Son muchos los que ya han denominado a esta como la generación de los remakes, y es que, es un hecho que la nostalgia suele vender muy bien, siempre y cuando el producto del precio sea aceptable. ¿Cuál es el título venido del pasado que nos ocupa hoy? Nada menos que una de las joyas de Capcom de comienzos del siglo XI, Onimusha Warlords, el primero de los cuatro títulos (Onimusha: Warlords, Onimusha 2: Samurai’s Destiny, Onimusha 3: Demon Siege y Onimusha: Dawn of Dreams) que componen la trama principal de las aventuras de samuráis contra demonios.
Aunque conozco la franquicia, confieso que este es mi primer acercamiento a ella, o bueno, en cierto modo… Realmente nunca he jugado, aunque realicé un trabajo junto a dos compañeras sobre la representación de la figura de Oda Nobunaga en el entretenimiento, donde por supuesto, Onimusha debía ser uno de los grandes presentes. Sería fantástico hablaros en profundidad sobre la controvertida historia del primero de los tres unificadores de Japón como lo conocemos a día de hoy, aunque eso quedará para una ocasión futura. Sin más dilación, ¿comenzamos?
Historia
La historia nos transporta al Japón del Período Sengoku, que abarca desde la mitad del siglo XV al XVI, y que es recordado en gran medida por ser el período más belicoso de la historia nipona, unos años convulsos de guerras constantes entre clanes por hacerse con el control del país. Oda Nobunaga fue un daimyo cuyos dominios se limitaban a la provincia de Owari, aunque (señores feudales) destacó sobre el resto haciéndose con el control de aproximadamente un tercio del territorio antes de morir, debiendo confiarle la unificación a Hideyoshi e Ieyasu.

Onimusha Warlords nos lleva a controlar a Akechi Samanosuke, personaje basado en el samurái Akechi Mitsuhide, general de Nobunaga que termina por traicionarlo llevándole a cometer seppuku/harakiri.
Ante la reciente aparición de monstruos, la princesa Yuki escribe una carta a su primero Samanosuke implorando su ayuda, por lo que este parte hacia el castillo de Inabayama acompañada de su hábil amiga Kaede. Aunque Samanosuke da pronto con la princesa, un demonio la rapta y derrota fácilmente a nuestro protagonista, que carece del poder necesario para combatir a esta raza superior, al menos, hasta que los oni (que no parecen estar en muy buenos términos con los demonios) se presentan ante este para cederle un guantelete capaz de absorber las almas de estos seres demoniacos.
Con esta habilidad adquirida, el joven e intrépido guerrero se dispone a emprender su viaje para dar caza al gigantesco engendro que se ha llevado a la princesa. Por el camino, Samanosuke se entera de que Oda Nobunaga ha muerto en la batalla y ha sido resucitado por los demonios… Sin entrar en muchos más detalles, la cosa no pinta nada bien.

Jugabilidad
El sistema de juego de Onimusha Warlords es bastante básico. Samanosuke utiliza armas de filo para pelear, en principio una katana, aunque el repertorio se ampliará con un par de armas cuerpo a cuerpo y dos a distancia. Hay un solo ataque normal y otro que utiliza el arma imbuida con el poder de un elemento para asestar un duro golpe al contrario (por supuesto, haciendo uso de parte de nuestro maná). Más allá de lo comentado, puedes defenderte y hacer un par de movimientos combinados con el botón de cubrirse.
Aquí hago un inciso para destacar el añadido de un control analógico, ya que al menos en su versión de PlayStation 2, el título nos obligaba a mover al personaje con la cruceta. Aunque en su día esto pudiese ser habitual, hoy en día sería tremendamente incómodo y ortopédico tener que disfrutar de un juego de acción como este sin poder andar girando a Samanosuke y Kaede al andar, limitándonos únicamente a arriba, abajo, izquierda y derecha.

Durante nuestros combates con demonios (es decir, el 90% de las ocasiones) estos soltarán unas almas en formas de orbe con diferentes colores, que es altamente recomendado absorber con nuestro guantelete mágico. Las rojas son básicamente la experiencia/moneda del juego, que permite mejorar nuestras armas (evolucionando y modificándose su forma) y los poderes elementales de rayo, fuego y viento, que son necesarios para desbloquear puertas.
Ojo, no penséis que todo en el título se reduce meramente a la acción pura y dura, y es que, si hay algo que Onimusha Warlords hace bien, es intercalar estos momentos con los rompecabezas, que están muy presentes. Aunque grosso modo son medianamente accesibles en cuanto a su dificultad, hay una parte en concreto (los que hayan jugado sabrán de qué hablo) con varios puzles seguidos en compañía de Kaede, que no permite guardar hasta solventar todos ellos, por lo que fallar supone hacer todos de nuevo. De todas formas, no os preocupéis, seguramente los haréis bien o, al menos, todos menos el último.
Hay algunos momentos en los cuales pasamos de controlar a Kaede, algo que se agradece ya que la jugabilidad cambia entre Samanosuke y ella. Nuestra ninja tiene un abanico de movimientos más ágiles, pudiendo incluso saltar por encima del enemigo para posicionarse a su espalda, así como poder hacer uso de unos kunais como arma a distancia. Aún así, es muy posible que sintáis el irremediable deseo de evitar todas aquellas peleas que sean innecesarias, puesto que los golpes de Kaede son algo más débiles, además de no disponer de los poderes elementales, y por si fuese poco, los demonios no dejan caer almas, por lo que no vamos a ganar experiencia alguna, y gastar objetos curativos por gastar… bueno, no se antoja como la mejor de las elecciones.

