
Durante años, los fans de Paper Mario han pedido un sucesor espiritual digno de las entregas clásicas. Escape from Ever After, desarrollado por Sleepy Castle Studio, no solo recoge ese testigo con orgullo, sino que le da una vuelta de tuerca satírica brillante. Aquí no se trata solo de salvar a la princesa, sino de salvar la integridad artística de los cuentos de hadas frente a la amenaza más terrorífica de todas: la gentrificación corporativa y los accionistas. Y es que, en esta propuesta independiente tan interesante el capitalismo ataca el Reino Champiñón… digo, a los cuentos infantiles.
Más allá de su premisa narrativa, el título se presenta como una aventura de rol sólida y consciente de su herencia. Lejos de ser una copia vacía, Escape from Ever After entiende a la perfección qué hacía funcionar a sus referentes: un sistema de combate por turnos dinámico basado en la habilidad, una exploración llena de secretos y un humor que rompe la cuarta pared constantemente. No busca reinventar la rueda del género, sino pulirla con un diseño moderno, ofreciendo una experiencia que se siente a la vez nostálgica y refrescante en su ejecución. Esta fusión entre lo mágico (los cuentos de hadas) y lo mundano (el ambiente de oficina) no es solo un chiste recurrente, sino el motor visual que impulsa la narrativa, dejando claro desde el primer minuto que, aunque el homenaje a la saga de Nintendo es la base, el juego de Sleepy Castle Studio construye sobre ella algo nuevo, cínico y sorprendentemente actual.
De héroe de cuento a oficinista promedio
La premisa de Escape from Ever After es oro puro: Flint Buckler, el clásico héroe de cuento, irrumpe en el castillo para matar a Tinder (la dragona más temida y poderosa del lugar), solo para descubrir que la fortaleza ha sido reformada en oficinas de espacio abierto. Una megacorporación llamada Ever After Inc. está invadiendo libros de dominio público (desde Los Tres Cerditos hasta Lovecraft) para explotar sus recursos y monetizarlos de unas u otras formas (hay que mantener la rueda girando, ¿verdad?). Así pues, Flint y Tinder (ahora reducida de tamaño y poder por obra de Ever After Inc.) se verán obligados a trabajar juntos para aparcar sus pretensiones y unirse a la mastodóntica empresa con afán de, desde dentro, escalar en la corporación para desmantelar el sistema desde dentro.

El guion es uno de sus puntos fuertes, mezclando el encanto de Shrek con una crítica afilada a la industria moderna del entretenimiento. La dinámica entre el optimismo ingenuo de Flint y el cinismo de Tinder es el corazón de una historia que, aunque pierde fuelle en sus últimos momentos, se mantiene fresca gracias a villanos carismáticos como el inquietante Sr.Luna.
Esta sátira brilla especialmente al subvertir los roles tradicionales de los cuentos bajo una lógica empresarial despiadada. Un ejemplo genial lo encontramos en el libro de Los Tres Cerditos: aquí los cerdos no son víctimas, sino una suerte de promotores inmobiliarios sin escrúpulos al servicio de Ever After Inc. que pretenden desahuciar a una manada de lobos felices que viven en su aldea, con la única finalidad de construir apartamentos de lujo (eh, al menos les ofrecen un 5% de descuento en el alquiler durante el primer año). A lo largo de estas misiones, Flint irá reclutando a un elenco de inadaptados (desde una bruja hasta un lobo bardo) que aportan color y variedad a un guion que sabe equilibrar la comedia absurda con momentos de auténtica calidez.

Combates, Café y Burocracia
En lo jugable, el título respira Paper Mario por los cuatro costados, aunque impone sus propias reglas corporativas. Los enfrentamientos son por turnos y nos obligan a gestionar un grupo variopinto que incluye desde un lobo cantante hasta un oso de peluche recosido. Sin embargo, la plantilla activa está limitada: solo dos personajes pueden pelear simultáneamente, lo que obliga a rotar constantemente a los miembros del equipo para aprovechar sus habilidades específicas.
El sistema de batalla de Escape from Ever After se basa en la acción y el ritmo: pulsar botones en el momento exacto (QTE) para potenciar ataques o bloquear daño es vital. Flint, por ejemplo, puede lanzar su escudo como un frisbee al estilo Capitán América para golpear varias veces al enemigo si clavamos el timing. Además, existe una mecánica de Sinergia que permite ejecutar poderosos ataques combinados o curar al grupo. Para los que busquen una experiencia más relajada, estas mecánicas de acción se pueden desactivar en las opciones, haciendo que cada golpe y defensa sean perfectos automáticamente, lo cual facilita los combates pero mantiene el reto estratégico de los jefes.

