![[Análisis] Kernel Hearts [Análisis] Kernel Hearts](https://gaminguardian.com/wp-content/uploads/2024/10/Kernel-Hearts-jpg-1-jpg.webp)

El fin del mundo nunca había tenido tanto estilo. La premisa de combinar el apocalipsis bíblico, la estética de las chicas mágicas (Magical Girls) del anime clásico y un sistema de juego que bebe a partes iguales de la acción de Devil May Cry y la estructura roguelite de Hades suena a auténtica locura. El estudio argentino Ephemera Games ha decidido que su título debut sea exactamente eso. Kernel Hearts nos pone en la piel de un escuadrón de élite diseñado para escalar la mítica Torre de Babel, aniquilar a las huestes celestiales y, literalmente, matar a Dios para salvar los últimos vestigios de la humanidad.
Es un cóctel ambicioso que, sobre el papel, tiene todos los ingredientes para convertirse en un éxito rotundo. Sin embargo, su ejecución es un arma de doble filo que polarizará a los jugadores. Por un lado, ofrece un soplo de aire fresco en el diseño de niveles y combates vibrantes contra jefes; por otro, arrastra decisiones de diseño cuestionables, un plataformeo frustrante y una meta-progresión desesperantemente lenta. Hemos analizado la versión de Nintendo Switch 2, una plataforma que se antoja ideal para su enfoque cooperativo y sus incursiones rápidas, para comprobar si esta rebelión celestial merece verdaderamente nuestro tiempo o si, por el contrario, acaba sucumbiendo a sus propios pecados de diseño.
La caída de la humanidad y el Proyecto MAHOU
El trasfondo narrativo de Kernel Hearts es sorprendentemente oscuro y melancólico, contrastando con el colorido diseño de sus protagonistas. Tras la carrera espacial de los años 60, comenzaron a nacer niñas con ojos amarillos brillantes y poderes sobrenaturales. Los gobiernos las convirtieron en armas de guerra a través del Proyecto MAHOU, creando copias de seguridad de sus memorias tras cada muerte en combate. Años después, la humanidad ha colapsado. Una estructura colosal, la Torre de Babel, ha emergido emitiendo una lluvia de ceniza constante que borra lentamente los recuerdos de los escasos supervivientes. Los ángeles, lejos de ser salvadores, son los verdugos finales.

Nosotros controlamos a la Unidad MAHOU, compuesta por cuatro heroínas con trasfondos muy marcados. Fernet, la determinada líder argentina armada con un sable; Spika, la estoica guerrera japonesa de la katana; Laika, la irónica soldado rusa que blande una espada de cien kilos llamada Damocles; y Dolce, una glamurosa diva italiana. Aunque en ocasiones rozan el estereotipo, desprenden carisma.
El problema radica en cómo se cuenta esta historia. Kernel Hearts dosifica su narrativa en fragmentos minúsculos. Entre cada incursión, regresaremos al Laboratorio (nuestro nexo), donde podremos charlar y forjar vínculos sociales con nuestras compañeras y los escasos habitantes de Babel mediante un sistema de regalos. Para algunos jugadores, estas interacciones profundizarán el apego hacia el escuadrón; para otros, se sentirán como un freno innecesario y tedioso que interrumpe la acción para ofrecer diálogos insustanciales.

Arenas abiertas y la presión del Medidor de Pecado
Donde Kernel Hearts rompe verdaderamente los esquemas del género roguelite es en su diseño de niveles. En lugar de encadenar pequeñas habitaciones cerradas llenas de enemigos (la clásica fórmula de Hades o Dead Cells), el juego nos suelta en arenas abiertas gigantescas. La primera zona, por ejemplo, recuerda a la amplitud de la campiña de un juego de aventuras clásico. Eres libre de explorar a tu ritmo, decidiendo qué combates asumir y cuáles ignorar. Puedes buscar cofres, cazar cometas reliquia que caen del cielo para obtener potenciadores pasivos, o encontrar flores ocultas que abren zonas secretas.

Esta libertad es un soplo de aire fresco, pero viene con un grillete: el Medidor de Pecado. Se trata de un temporizador en pantalla que se va llenando inexorablemente mientras exploras. A medida que sube, los enemigos se vuelven más duros, y si alcanza el 100%, el temible Ángel del Cielo descenderá para aniquilarte, poniendo fin a tu partida. Esta mecánica genera una tensión constante que te obliga a ser eficiente, pero también arruina la experiencia de aquellos que disfrutan explorando cada rincón. El juego te castiga por ser minucioso, empujándote a correr hacia el jefe del nivel (accesible a través de un portal azul) antes de estar verdaderamente preparado.
A esto se le suma un diseño de plataformas muy deficiente en ciertas zonas de la torre. El salto contra la pared es tosco, impreciso y falla más de lo que debería, convirtiendo las secciones de escalada en un auténtico suplicio que rompe la fluidez que exige el cronómetro del Medidor de Pecado.

