
Cuando Granblue Fantasy: Relink llegó en febrero de 2024, sorprendió incluso a los fans más veteranos de la propiedad de Cygames: tras casi ocho años de desarrollo convulso, entregó un ARPG pulido que combinaba un sistema de combate sólido con una aventura sencilla pero entrañable. Su mayor debilidad, sin embargo, siempre estuvo clara: una campaña principal demasiado corta y un endgame que, pese a resultar adictivo para quienes disfrutan del grindeo puro, se sentía repetitivo con el paso de las horas. Endless Ragnarok llega más de dos años después con la intención de resolver precisamente eso, reimaginando el tramo final de Relink en lugar de limitarse a añadir otra región o un puñado de misiones más difíciles.
El resultado es una expansión que entiende perfectamente por qué los jugadores se quedaron con Granblue Fantasy: Relink mucho después de ver los créditos, aunque no logre resolver del todo el otro punto débil histórico de la saga: su narrativa.
Los cielos vuelven a temblar
La historia de Endless Ragnarok arranca justo después de los eventos de la campaña principal, cuando comienzan a abrirse en Zegagrande unos portales hacia una dimensión conocida como La Vorágine, de donde emergen unas criaturas llamadas Ragnalia. La tripulación del Grandcypher se ve obligada a enfrentarse a una amenaza más poderosa e impredecible que cualquier cosa vivida hasta entonces, aunque la forma en la que se cuenta esta nueva amenaza es, sin duda, el aspecto más flojo del conjunto.
En lugar de misiones de historia completas al estilo JRPG, buena parte de la trama se entrega a través de viñetas de memoria breves que se desbloquean tras visitar repetidamente el mostrador de misiones y completar tandas de encargos. Es una decisión comprensible desde el punto de vista del diseño cooperativo, ya que reduce los tiempos muertos entre jugadores que solo quieren pelear juntos, pero también hace que Endless Ragnarok nunca alcance el ritmo satisfactorio que sí tenía la campaña original. Así pues, el resultado se siente más como un epílogo centrado en repartir lore sobre los Ragnalia y el Skydom que como una aventura con entidad propia, aunque Gran, Djeeta y el resto del elenco siguen resultando tan carismáticos como siempre en los momentos en los que el juego se detiene a prestarles atención.

Portales, dados y una nueva forma de jugar
La gran novedad estructural de esta expansión es La Vorágine, un modo roguelite pensado principalmente para partidas en solitario que rompe con la estructura lineal de misiones del juego base. Cada ciclo obliga a avanzar por salas consecutivas eligiendo entre distintos portales, cuyo nombre suele dar pistas sobre lo que espera al otro lado: hordas de enemigos, jefes, o desafíos más peculiares, como identificar a la persona correcta dentro de un grupo de tres en una suerte de juego de encuentra la diferencia. Superar cada objetivo otorga auras, mejoras temporales que se acumulan durante la run y que añaden una capa extra de decisiones estratégicas, mientras que tras los jefes intermedios es posible elegir entre abandonar La Vorágine o continuar hacia una sala de tipo Limbo con efectos restaurativos.

Es un cambio de formato que funciona especialmente bien como alternativa a la repetición de las mismas misiones cooperativas de siempre, aunque tiene una limitación importante: no otorga experiencia, lo que hace que sus mejores recompensas se sientan lentas de conseguir si se empieza completamente desde cero. Tampoco admite juego cooperativo, una decisión curiosa para una expansión que, en el resto de sus apartados, apuesta con fuerza por la experiencia compartida.
El verdadero contenido, eso sí, no termina de florecer hasta llegar al auténtico endgame, bastante después de completar la historia: es entonces cuando aparecen nodos sin combate, desbloqueos permanentes, mejor loot y nuevas armas. A partir de ahí entran en juego las misiones de nivel Caos, recomendadas para quienes ya hayan alcanzado el nivel 100 con sus aliados considerablemente potenciados. Estas misiones son de lo mejor que ofrece la expansión: cada una introduce mecánicas propias y jefes con patrones que exigen un control mucho más cuidadoso del posicionamiento y la coordinación del grupo, especialmente si se quieren completar los objetivos secundarios.

