borderlands 4 box
Fecha de Lanzamiento
11/09/2025
Distribuidora
2K
Plataformas
PlayStation 5, Xbox Series y PC
Versión analizada
Xbox Series X

Borderlands 4 se plantea como el momento de redención de una franquicia que, tras un tercer episodio con recepción desigual, necesitaba reencontrar el pulso entre la sátira desbordada, el diseño de looteo inteligente y una dirección artística capaz de sostener mundos que invitan a quedarse más allá del gag inmediato. En lugar de perseguir la hipérbole constante, Gearbox afina la propuesta: refuerza la coherencia del universo, reordena prioridades de diseño y eleva la movilidad a un lugar protagonista para que el combate gane capas tácticas sin perder la efervescencia que define a la serie. El cambio no es rupturista, es de enfoque: menos dispersión espacial y tonal, más densidad sistémica y un loop de exploración–combate–botín que premia la experimentación tanto en solitario como en cooperativo, con mejoras de calidad de vida que por fin se sienten integradas en lugar de añadidas.

La decisión de armar un mundo abierto unificado en Kairos sustituye el salto planetario de la entrega anterior por una cartografía amplia pero legible, con biomas diferenciados que actúan como placas tectónicas de diseño: verticalidad marcada, rutas de flanqueo, hubs que dinamizan el viaje rápido y actividades endgame que reconfiguran encuentros para sostener la longevidad del equipo y las builds avanzadas. La modernización no se limita al mapeado: el arsenal muta con el sistema de partes licenciadas, y la ranura de artillería redefine el rol del explosivo/arma pesada para agilizar la toma de decisiones durante el tiroteo. Todo ello se enmarca en una presentación técnica notable en Unreal Engine 5, con mejoras sustanciales en iluminación, partículas y nitidez del cel-shading, aunque con reportes de stutter en PC que requieren parches, mientras consolas se mantienen más estables en modo rendimiento.

El resultado es un Borderlands más adulto en el fondo sin abandonar la carcajada, donde el humor deja de tapar a los personajes y pasa a apuntalar sus conflictos, y donde la escritura deja respirar a secundarios y antagonistas para recuperar ese cruce entre sátira y pathos que muchos identificaron como el “punto dulce” de Borderlands 2. No todo brilla: la hipertrofia de coleccionables y actividades puede saturar a quienes buscan rutas más curadas, y hay jefes que alargan la fase de daño más de la cuenta, pero el conjunto vuelve a sentirse exigente, expresivo y, sobre todo, divertido minuto a minuto

 

Historia

La campaña transcurre en Kairos seis años después del colapso del velo que lo ocultaba: una luna irrumpió en su órbita, fragmentó el cielo y dejó el planeta cicatrizado. Ese trauma originó una nueva hegemonía: el Cronoguardián, autócrata que usa pernos de control en el cuello de la población y una burocracia militarizada, la Orden, para congelar el libre albedrío. La resistencia nace desde los márgenes, con células y una fauna de secundarios que alterna descaro y vulnerabilidad, incluyendo un Claptrap dosificado que esta vez suma en vez de saturar. La estructura por capítulos y regiones permite que cada bioma funcione como vector de lore y mecánicas: la catástrofe temporal se lee en la geografía, en la economía y en el diseño de misiones. Sin spoilers: el antagonista funciona porque no compite en volumen, sino en inquietud. El Cronoguardián cuestiona al propio buscacámaras —esa rueda infinita de saquear y matar— y su poder temporal se traduce en fases con rebobinados, inversiones de cooldown y ralentizaciones que atacan nuestra zona de confort. Como contrapunto terrenal, Callis encarna el miedo y la cooptación de los de abajo; hubiera agradecido más presencia en el tramo final. El ritmo general evita el shock value fácil y prefiere que los picos emocionales emerjan del conflicto y no del guiño. Cierra bien, y conecta con un endgame que remezcla arenas y contratos con modificadores, escalando reto y botín sin exigir formatos de servicio.

