[Análisis] Demon Tides

[Análisis] Demon Tides

Fecha de Lanzamiento
19/02/2026
Distribuidora
Fabraz
Plataformas
PC
Versión analizada
Steam

Hubo una época, no tan lejana, en la que los plataformas 3D parecían abocados a ser un género de nicho, sostenido únicamente por el indiscutible peso de nuestro fontanero italiano favorito. Sin embargo, la escena independiente ha sido la verdadera responsable de insuflar nueva vida a esta fórmula. Títulos como A Hat in Time demostraron que aún había magia por descubrir. Ahora, el pequeño estudio Fabraz (compuesto por apenas ocho desarrolladores) ha decidido dar un salto mortal hacia adelante. Tras el éxito de su peculiar Demon Turf (2021), abandonan los escenarios contenidos en 2.5D para lanzarse de lleno a un gigantesco mundo abierto en tres dimensiones.

Demon Tides es un proyecto masivo, una obra que mira de tú a tú a titanes como Super Mario Odyssey, prometiendo una libertad inusitada en el género. Y aunque a veces las costuras de la inmensa ambición de un equipo tan pequeño se dejan ver de forma un tanto brusca, lo que han conseguido entregar es una carta de amor al plataformeo más frenético y creativo. Coge tu barco, afina tus pulgares y prepárate para surfear, porque este océano tiene mucha tela que cortar.

 

Una monarca demoníaca con exceso de internet

Demon Tides retoma la historia de Beebz (o Bibbs), la joven y descarada monarca del Demon Turf. Junto a sus inseparables amigos (Lucy, DK y Midgi), Beebz zarpa hacia una nueva región conocida como Ragnar’s Rock. El motivo del viaje es aparentemente inocente: un hombre que asegura ser su verdadero padre, el Rey Ragnar, la ha invitado a una reunión real. Sin embargo, apenas avistan tierra, su barco es destruido y descubren la cruda realidad. Su supuesto padre es un tirano implacable que está contaminando el vasto océano con una agresiva plaga de coral rojo.

Lo que comienza como un viaje en busca de respuestas familiares se convierte rápidamente en una cruzada para derrocar a Ragnar y desactivar su inmenso castillo flotante. Para lograrlo, Beebz deberá recolectar cientos de Engranajes Dorados esparcidos por el mundo para cargar un cañón gigante. Si bien la premisa puede sonar al clásico viaje del héroe de cualquier plataforma de los 90, el guion se desmarca (para bien y para mal) con un sentido del humor extremadamente autoconsciente e irreverente.

Demon Tides abraza por completo la jerga de internet de la Generación Z y el humor absurdo. Las interacciones son constantes, y aunque Beebz se expresa más con bocadillos de texto y unas geniales expresiones faciales de su modelo 3D que con voz actuada, su personalidad de adolescente consentida pero con buen corazón rebosa carisma. No obstante, este enfoque narrativo puede resultar divisivo: para algunos resultará fresco y simpático; para otros, el exceso de jerga como puede causar cierta vergüenza ajena o dar la sensación de que el guion envejecerá terriblemente rápido.

 

Libertad total y coleccionismo naval

La estructura de Demon Tides es, con toda seguridad, su mayor acierto y lo que le otorga su propia identidad. En lugar de seleccionar niveles desde un menú o un área central, el mundo entero es un gigantesco océano navegable estilo The Legend of Zelda: Wind Waker. El mapa se divide en tres grandes áreas repletas de islas, y desde el primer minuto, el juego te suelta la mano. ¿Ves una isla a lo lejos con un volcán? Puedes ir nadando hasta allí transformado en serpiente o anguila marina. ¿Prefieres desviarte hacia una extraña fábrica abandonada? Tienes total libertad para alterar tu orden de juego.

Cada isla funciona como un pequeño parque de atracciones o «cajón de sastre» de mecánicas. El diseño de niveles no tiene miedo a experimentar: en una isla estarás botando sobre setas gigantes, en la siguiente competirás en una autopista invertida en el cielo, y en otra lidiarás con zonas de gravedad cero. Esta variedad garantiza que nunca te aburras; si una mecánica concreta no te convence, no sufras, probablemente no vuelva a aparecer en el resto del juego.

El progreso se basa en la pura exploración. Deberás desbaratar las operaciones de los lugartenientes de Ragnar ocultas en las islas para desbloquear las batallas contra los jefes de zona, además de reunir Engranajes Dorados y encontrar cofres que albergan cosméticos. En este sentido, es aplaudible que todos los peinados, colores y trajes para personalizar a Beebz se desbloqueen jugando, sin micropagos a la vista. Sin embargo, la exploración tiene sus momentos obtusos: el radar a menudo te guía hacia monedas comunes en lugar de hacia los coleccionables importantes, obligándote a dar vueltas de campana en busca de ese interruptor clave escondido en un lugar rebuscado.

 

Movimiento y Amuletos

Donde Demon Tides saca músculo y justifica la compra es en los controles. Beebz cuenta con un arsenal de movimientos apabullante. A las mecánicas tradicionales de correr por paredes, hacer triples saltos o lanzarse en plancha, se suman sus transformaciones instantáneas. Con tocar un botón al vuelo, la pequeña demonio puede convertirse en un murciélago (ganando un doble salto y ataque teledirigido), en una peonza (para flotar y extender la distancia) o en una serpiente.

