
El renacimiento de los boomer shooters (esos FPS que recuperan la velocidad y la brutalidad de los 90) nos ha dejado muchas alegrías, pero pocas tienen la personalidad visual de Forgive Me Father 2. Byte Barrel vuelve a la carga con una secuela que no busca reinventar la rueda, sino empaparla de sangre y tinta china. Mezclando una estética de cómic noir dibujado a mano con los horrores cósmicos de H.P. Lovecraft, este título llega ahora a Nintendo Switch con una propuesta clara: disparar primero y preguntar a Cthulhu después. Eso sí, prepárate, porque el descenso a la locura incluye algunos baches técnicos en la híbrida.
Lo interesante de esta propuesta es cómo logra distanciarse de sus competidores. Mientras que la mayoría de juegos de este estilo apuestan por el pixel art o los polígonos de baja resolución para emular la era de Quake o Doom, aquí la apuesta es puramente ilustrativa. Cada enemigo, cada arma y cada escenario parece haber sido arrancado de las páginas de una novela gráfica pulp de los años 50, creando un contraste fascinante entre la violencia explícita en pantalla y la elegancia de su trazo. No es solo un juego de disparos; es una experiencia estética que intenta trasladar la ansiedad y el delirio propios de los mitos lovecraftianos a un formato de acción frenética, un maridaje arriesgado que, sorprendentemente, funciona de maravilla.
Un viaje al manicomio
La historia deja de lado a la periodista del primer juego para centrarse exclusivamente en el Sacerdote, a quien encontramos encerrado en un manicomio que funciona como hub central. Desde este lugar, que representa perfectamente su psique fracturada, nos sumergiremos en una serie de recuerdos distorsionados y pesadillas para intentar recuperar la cordura (o perderla del todo). La narrativa huye de las exposiciones largas y las cinemáticas intrusivas; en su lugar, apuesta por un enfoque ambiental y fragmentado. Tendrás que detenerte a leer notas garabateadas, recortes de periódico y mensajes en las paredes para reconstruir el rompecabezas de lo que está ocurriendo, manteniendo ese aire de misterio y ambigüedad tan propio de la literatura del género.
Visualmente, Forgive Me Father 2 es un pequeño milagro técnico y artístico. Utilizando la potencia del motor Unreal Engine 5, los desarrolladores han creado un mundo híbrido donde sprites 2D dibujados a mano rotan dentro de escenarios 3D ricos en detalles, todo unificado por un filtro cel-shading que recuerda a clásicos como XIII o a los cómics de Dark Horse. El uso de la iluminación es clave: a menudo te verás obligado a avanzar por pasillos totalmente a oscuras armado solo con una linterna de dinamo que debes recargar manualmente, un detalle mecánico que dispara la tensión y convierte cada esquina en una posible trampa mortal.

Dispara, recarga, reza
En lo jugable, estamos ante un shooter de arenas clásico pero muy vitaminado. El movimiento es rápido y exige una reactividad constante, especialmente porque el juego no se corta a la hora de adoptar mecánicas de bullet hell (infierno de balas). No basta con apuntar bien; tendrás que bailar entre cortinas de proyectiles enemigos con patrones complejos, haciendo que el posicionamiento sea tan vital como la puntería. El arsenal es una delicia grotesca que evoluciona contigo: lo que empieza siendo un revólver o una escopeta convencional acaba transformándose, mediante mejoras, en monstruosidades biomecánicas con tentáculos, ojos y vida propia. El feedback audiovisual de cada disparo es pesado y contundente, convirtiendo cada combate en un festival visceral de sangre y tinta.
Pero no todo es fuerza bruta; Forgive Me Father 2 introduce una capa de profundidad estratégica con el sistema del Libro Oscuro. A medida que exploras y matas, consigues fichas para desbloquear y equipar habilidades activas y pasivas, desde aumentos de daño o robo de vida hasta poderes defensivos que te salvan en el último segundo. El truco está en que las ranuras son limitadas, obligándote a tomar decisiones difíciles sobre qué build llevar a cada misión. Esto es crucial en los tramos finales, donde la dificultad se dispara y la escasez de munición y botiquines puede transformar la experiencia en un survival horror encubierto donde cada bala cuenta.

Luces y sombras
Aquí llega el punto más delicado del análisis. El diseño de niveles, aunque estéticamente impecable y muy atmosférico, peca a veces de ser excesivamente laberíntico. El juego se adhiere con fidelidad casi religiosa a los tropos de los 90, incluyendo la búsqueda de llaves de colores para abrir puertas específicas, pero lo hace sin incluir un mapa dentro del juego. Esto, que en dosis pequeñas es nostálgico, acaba convirtiéndose en frustración cuando te pasas veinte minutos dando vueltas en círculos por pasillos idénticos buscando el camino, rompiendo el ritmo frenético que la acción promete. Además, la inclusión de ciertas secciones de plataformas imprecisas y puzles poco intuitivos se siente como un obstáculo artificial que frena la diversión.
En el apartado técnico, el port a Nintendo Switch es valiente, casi temerario. Mover un motor tan pesado como Unreal Engine 5 en la híbrida tiene un coste evidente. El estilo artístico cel-shading ayuda mucho a enmascarar la bajada de resolución y texturas, manteniendo el juego bonito en pantalla pequeña, pero el rendimiento no siempre aguanta el tipo. En los momentos de caos total (cuando la pantalla se llena de enemigos, proyectiles y explosiones) el framerate sufre tirones notables que pueden entorpecer la precisión necesaria para esquivar en un bullet hell. Es una versión totalmente jugable y disfrutable, pero se nota que el hardware está al límite; no esperes la fluidez de roca de la versión de PC, sino una experiencia más «sucia» y variable.

Conclusión
Forgive Me Father 2 es una secuela sólida y estilizada que enamorará a los fans de la acción pura y el terror cósmico. Su personalidad visual es arrolladora y su gunplay, adictivo. Si puedes perdonar sus problemas de orientación y los sacrificios técnicos propios de la versión de Nintendo Switch, encontrarás aquí una carta de amor violenta y frenética a los shooters de la vieja escuela. Por supuesto, no es un juego perfecto, ni el más pulido del catálogo de la consola, pero sí uno de los que tienen más carisma. En un mercado saturado de shooters retro que se ven todos iguales, esta obra de Byte Barrel destaca por entrarte por los ojos y atraparte con su jugabilidad visceral.
Forgive Me Father 2 es, en definitiva, una experiencia intensa, breve y brutal, ideal para quienes buscan descargar adrenalina y no les importa mancharse las manos de tinta y sangre virtual en el proceso.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.