La gestión de recursos es puramente temática: los puntos de magia (PM) se representan como una taza de café, la esencia vital de todo buen oficinista, necesaria para ejecutar los ataques especiales. También deberemos vigilar los Puntos de Acción (PA), que limitan cuántas maniobras podemos realizar por turno y se pueden ampliar mediante accesorios.
Finalmente, la progresión huye del grindeo tradicional. Subir de nivel no aumenta tu fuerza de ataque, sino que te da a elegir entre mejorar Salud (PV), Café (PM) o Puntos de Sinergia (PS). El ataque base solo mejora avanzando en la historia o consiguiendo ítems raros (frascos de tinta), lo que evita que venzas por fuerza bruta. Asimismo, irás consiguiendo diferentes accesorios y ataques extras para cada personaje que podrás equipar, teniendo en cuenta siempre que hay un límite de puntos para cada personaje y se comparten entre ataques y accesorios, por lo que tendrás que intentar conseguir un equilibrio entre, añadir un nuevo ataque a Flint o, quizás, un potenciador que le permita compartir vida gratuitamente (compartir vida es una mecánica que permite ceder la mitad de tu salud a un compañero que ha sido derrotado en batalla).

Unas oficinas con pasillos estrechos
Sin embargo, en Escape from Ever After no todo es un cuento de hadas y el diseño de niveles presenta fricciones evidentes. Aunque los escenarios desbordan creatividad temática, a menudo pecan de ser lineales y claustrofóbicos. Los pasillos estrechos dificultan enormemente esquivar a los enemigos visibles, que además son más rápidos que nuestro protagonista, lo que convierte la exploración en una sucesión de combates forzados. Este problema se agrava notablemente a partir del tercer capítulo, donde la repetición de enfrentamientos y la falta de opciones para evitarlos pueden volver la experiencia monótona, a pesar de la variedad inicial de rivales.

En el apartado de la exploración, el plataformeo se siente algo pesado, aunque el juego es indulgente y nos respawnea rápido si caemos. Más problemáticos son algunos puzles que cruzan la línea entre lo ingenioso y lo obtuso. Un ejemplo que cualquiera que haya jugado a The Legend of Zelda: Ocarine of Time sabrá reconocer, es un segmento musical en el Bosque Encantado (Cuento de los Tres Cerditos), que requiere de cierto ensayo y error para averiguar qué troncos permiten el avance por el escenario, ya que la música, que es la que guía nuestros pasos, está bastante bajita, frenando el ritmo de la aventura. Además, hay decisiones de diseño «retro» que pueden no gustar a todos. La ausencia de guardado automático (dependemos de encontrar impresoras manuales para salvar la partida) añade tensión, pero también riesgo de perder progreso.

Por otro lado, es importante apuntar que la vida en Ever After Inc. no es solo papeleo y mamporros; también hay espacio para la «vanidad corporativa». Entre misión y misión, Flint puede retirarse a su propio despacho dentro del castillo, una sala que funciona como santuario personalizable. Utilizando las monedas que rapiñamos en los niveles (ya que hablar del salario es un tema tabú, como en muchos trabajos en esta triste realidad que nos ha tocado vivir…), podemos comprar mobiliario para redecorar el espacio a nuestro gusto. Este sistema, unido a la posibilidad de revisar correos electrónicos o escuchar pistas de música desbloqueadas en el hub central, añade una capa extra de inmersión a la sátira: incluso en un mundo de fantasía, acabas gastando tus ahorros en hacer más acogedor tu lugar de trabajo.
Conclusión
Escape from Ever After es mucho más que un simple tributo nostálgico; es una aventura con una personalidad arrolladora que entiende perfectamente qué hace grande al género. Aunque su estructura jugable es una carta de amor a Paper Mario, su narrativa se sostiene por sí misma gracias a una sátira corporativa brillante y un comentario social relevante sobre cómo la industria explota la creatividad hasta dejarla vacía.

Es cierto que Escape from Ever After no es perfecto: el acto final pierde fuerza narrativa con un clímax que no cumple las expectativas, y la repetitividad de los combates en escenarios estrechos puede desgastar a los jugadores menos pacientes. Sin embargo, sus virtudes pesan más que sus defectos. El juego respeta tu tiempo, premia la estrategia sobre el grindeo absurdo y ofrece un apartado artístico y sonoro (esa mezcla de jazz y big band) que es una delicia.
En definitiva, estamos ante un RPG encantador, ideal para aquellos huérfanos de la Puerta Milenaria que busquen algo fresco. No viene a dar un golpe en la mesa, pero gracias al cariño cariño y humor que desprende, es fácil perdonarle que, a veces, se sienta como un becario con mucho talento que aún tiene cosas por aprender.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.