
Hay un tipo muy concreto de terror indie que ha encontrado su nicho en los últimos años: el que no aspira a asustar de verdad, sino a generar el clip perfecto para que un streamer grite, se ría y suelte alguna patochada delante de su audiencia. The Skin Stapler, la nueva entrega de Tainted Pact Games tras Suffer the Night, Terror at Oakheart, Massacre at the Mirage y Flesh Made Fear, se instala de lleno en ese terreno, mezclando el slasher ochentero de VHS con un humor sexual tan desvergonzado que a ratos parece competir directamente con el propio asesino por protagonismo.
El estudio ya tiene un público fiel construido sobre esta fórmula, y The Skin Stapler no la reinventa: la ciudad de Carrion City sufre el terror de un asesino en serie que desuella a sus víctimas y grapa su piel a las paredes, mientras el detective quemado Dick Slater intenta seguirle el rastro entre cintas de audio distorsionadas y escenas del crimen cada vez más macabras. Es un envoltorio que promete grindhouse ochentero con la lengua bien afuera de la mejilla, y en ese sentido cumple exactamente lo que anuncia. El problema, como suele pasar con este tipo de propuestas, es que cumplir la promesa no siempre equivale a que la experiencia se sostenga durante toda su duración.
Un asesino, dos rutinas, muchas repeticiones
La estructura de The Skin Stapler es sencilla de desarrollar porque se explica prácticamente sola tras el segundo capítulo: cada tramo alterna entre un capítulo de «personaje» (casi siempre una mujer que termina asesinada por el Skin Stapler tras atender un negocio de la ciudad y recibir clientes durante un rato) y un capítulo de investigación policial en el que Dick Slater examina la escena del crimen resultante y avanza la trama recogiendo pruebas. Los minijuegos que salpican ambos tipos de capítulo son deliberadamente sencillos: pulsar un botón, mantenerlo pulsado, poco más.

Ese patrón, novedoso durante la primera hora, se vuelve predecible con rapidez. Hacia la tercera víctima ya se sabe exactamente qué va a pasar en cada segmento, lo que elimina cualquier tensión real (no hay amenaza de morir antes de que el guion lo decida). El único intento del juego de romper esa rutina, un breve segmento en una especie de supermercado que vende perritos calientes, resulta tan intrascendente que podría eliminarse sin que cambiara nada en la narrativa. Es un problema de ritmo que lastra buena parte del tramo central: la fórmula tiene potencial, pero se explota con muy poca variación a lo largo de todo el juego.

Humor gooner, sin frenos ni disculpas
Si hay un rasgo que define a The Skin Stapler por encima de cualquier otro, es su disposición a llevar el humor sexual explícito hasta límites que probablemente sorprendan incluso a quien ya conozca el catálogo del estudio. Escenas como personajes introduciéndose cintas VHS de forma sexual, o comiendo perritos calientes en gestos que imitan directamente el sexo oral, no son detalles puntuales sino parte constante del tono del juego, en línea con esa estética «gooner» que tan bien conecta con la cultura de clips y reacciones de streaming.

Aunque no me molesta especialmente ese tipo de humor cuando está bien dosificado, aquí el chiste se agota rápido y pasa de ser incómodo por diseño a resultar simplemente cansino, sobre todo porque ciertos sonidos y gestos se repiten sin apenas variación de personaje a personaje. El humor funciona mejor cuando se apoya en la comedia negra absurdista, y flaquea cuando insiste demasiado en el mismo chiste corporal una y otra vez, como si el guion se hubiera quedado sin ideas nuevas antes de terminar el juego.

La sombra (larga) de los streamers
Un elemento que atraviesa toda la producción de The Skin Stapler es su fuerte vínculo con creadores de contenido, presentes tanto como modelos faciales como en el reparto de doblaje. No es un secreto ni algo que el juego intente disimular (la propia ficha oficial lo anuncia como parte de su identidad), pero la forma en que se integra generará, por descontado, opiniones enfrentadas. Para algunos jugadores, ese vínculo se sentirá (y con razón) como una especie de product placement constante, como si el juego estuviera pensado primero para generar reacciones de streamers y solo después para el jugador que se sienta a disfrutarlo en solitario, especialmente en quienes llegan al juego sin saber de antemano cuánto peso tiene esa colaboración.

Sin embargo, no todo en ese terreno es negativo. El segmento dedicado a una de las creadoras de contenido implicadas destaca de forma notable sobre el resto del juego, con una interpretación de voz mucho más ajustada y decisiones artísticas más cuidadas que en cualquier otro tramo, lo suficiente como para hacerme pensar que el estudio tiene un talento real detrás cuando se le permite brillar sin ruido de fondo. Es una muestra de que, cuando Tainted Pact decide apostar por la ejecución en lugar de por el chiste fácil, el resultado puede ser genuinamente memorable.

Estética de VHS que sí funciona
El arte y la dirección artística de The Skin Stapler me parecen notables, igual que el diseño de personajes, memorable incluso en sus roles más secundarios. La estética grindhouse ochentera, con su decadencia iluminada en neón y su violencia estilizada, está ejecutada con un cariño evidente por el material de referencia. El doblaje completo del reparto también funciona bien en general, y para mí la voz del propio Skin Stapler es, sin discusión, la interpretación más sólida y recordada de todo el juego.

Conclusión
The Skin Stapler es un juego que sabe exactamente lo que quiere ser y lo consigue sin pedir perdón: terror grindhouse con la lengua fuera, pensado para generar reacciones tanto en quien juega como en quien mira jugar, con una dirección artística sobresaliente y un villano que consigue ser inquietante y gracioso a la vez sin que ambas cosas se anulen entre sí. Cuando se apoya en su comedia negra más absurdista y en momentos puntuales de ejecución cuidada, como el segmento mejor logrado del reparto, demuestra que detrás de todo el desenfreno hay un estudio con oficio real.
El problema es que esa fórmula no está pensada para sostenerse en las dosis en las que se sirve. La estructura repetitiva entre capítulo de víctima y capítulo de investigación se agota mucho antes de que el juego termine, y el humor sexual explícito, aunque efectivo en las primeras dosis, pierde fuerza a base de repetirse casi sin variación durante toda la aventura. A esto se suma una narrativa que, más allá del gancho inicial, no desarrolla del todo sus ideas más interesantes, dejando la sensación de una historia que apuesta todo a la provocación y muy poco a la coherencia temática. The Skin Stapler recomendable para quien disfrute del horror-humor sin pretensiones y tenga tolerancia alta al humor grosero, especialmente dado su precio reducido, pero difícilmente convencerá a quien busque algo más que una sucesión de chistes y muertes anunciadas.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.