 

Jugabilidad

Aquí está la gran victoria. La movilidad de Borderlands 4 no es un añadido cosmético, es el eje que reordena el combate. Doble salto con timing generoso, dash aéreo que cancela animaciones sin romper la legibilidad, planeo que administra la caída, gancho con dos usos y hover-pack para sostener ventanas de DPS desde arriba. La suma abre un espacio táctico donde el posicionamiento ya no es solo cobertura: es dominar el eje Z para separar oleadas, cortar líneas de visión, encadenar control de masas y rematar con burst a distancia o melé pesada. El control responde; el juego permite deslizarte, disparar, curarte y reposicionarte sin fricción. El diseño de arenas acompaña: más alturas, asideros marcados, columnas con zonas de destrucción parcial y plataformas que obligan a pensar en rutas de entrada y salida. Los jefes apuestan por patrones legibles con capas—zonas de daño en área, adds que presionan roles de soporte, fases que exigen usar el gancho o leer señales de rebobinado temporal. Hay excepciones: alguno estira la fase invulnerable más de lo deseable, sobre todo en solo. La IA sube un peldaño: flanqueos básicos, escudos de empuje, llamadas a refuerzos, sin ser un prodigio, pero suficientes para que el caos tenga contrapunto. En cooperativo, el baile táctico luce más: builds que se retroalimentan, ultimates encadenadas, control de masas y burst coordinado; el ritmo brilla cuando el grupo asume la verticalidad como lenguaje común.

 

Progresión, builds y endgame

El ADN de la saga late en el botín, pero Borderlands 4 le pone cerebro. El sistema de partes licenciadas para armas convierte al viejo eslogan en algo tangible: un fusil Dahl con recámara de Torgue y cañón Maliwan ya no es puro flavor; altera cadencia, elemento, proyectil, retroceso y sinergias de perk. Ese nivel de granularidad reduce el azar, permite perseguir componentes concretos y hace que la comparación rápida del HUD tenga sentido sin matar la experimentación. La nueva ranura de artillería simplifica la gestión del explosivo/arma pesada: miniguns portátiles, lanzamisiles de slot independiente o granadas según build, y se agradece porque libera las cuatro armas principales para el core loop. Los cuatro buscacámaras están muy diferenciados y, más importante, ofrecen árboles que ramifican hacia tres identidades viables por personaje. Vex, la Sirena, invoca espectros y se bifurca en crítico y drenaje; Amon, el caballero de la forja, mezcla tanque melé con forja elemental en tiempo real (imbuir hielo para ralentizar, fuego para DOT, etc.); Harlowe manipula gravedad y posiciona enemigos y aliados; Rafa despliega exo-gadgets y potencia daño sostenido. Respec barato, mods de clase que activan set bonuses, firmware que da pasivas y mejoras que mutan piezas convierten la artesanía de builds en un metajuego adictivo. La campaña te puede dejar en torno al 30-40; a partir de ahí, modos superiores escalonan dificultad, los modificadores comprados con Eridium remezclan encuentros, y las “mazmorras” opcionales y jefes secretos prueban sinergias al límite. Aplauso por permitir crear al instante nuevos personajes al 30 tras acabar la historia: incentiva probar arquetipos sin grindeo redundante. Crítica: el mapa está hipertrofiado de coleccionables y microactividades ligadas a mejoras de SDU/almacenamiento/munición; entiendo la intención (dar propósito al coleccionable), pero el volumen se siente excesivo y difumina la curaduría del recorrido. Hubiera preferido menos, con más intención.