Combos, esquivas y transformaciones
En el terreno del combate, Kernel Hearts toma nota de gigantes como Devil May Cry. Tienes ataques ligeros, pesados, lanzamientos aéreos y habilidades mágicas sujetas a tiempos de recarga. Un gran acierto de accesibilidad es que los combos disponibles aparecen en la parte izquierda de la interfaz y se iluminan a medida que pulsas los botones, lo que permite a los novatos encadenar golpes sin sentirse abrumados. Además, la ventana de invulnerabilidad al esquivar es muy generosa, recompensando las esquivas perfectas con un tiempo ralentizado (Tiempo Brujo) al más puro estilo Bayonetta o NieR: Automata.

El clímax del combate llega con la transformación. Al canalizar el poder de la torre, tu personaje adopta su verdadera forma de chica mágica por un breve período, lanzando ataques devastadores en área y volviéndose invencible. Es un recurso espectacular que puede salvarte de una muerte segura contra los desafiantes jefes finales de cada dominio (como Gabriel o Tseraf), cuyos patrones de ataque están excelentemente diseñados y telegrafiados.
Sin embargo, el combate de Kernel Hearts no está exento de pecados. Frente a enemigos comunes, la acción tiende a degenerar en un simple «machacabotones» carente de profundidad. Los hitboxes son a veces dudosos, y la dificultad sufre picos absurdos a partir del tercer bioma. Jugar en dificultad Normal es un reto considerable, pero pasar al modo Pecador encarece tanto las mejoras que arruina la viabilidad de probar distintas configuraciones.

La versión de Switch 2: Cooperativo y claroscuros audiovisuales
Nintendo Switch 2 se perfila como un escenario fantástico para la propuesta de Kernel Hearts, especialmente por su modo cooperativo para hasta cuatro jugadores. Compartir recursos y repartirse el mapa para optimizar el tiempo antes de que se llene el Medidor de Pecado añade una capa táctica genial a las partidas en el sofá o en línea. Lamentablemente, a nivel visual, el juego es una de cal y otra de arena.

Mientras que las cinemáticas iniciales, los retratos en 2D de estilo anime y los menús son preciosos, los gráficos 3D durante la partida (in-game) resultan sorprendentemente genéricos y parcos en detalles. Los escenarios se sienten vacíos y el diseño de los enemigos comunes peca de falta de inspiración, recordando a títulos de hace un par de generaciones. Afortunadamente, esta simplicidad poligonal permite que la consola de Nintendo mueva la frenética acción sin despeinarse, manteniendo una fluidez encomiable incluso cuando la pantalla se llena de efectos mágicos y cuatro jugadoras desatando el caos simultáneamente.
El apartado sonoro de Kernel Hearts, por el contrario, es redondo. La banda sonora mezcla melodías relajantes estilo lo-fi con guitarras vibrantes que acompañan a la perfección la melancolía del fin del mundo, siendo uno de los puntos más unánimemente brillantes de toda la obra. Por último, cabe destacar el sistema de meta-progresión en el sistema MAHOU.OS. Entre intentos, podrás instalar hasta 256 KB de chips para personalizar a tus heroínas. Es un sistema profundo y muy personalizable, pero sus primeras horas son agonizantemente lentas, requiriendo un grindeo excesivo de recursos antes de que notes una mejora real en tu poder.

Conclusión
Kernel Hearts es una rareza valiente que mezcla conceptos que no deberían funcionar juntos, pero que de alguna manera logran sostenerse. Su enfoque de arenas abiertas en el género roguelite, sumado a unos excelentes combates contra jefes y un cooperativo a cuatro jugadores muy divertido, lo convierten en una opción atractiva para los amantes de la acción y la estética anime. En Nintendo Switch 2 rinde con soltura, beneficiándose enormemente de la portabilidad para sus partidas estructuradas por niveles. Sin embargo, no todo brilla en la cima de Babel. Un temporizador estresante que arruina la exploración, un plataformeo impreciso, gráficos 3D genéricos y una progresión inicial frustrantemente lenta le impiden alcanzar la gloria celestial. Es un diamante en bruto que enamorará a quienes busquen estilo y buenas vibraciones, pero que frustrará a los puristas del diseño exigente.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.