Las profundidades del océano han sido, son y serán, inspiración para autores de ficción de todo tipo. Desde el principio de los tiempos, en cada mitología, encontramos monstruos de toda índole que habitan en las oscuras aguas del mar, el Kraken o Leviatán, son dos ejemplos claros. Platón ya mencionaba en uno de sus textos una ciudad sumergida en el lecho marino, la Atlántida. ¿Os suena el Triángulo de las Bermudas? La literatura tampoco se quedó atrás. Julio Verne mostró una imagen muy clara del fondo marino a través de su descriptiva prosa en Veinte mil leguas de viaje submarino. H.P. Lovecraft nos aterrorizó con la idea de que un ser alienígena con el poder de un dios llegó a nuestro mundo y se ocultó en las profundidades del Pacífico, esperando el momento para despertar y apoderarse de nuestro planeta. En el cine, además de adaptaciones de multitud de mitos y novelas, hemos podido disfrutar de un sinfín de películas tratando el tema, desde Tiburón de Steven Spielberg a La Sirenita de Disney. Por supuesto, los videojuegos no iban a ser menos. Subnautica nos deja a la deriva, a merced del oleaje, y nuestro cometido será sobrevivir en terreno no firme. Pero no todo es terror en las aguas más profundas, Abzû nos viene a enseñar la majestuosidad y preciosismo del entorno marino.
Fantaseamos con lo desconocido, la curiosidad es una de las principales características del ser humano. El oscuro y tenebroso fondo del océano nos aterra y nos fascina a partes iguales. Cada año se descubren nuevas especies de animales marinos, si esto sigue pasando es porque aun a día de hoy, la inmensidad de las profundidades del gran azul sigue siendo desconocida.
Narcosis
Honor Code quiere que vivamos en nuestra propia piel —a través del mando o ratón— una odisea submarina donde nuestros mayores miedos se harán palpables. El título en primera persona con toques de survival horror, Narcosis, salió a la venta hace ya más de un año en PC, poco después en Xbox One y el pasado 24 de julio en PlayStation 4. Es esta última versión la que hemos tenido la oportunidad de probar, síguenos a las profundidades del océano y piérdete en sus aguas más oscuras.

Narcosis nos pone en la piel de un experto buzo en la instalación submarina situada a más profundidad y avanzada —a la vez arriesgada— del mundo. No pasarán muchos minutos hasta que seamos testigos de como un tremendo maremoto sacude la estación provocando graves daños. A partir de este punto, estaremos aparentemente solos en las derruidas instalaciones y no tendremos más remedio que buscar una vía de escape lo antes posible. Una premisa, aparentemente simple, pero que hurga en varios de los miedos más profundos del ser humano, la oscuridad, la soledad, lo desconocido, la muerte… Si esto no fuera suficientemente, tendremos que sobrellevar la narcosis que nos producirá el continuo consumo de botellas de oxígeno que necesitaremos continuamente para respirar. La narcosis se produce en el submarinismo al consumir cantidades innecesarias de nitrógeno, que se encuentra en abundancia en estas botellas. Los efectos que produce este gas en exceso, aunque inofensivo, son los mismos que un gas anestésico, sensación de tranquilidad, dificultad de concentración, pérdida del sentido del peligro y finalmente la inconsciencia. Algunos estudios comparan este estado con el haber tomado unos martinis de más, dándole el nombre de «borrachera de las profundidades». Pues serán estos síntomas los que introduzcan el factor surreal en la experiencia. Veremos cosas que no están, sucesos irreales, o al menos eso creemos…
Ataúd Submarino
Armados solo con un cuchillo y unas pocas bengalas tendremos que hacer frente a violentas criaturas marinas mediante un sistema de combate muy tosco e impreciso. Y como es tendencia en el género survival horror, de poco valdrán nuestros recursos contra seres que nos superan en poderío y que nos arrebatarán la vida de un único golpe. El enfrentamiento directo en estos casos no es una opción. La única forma de escapar con vida en estas situaciones será la de esquivar a los enemigos, ya sea pasando por su vera muy rápido —estrategia que a veces funciona y otras tantas no—, escogiendo caminos alternativos o haciendo uso de nuestras bengalas que irradiarán una potente luz que los confundirá y distraerá. Tanto encontrarnos con enemigos como con compañeros de la estación muertos nos hará hiperventilar, acción que aumenta ferozmente el consumo de oxígeno. La ansiedad y el miedo del protagonista se trasladan al jugador al ver como el medidor de aire disminuye y no avistamos ninguna botella de oxígeno cerca.
A esto le sumamos que el movimiento del personaje es lento. Muy lento. Y con razón, ya que el traje de buzo del protagonista, preparado para tan bajas profundidades, pesa más de cien kilos. Lo notamos en cada salto, en cada pisada, el peso de nuestro armazón nos recordará en cada momento en la situación en la que nos encontramos. El protagonista no podrá saltar por si mismo, pero sí logrará hacerlo mediante unos propulsores que le elevarán durante unos segundos. El motor de estos propulsores necesita enfriarse después de cada acción, por lo que deberemos ser pacientes si no queremos caer en el abismo en algunas de las zonas más escarpadas del escenario.

Bajo el mar
A lo largo de nuestras peripecias también afrontaremos puzles que darán variedad a un conjunto en su base repetitivo. Estos estarán compuestos principalmente por botones que tendremos que buscar y pulsar en un orden correcto, nada del otro mundo, nada elaborado, pero en situaciones específicas muy tediosos de hacer por culpa del pausado desplazamiento del personaje, la casi total oscuridad que nos rodeará y los enemigos que son más un estorbo que un desafío.
El apartado técnico del juego es muy inferior a la alta calidad de los últimos lanzamientos que hemos visto en el sector, algo que tampoco me sorprende debido a que el juego está desarrollado en Unity, un motor muy útil para desarrolladores más novatos pero que a estas alturas se puede quedar corto. Artísticamente, es algo mejor, pero debido a la oscuridad del título no logra explotar la belleza del lecho marino.
En lo que al sonido respecta, cabe a destacar la gran actuación de voz del protagonista que actuará como narrador respondiendo a una serie de preguntas realizadas por una mujer interesada en el suceso. La música acompaña al ambiente opresivo y claustrofóbico del juego, sin embargo, no logra transmitir mucho más. He de mencionar que el juego está localizado al castellano en todos sus textos, un trabajo de agradecer para una producción independiente.

Conclusión
Narcosis consigue una buena atmósfera pero que en ningún momento nos dará miedo, solo conseguirá sobresaltarnos con recursos jump scare de los que afortunadamente no abusa. La historia nos enganchará en su comienzo, luego perderemos el interés hasta cierto momento álgido y decaerá de nuevo. Su sistema de combate y sus puzles tampoco están a la altura de títulos del mismo género. Finalmente, Narcosis no consigue proclamarse como un juego notable por multitud de errores que detectamos en él. Tal vez la experiencia mejore con periféricos de realidad virtual a los que da soporte, pero dudo que mucho más de lo que es en su base.
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Antonio GallardoOct 30, 2024One thought on “[Análisis] Narcosis”
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Una pena que el juego no termine de cuajar, con lo que me gustan los títulos de terror y la curiosidad que me despierta todo lo relacionado con las criaturas del fondo marino 🙁