se siente vivo gracias a sus historias pequeñas. Es también un JRPG extremadamente clásico en su corazón, que apuesta por una estructura capitular, un combate por turnos bien afinado y una estética que celebra sin complejos la nostalgia.
No obstante, es de recibo señalar que no todo funciona a la perfección. La trama principal, centrada en los anillos y sus villanos hiperbólicos, puede volverse previsible y abusar del shock fácil, sobre todo cuando lo realmente brillante está en las historias personales que encuentras por el camino. La gestión de Wishvale, por su parte, tiene más fuerza emocional que sistémica. Y la avalancha de mecánicas y menús puede resultar abrumadora para quien no viva en el JRPG de toda la vida.
Y pese a todo ello, el balance final es muy positivo. Octopath Traveler 0 demuestra que la fórmula todavía tiene mucho recorrido, que el HD-2D sigue siendo un marco perfecto para este tipo de aventuras y que, cuando Square Enix se pone seria con el rol por turnos, es capaz de ofrecer viajes largos, densos y memorables. No es un salto revolucionario respecto a sus predecesores, pero sí una “versión definitiva” de lo que Octopath quiere ser.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.