 

Mundo abierto: estructura y ritmo

Kairos no solo es grande: es legible. Cada región propone un “verbo dominante” (despeje, escalada, incursión, supervivencia) y sugiere builds diferentes. El viaje rápido está bien resuelto, los FOBs se integran como nodos que desbloquean actividades y rutas, y la dificultad se sincroniza por nivel para mantener el desafío razonable mientras exploras. La campaña combina dos mitades: una primera más abierta y de asentamiento del tono y sistemas; una segunda más lineal y setpiecera que pisa el acelerador para cerrar. Funciona: el tramo final encadena estampas, arenas concentradas y plataformeo liviano con buen pulso. El lado menos fino: la insistencia en “marcarlo todo” puede empujar al síndrome de lista, y algún contrato semanal cae en lo repetitivo. El juego, sin embargo, ofrece suficiente contenido con diseño específico (secundarias con identidad, jefes opcionales, zonas secretas) para que, si ignoras el ruido, siempre tengas algo con intención que hacer.

 

Gráficos, rendimiento y sonido

El salto técnico se ve. El cel-shading abandona los contornos gruesos y gana en densidad y limpieza. La iluminación volumétrica realza interiores industriales y atardeceres; las partículas y el gore tienen punch —crits que desintegran, miembros que saltan— sin hipotecar la legibilidad del combate. Las animaciones de recarga, retroceso y recreación de golpes transmiten contundencia. En consolas, el modo rendimiento es el camino: 60 fps estables con sacrificios lógicos en sombras y oclusión; el modo calidad luce más la iluminación, pero no compensa si se juega a alto ritmo.

La banda sonora abraza un tono más épico y atmosférico sin perder la picardía. Cuerdas, percusión densa y texturas electrónicas para las arenas; silencios medidos en sección narrativa; estallidos rítmicos cuando el loot llueve. El diseño de sonido es excelente: armas con timbres propios, feedback de impacto claro, spatial audio que ayuda a priorizar amenazas. El doblaje (sea el idioma que elijas) mantiene un nivel alto; el humor funciona mejor porque no busca el meme fácil, sino la réplica que revela personaje. UI más sobria, readable y con menos fatiga visual.

 

Cooperativo y calidad de vida

Borderlands en compañía es la mejor versión de sí mismo, y aquí está especialmente cuidado: incorporación y salida en caliente, sincronización de progreso con opción de “adoptar” hitos, escalado inteligente para que dos niveles distintos puedan jugar sin romper el reto. La economía se mueve rápido (millones y Eridium; 10% de penalización al morir mantiene la tensión sin ser punitiva), el inventario crece con SDU sin viajes forzados, y repetir jefes/contratos es ágil. Se nota un esfuerzo por reducir fricción: menos idas y venidas a un “hub” único, más gestión in situ.

 

Conclusión

Borderlands 4 no reinventa la rueda, la centra. La decisión de apostar por un solo mundo abierto, una movilidad potente y una artesanía de builds más granular rehace la experiencia sin traicionar su espíritu. La campaña cierra con pulso, el endgame pone vía para cientos de horas, y el minuto a minuto —disparar, moverte, lootear— vuelve a ser un placer táctil y sistémico. Quedan aristas: exceso de marcadores, algún jefe que estira fases, y PC necesita un par de parches más. Pero el balance es inapelable: la saga recupera su “punto dulce” y firma su entrega más completa, expresiva y disfrutable.

Borderlands 4
Sinopsis
Irrumpe en Kairos como uno de los cuatro nuevos buscacámaras por la riqueza y la gloria. Utiliza poderosas habilidades de acción, personaliza tu equipo con profundos árboles de habilidades y domina a tus enemigos con dinámicas habilidades de movimiento. Libérate del opresivo Cronoguardián, un despiadado dictador que domina a las masas desde lo más alto. Ahora, una catástrofe mundial amenaza su perfecto orden y desata el Caos en todo el planeta.
Pros
Sistema de armas con partes licenciadas: personalización con impacto real
Movilidad brillante que convierte la verticalidad en lenguaje de combate
Cooperativo ágil con escalado y sincronización de progreso
Presentación sonora y visual de alto nivel; interfaz más clara
Contras
Mapa sobredimensionado de coleccionables y microtareas
Algunos jefes alargan fases invulnerables y rompen el ritmo
Ciertos contratos semanales caen en lo repetitivo
9
Imprescindible

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.