Invocaciones en pleno combate y builds con verdadera identidad
Si hay una incorporación que cambia genuinamente la forma de jugar, es el nuevo sistema de Invocaciones. Los Primales, hasta ahora relegados a cinemáticas y momentos guionizados, pasan a ser controlables directamente durante el combate: al llenar un medidor dedicado, es posible invocarlos y sustituir temporalmente al personaje jugable, usando sus habilidades únicas sin preocuparse por la barra de vida. Este sistema también habilita la ascensión en cadena, una versión más poderosa de las ráfagas en cadena que culmina con una invocación devastadora a modo de golpe final. Es un añadido especialmente satisfactorio a la hora de enfrentarse a los jefes más exigentes de las misiones Chaos, donde cada herramienta disponible cuenta para sobrevivir.

La otra gran mejora de Endless Ragnarok llega en forma de nuevas Características Master (Master Traits), un sistema que finalmente da sentido a la personalización de personajes más allá del límite de nivel. En vez de invertir puntos en mejoras porcentuales poco significativas como ocurría en el juego base, ahora es posible acumular niveles de Master Trait para equipar bonificaciones adicionales, y reunir varios rasgos del mismo grupo desbloquea una habilidad única ligada al estilo de juego de cada personaje. Los bonos pueden activarse y desactivarse libremente dentro del límite del nivel actual, lo que anima genuinamente a experimentar con builds ofensivas, defensivas o de soporte bien diferenciadas entre sí, algo que Relink necesitaba desde su lanzamiento.
El roster también crece con seis nuevos personajes jugables, alcanzando un total de 28: Beatrix, Eustace, Maglielle, Gallanza y dos nuevas incorporaciones adicionales, cada uno con mecánicas propias que refuerzan la mayor virtud de la saga: que ningún personaje se sienta como una simple variación estética de otro. Combinados con los Master Traits, la composición de equipo resulta ahora considerablemente más interesante que en el lanzamiento original.
El precio de toda esta profundidad añadida es el grindeo. Obtener los materiales necesarios para maximizar las mejoras más potentes exige dedicación, y quien busque completar varios personajes a fondo probablemente termine repitiendo encuentros similares más de lo que le gustaría. Es, en cierto modo, fiel al espíritu del Granblue Fantasy original, aunque no por ello resulta menos exigente.

Los cielos, tan bellos como siempre
Visualmente, Endless Ragnarok mantiene el nivel de producción que ya hizo destacar a Relink en su momento: entornos vistosos que combinan islas flotantes y ruinas antiguas, animaciones de combate expresivas que comunican personalidad en cada personaje, y una banda sonora que sigue contando con las composiciones de Nobuo Uematsu y Tsutomu Narita, capaces de inyectar urgencia en los combates contra jefes sin perder ese aire orquestal tan característico de la saga.
En cuanto al multijugador, Endless Ragnarok introduce por fin matchmaking multiplataforma entre PlayStation, PC y Nintendo Switch 2, además de mantener la solidez de los compañeros controlados por la IA, que siguen curando, reviviendo y coordinando Ataques de Enlace sin apenas necesidad de intervención. La versión de Switch 2 permite además disfrutar de cooperativo local, una función exclusiva de esa plataforma, aunque el rendimiento en las batallas más caóticas no alcanza la fluidez del resto de versiones, algo perceptible cuando la pantalla se llena de efectos y varios personajes desatan sus ataques más potentes a la vez.

Conclusión
Granblue Fantasy: Relink – Endless Ragnarok no promete simplemente más contenido, sino un endgame mejor construido, y en ese objetivo cumple con creces. El sistema de invocaciones jugables, los Características Master y La Vorágine transforman por completo la forma en la que se puede seguir disfrutando de Relink una vez terminada su campaña, mientras que los seis nuevos personajes y las misiones Caos dan motivos de sobra para que los veteranos vuelvan a subirse al Grandcypher. Su narrativa, contada a través de viñetas sueltas entre misiones, no logra recuperar el pulso de la aventura original, y buena parte de sus sistemas más interesantes exigen una inversión de tiempo considerable para apreciarse del todo. Aun así, esta es la clase de expansión que da sentido a seguir jugando: no añade por añadir, sino que mejora aquello que ya funcionaba.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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