De la mano de la ya famosa desarrolladora Ratalaika Games nos llega Milo’s Quest, una aventura en la que acompañaremos a Milo, un perro de lo más simpático, en una inesperada misión. Estamos ante un juego de desarrollo 2D que bebe de fuentes tan bien planteadas y famosas como la saga Zelda.
¿Consigue Milo’s Quest ser una propuesta lo suficientemente divertida para contentar y entretener a todos los públicos? Acompañadnos en nuestro análisis para averiguarlo.
Un viaje menos épico de lo que pudiéramos esperar
Nada más empezar el juego tendremos que configurar las opciones de personalización para nuestra partida. Estas opciones afectarán a la dificultad de de la aventura en general, pudiendo elegir desactivar los puzzles o facilitarnos el combate. Os recomiendo jugar con los puzzles activados, pues son puzzles muy sencillitos e intuitivos basados en el movimiento de objetos.
Nuestro viaje comienza cuando Milo, «un buen perro» encuentra un hueso especial en uno de sus paseos, liberando así al Rey Calavera. Pero Milo no va a amedrentarse ante reyes y fantasmas, por lo que empezará un periplo con el fin de… bueno… pues de derrotar al Rey Calavera. Y no hay mucho más.

En cuanto a su apartado jugable, como bien he dicho, estamos ante una aventura en 2D con un punto de vista cenital, parecido a lo que ya hemos visto en famosas franquicias como la saga Zelda. Al principio Milo podrá hacer poco más que moverse de un lado a otro, pero pronto adquiriremos la primera de las reliquias del juego, que nos permitirá embestir a nuestros enemigos para acabar con ellos.
Si en algún momento morimos (agotándose todos nuestros corazones) apareceremos al inicio de esa misma pantalla, pero perderemos la mitad de nuestros huesos. Hay que destacar que en el nivel más alto de dificultad nuestras vidas son limitadas, pudiendo ganar más si acumulamos huesos.

La reducción a lo simple
Y hablando de enemigos, posiblemente estemos ante uno de los bestiarios más reducidos que he visto en mi vida, existen tres o cuatro tipos de fantasmas, los enemigos básicos, con comportamientos diferentes entre sí. Una de estas especies de fantasma simplemente nos mira y se para en un sitio, haciendo daño por contacto. Otro embestirá contra nosotros mientras que otro podrá lanzarnos pequeños proyectiles mágicos.
En los jefes finales veremos un poquito más de variedad, aunque todos se basan en esperar el momento adecuado para atacar a alguna de sus partes vulnerables. Nada del otro mundo.
Por otro lado, Milo’s Quest cuenta con un único coleccionable: los huesos, ¿no os lo veíais venir eh?. Con los huesos podremos comprar más vida o más energía en determinados puntos del mapa, pero servirán únicamente para eso. También encontraremos llaves doradas y plateadas que nos servirán para abrir nuevas áreas o cofres del tesoro que contienen… lo habéis adivinado… unos cuantos huesos. Encontraremos, de vez en cuando, alguna nueva reliquia, pero pocas serán realmente tan útiles como el Casco (para embestir) o los Guantes (para mover objetos).


Apartado gráfico y sonoro
El apartado artístico del juego puede recordar a algunas de las clásicas recreativas arcade, simplificando los gráficos hasta un pixel art que, dicho sea de paso, no es nada del otro mundo. En pantalla se mostrará algún efecto más simpático o resultón, como algunas magias o el efecto de lluvia por ejemplo, pero no estamos ante nada ni remotamente parecido a gráficos tan maravillosos como Octopath Traveler, una maravilla en el uso del pixel art.
La banda sonora, por su parte, es simpática y divertida, pero sin ninguna pretensión más allá de eso. Estamos ante composiciones que una vez más nos recuerdan a la época recreativa, con tonadas simples y machaconas pero efectistas, consiguiendo acompañar al tono del juego de manera aceptable.

Conclusión
Si tuviera que definir con una palabra Milo’s Quest esta sería sencillo. El argumento que nos plantea es tan sencillo que básicamente es inexistente y sucede lo mismo con sus mecánicas o su desarrollo.
¿Pero esto es algo bueno o es algo malo? Pues ninguna pregunta suele ser tan sencilla de contestar. Si estáis preguntándoos si este juego puede saciar vuestra sed de aventuras pero tenéis más de 4 o 5 años mi respuesta es un rotundo NO. Sin embargo, Milo’s Quest si que puede ser una buena opción para los más pequeños de la casa, que con una temprana edad de 3-4 años quieran iniciarse en algo sencillo e intuitivo. Sin embargo tened en cuenta una cosa, si vais a regalar este juego a alguien de esas edades echadle un cable, pues los puzles pueden resultar imposibles para alguien de tan corta edad, a pesar de ser algo realmente básico en manos de cualquiera un poco más crecidito. Y si no, siempre podéis desactivar los puzles al empezar la partida, realmente pueden ser el único escollo jugable para alguien de esa edad.
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