Aunque posiblemente muchos nos hayamos ya acostumbrado a las bondades del autoguardado en los videojuegos, Onimusha Warlords solamente da la posibilidad de salvar nuestra partida en unos elementos concretos, los Tōrō (linternas japonesas de piedra), que igualmente dan la opción de mejorar usando los orbes rojos que hayamos atesorado.
El juego tiene una duración aproximada de cuatro horas, quizás incluso menos, siendo este uno de sus puntos más flacos, y tristemente, tampoco es que una vez completado invite mucho a la rejugabilidad más allá de conseguir algún traje extra. Si deseáis alargar un poco la experiencia, podéis haceros con todas las Fluoritas repartidas por el juego o combatir a capa y espada en la Zona Oscura.
Gráficos y sonido
El apartado visual ha mejorado gracias a esta remasterización, que nos ofrece una resolución de 1080p y una tasa de 60 frames estables. Probablemente ya lo habréis podido ver en alguna comparativa, pero esta versión ha ganado bastante en cuanto a nitidez se refiere, tanto en los personajes como los elementos en pantalla, y por supuesto, en los fondos prerrenderizados que ya aparecían en el original (aunque esos hermosos pixeles siguen ahí).

Igual estoy siendo exigente, pero, aunque la mejora gráfica existe, creo que el paso del tiempo no puede maquillarse y el acabado lo deja claro, se que estamos ante un remaster, por lo que difícilmente puedo pedir un pulido al nivel de las joyas de Activision, Spyro Reignited Trilogy y Crash Bandicoot N. Sane Trilogy, no obstante, pienso que le habría hecho mucha más justicia un remake que una remasterización (algo que no se antoja descabellado viendo el resultado en el remake de Resident Evil 2). Hablando de Resident Evil 2, aprovecho para añadir que esperéis una cámara fija al más puro estilo de ese juego, ya que al igual que en el original se mantiene vigente.
Por otro lado, la banda sonora original ha desaparecido para dejar paso a una completamente nueva, algo que seguramente disgustará a unos y agradará a otros. Por mi parte diré que a pesar de no haber podido escuchar la del título de 2001, el acompañamiento instrumental de los más de 20 temas que componen esta versión de Onimusha Warlords, me parecen más que destacables. El compositor elegido para la creación ha sido Rei Kondoh, conocido entre otras cosas por sus sobresalientes trabajos en bandas sonoras de franquicias de renombre como Fire Emblem y Bayonetta, sin olvidar su participación en Ōkami.
Reseñable también el contar con una opción dual que permite escoger entre voces e inglés y japonés, ya que, aunque el doblaje no sea demasiado brillante, me parecería tremendamente absurdo jugar a un título ambientado en el Japón feudal controlando a un samurái incapaz de hablar en japonés. Por primera vez, además, se incluye algo que muchos consideran vital a la hora de comprar un juego, y es la inclusión de textos en castellano.

Conclusión
Onimusha Warlords está de vuelta 18 años después para ofrecernos una experiencia tremendamente satisfactoria en su mezcolanza de acción y puzles, con una mejora en los controles y un mayor pulido en su apartado audiovisual, gracias a la remasterización de los gráficos y su renovada banda sonora.
No obstante, hay que asumir que el tiempo pasa para todos y pese a los añadidos y cambios, los años pesan en Onimusha Warlords. La sencillez en su jugabilidad, el movimiento de la cámara, los gráficos que, aunque mejoren, no ocultan que el título ha quedado desfasado para los estándares actuales por muy remasterizado que haya sido. Aunque se que igualmente suele haber siempre cierta controversia con el tema de la duración en los videojuegos, que un título de acción pueda pasarse fácilmente en cuatro horas, creo que tampoco juega demasiado a su favor.

La experiencia sigue siendo altamente recomendable, al menos, yo he disfrutado enormemente con lo que Onimusha Warlords me ha ofrecido. Sin embargo, soy incapaz de librarme de esa sensación que me hace pensar que un remake habría sido una opción mucho más favorable, aunque ya sabéis el dicho: “A falta de pan, buenas son tortas”.
Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.