Lazy Bear Games nos trae Graveyard Keeper, que en su versión de Nintendo Switch llega para hacer las delicias de todos los fans de los juegos de gestión de recursos. Con la sátira por bandera, Graveyard Keeper se convertirá en un profundo pozo de horas con miles de tareas por hacer… un pozo del que algunos no querrán salir.

 

Adentráos con nosotros en este bizarro y divertido cementerio. Bienvenidos al análisis de Graveyard Keeper.

¡Hey tú! Coge ese cadáver, sácale un jugoso filete y entiérralo. Análisis de la historia

En Graveyard Keeper encarnamos a un ciudadano cualquiera, un hombre que un día, al salir del trabajo, solo piensa en llegar a casa y ver a su amorcito. Todo esto se verá truncado, pues en una noche lluviosa, lo último que verá serán los faros de un coche… acercándose a toda velocidad. Pero, ¿es esto el final? Al parecer no, pues despertaremos en un cementerio y un curioso abad nos dirá que nuestra nueva tarea es cuidar de él.

Parece que ya no estamos en el mismo lugar, con la misma gente y ni siquiera en el mismo tiempo. A partir de entonces, y siempre con el objetivo de volver a casa, nos veremos envueltos en sórdidas e hilarantes tramas con los personajes más variopintos que se os puedan ocurrir.

Graveyard Keeper no pretende ser profundo, sino que basa su gancho en su fuerte sentido del humor. Un sentido del humor ácido, negro y con unos toques tan absurdos que sin duda harán las delicias de los fans de este estilo.

Un cementerio repleto de macabras tareas. Análisis de la jugabilidad

Estamos ante un juego de gestión, con todo lo que ello implica. Comenzaremos nuestra aventura con un terreno de nuestra propiedad, en el que se ubicará una humilde vivienda. Además, obligados por nuestro nuevo cargo de Guardián del Cementerio, tendremos que cuidar del camposanto, enterrando a los difuntos que lleguen a la morgue y reparando las tumbas y el terreno. Para garantizar nuestra prosperidad tendremos que recolectar madera, roca, metal, comida y mucho más.

Cerca de nuestros dominios encontraremos un pueblo, un pequeño núcleo urbano en el que podremos comprar recursos y vender nuestras mercancías. Además, si exploramos el terreno encontraremos nuevas localizaciones, nuevos personajes y nuevos recursos. Hay todo un mundo que descubrir. En cada nuevo rincón nos esperan misiones secundarias, mercaderes con gangas o nuevas formas de beneficio.

Un Guardián con multitud de quehaceres

En nuestra propiedad podremos construir nuevas herramientas y puestos en los que utilizar los recursos que nos brinda el terreno para mejorar la eficacia de nuestras acciones y para abrir nuevos caminos para explorar. A su vez, por cada acción activa que realicemos, como picar, cavar, o cortar madera, recibiremos tres tipos distintos de puntos de habilidad. Podremos usar estos puntos para desbloquear, en un árbol de mejora, nuevas habilidades y capacidades para nuestro personaje. Así, cada vez podremos construir mejores herramientas o puestos aún más eficaces, mejorando de manera exponencial nuestras capacidades.

Todas estas acciones las realizaremos consumiendo puntos de energía, que una vez agotados nos obligarán a dormir hasta recuperarnos.

Y no todo será recolectar, comerciar y crear. En Graveyard Keeper también será importante la exploración y, para desgracia del propio juego, el combate. Llegado a un punto podremos desbloquear un sistema de mazmorras clásicas, que no ofrecen un reto ni unas recompensas que valga la pena obtener. Esto se da, sobre todo, por el pobre sistema de combate, en el que nos limitaremos a blandir la espada de un lado a otro pulsando un botón.

Si creas un juego casi infinito tienes que saber manejar las opciones que das a los jugadores, de lo contrario, puedes acercarte peligrosamente a la barrera del tedio

Si desempeñamos nuestro nuevo trabajo de manera eficiente, el abad nos dará nuevos títulos y propiedades desbloqueando nuevas opciones como la de dar misa, investigar elementos alquímicos o trastear con la ciencia. Todas estas opciones aumentan más y más la lista de cosas que hacer en el juego, lo que hará de Graveyard Keeper un juego que puede absorber tu alma. Tanto es así, que a muchos puede llegar a abrumarles.

Porque Graveyard Keeper puede llegar a rozar los límites de lo tedioso. Gracias a la limitación de nuestra energía tendremos que repetir acciones parando con, a mi manera de ver las cosas, demasiada continuidad. En los primeros compases del juego, de hecho, algunas de las tareas más simples pueden reducir a cero nuestra resistencia en unos segundos.

No se explicarlo del todo, pero al contrario que con otros juegos como Stardew Valley, Graveyard Keeper si ha conseguido apabullarme y cansarme en algunos momentos. Y la culpa no es de algo en concreto, sino de la sensación que transmite todo el conjunto de posibilidades del juego.

Bonito pero sin florituras. Análisis del apartado artístico

Graveyard Keeper sigue la fórmula que ya vimos en Stardew Valley en su apartado artístico. Si acaso, la banda sonora podría estar por debajo de este, con temas que acompañan perfectamente al tono del juego pero que no llegan a calar en el jugador. Se echan en falta composiciones más pegadizas, o de un calibre más épico. Los efectos de sonido, por su parte, se perciben satisfactorios, y cortar leña o picar piedra suenan de forma realmente agradable, aunque quizás esto sea lo mínimo que se esperaba de un juego de este estilo.

En su apartado gráfico Graveyard Keeper nos presenta unos diseños agradables y bonitos, pero quedándose en lo resultón. El pixel art no llega a las cotas vistas en otros juegos del estilo y en la versión de Nintendo Switch he llegado a apreciar algunos problemas técnicos con los cuadros de diálogo.

Conclusión

Graveyard Keeper es un profundo foso que puede tragarse todo tu tiempo. Con decenas y decenas de horas, los fans de los juegos de gestión y supervivencia se encontrarán como en casa, disfrutando sin duda al máximo. Sin embargo, su cantidad de opciones, ligadas a algunos de los sistemas de juego, pueden llegar a lastrar el ritmo del título, amenazando a los más novatos o a los menos pacientes con sobrepasar el límite del aburrimiento.