El flujo de movimiento es exquisito. Enlazar un impulso, saltar de una pared, transformarte en murciélago en el punto más alto del arco y terminar girando como peonza para alcanzar una repisa lejana te hace sentir invencible. Es un sistema diseñado para recompensar la creatividad («plataformeo expresivo», como lo llaman), permitiéndote a menudo romper el diseño del nivel y saltarte secciones enteras si dominas tus herramientas.

Para añadir más profundidad, Demon Tides incluye un sistema de Amuletos o Talismanes (empezamos con dos ranuras y podemos conseguir hasta cinco). Estos modifican tus habilidades: pueden otorgarte más salud, permitirte usar un parapente o incluso alterar el ángulo de tus impulsos. La otra cara de la moneda de este profundo sistema es que la curva de aprendizaje es empinada. Para los novatos, la enorme cantidad de botones y combinaciones puede resultar abrumadora. Como salvavidas, Fabraz ha mantenido la brillante idea de permitirte colocar tu propio punto de control manual casi en cualquier lugar del nivel firme, evitando la frustración de repetir secciones largas por un salto fallido.

 

Combate insulso y peajes técnicos

No todo es un crucero de placer en Ragnar’s Rock, y el juego presenta fisuras evidentes. La primera es el combate contra los enemigos comunes. Nuestros ataques carecen de contundencia y sensación de impacto; parece que golpees en gravedad cero, lo que convierte a los secuaces de Ragnar en simples obstáculos molestos más que en retos divertidos. Con los jefes principales nos hemos llevado una de cal y otra de arena: mientras que algunos combates resultan desafiantes y premian la memorización de patrones con un diseño genial, otros caen en la tediosa rutina de hacerte esperar treinta segundos dando vueltas hasta que el enemigo expone su punto débil.

En el apartado técnico, la ambición de querer ser un mundo abierto enorme le pasa factura a un estudio tan pequeño. Jugando a altas velocidades, el popping (la aparición repentina de texturas y geometría) es agresivo, haciendo que islas enteras aparezcan de la nada frente a ti. Además, hay una extraña desconexión visual entre la fluidez del control y las animaciones de Beebz, que a veces parecen tener un retraso visual. Esto, sumado a una cámara manual que suele atascarse con las paredes y taparte la visión en los peores momentos, genera una sensación ocasional de falta de pulido general.

Afortunadamente, el apartado sonoro entra al rescate para enmascarar estos fallos. Abandonando la clásica música orquestal de los plataformas, Demon Tides apuesta por ritmos de Hip-Hop y Funk compuestos por Fat Bard y el artista 2Mello (conocido por sus trabajos inspirados en Jet Set Radio). La banda sonora es una absoluta genialidad, completamente dinámica y llena de energía, alcanzando su cénit en la última fase de los jefes, donde se incorporan voces y ritmos raperos que disparan la adrenalina a niveles estratosféricos.

 

 

Conclusión

Demon Tides es un plataformas 3D colosal, valiente y desenfadado. Su apuesta por la libertad total estilo Bowser’s Fury y su brillante, aunque complejo, sistema de movimiento transformacional lo convierten en un patio de recreo excepcional. Asimismo, con una duración asombrosa de casi treinta horas para los completistas y un precio de salida de poco más de 24 euros, el valor que ofrece Fabraz es indiscutible.

Sí, es cierto que bebe mucho, quizá demasiado, de sus inspiraciones contemporáneas (especialmente de A Hat in Time), y que sufre de tropiezos técnicos, una cámara rebelde y un combate muy prescindible. El humor podrá gustarte o hacerte rodar los ojos, pero cuando el mando desaparece de tus manos y empiezas a encadenar saltos y transformaciones al ritmo de una de las mejores bandas sonoras del año, todos los problemas pasan a un segundo plano. Un título imprescindible para los veteranos del género, al que solo le faltó un poco de tiempo extra en el horno para ser una obra maestra.

Demon Tides wallpaper
Sinopsis
¡Sigue a Beebz y su tripulación en un viaje de autodescubrimiento mientras viajan por los vastos océanos de Ragnar's Rock en esta vasta aventura de plataformas! Navega por mar abierto y explora cada estructura distante, descubriendo cada rincón y grieta ocultos con un conjunto de movimientos diverso y expresivo. Supera desafíos o encuentra cofres ocultos para recolectar talismanes a lo largo del camino que modifican tus habilidades y te permiten expresarte a través de tu movimiento. ¡Incluso puedes cambiar tu aspecto con una gran cantidad de atuendos que podrás descubrir! ¿Estás listo para conquistar este reino y exponer todos sus misteriosos secretos? ¿O Beebz quedará aplastada por lo que le espera? ¡Sólo una forma de descubrirlo!
Pros
El plataformeo es creativo, rápido y recompensa tu imaginación con el uso de las transformaciones instantáneas de Beebz.
Navegar libremente por el océano y poder afrontar los niveles en cualquier orden es un soplo de aire fresco en el género.
Ritmos que recuerdan a la época dorada de Jet Set Radio; dinámica y enérgica en los combates contra jefes.
Casi 30 horas de juego y sin micropagos; todos los cosméticos de Beebz se desbloquean jugando.
Contras
Presencia de un molesto popping visual, animaciones algo desconectadas y una cámara manual que a menudo te juega malas pasadas.
as peleas contra enemigos normales carecen de impacto o diversión.
A veces, encontrar los Engranajes Dorados o los interruptores obligatorios corta de raíz el buen ritmo del juego.
8
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Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.