Si tuviera que dar una definición de videojuego, esta sería la de «una experiencia estética configurada por la interactividad entre la obra y el jugador», suponiendo una relación simbiótica mucho más cercana que la presente en otros modelos artísticos. El videojuego nació libre de ataduras, pasando de ser una suerte de proyecto científico a toda una industria vinculada al arte y al entretenimiento en la que todo (o casi todo) vale. Que los críticos valoremos cada obra según unos ciertos criterios no es más que un planteamiento reduccionista que juzga sin compasión y sin considerar el motor que mueve a cada desarrollador. Es decir… ¿Es justo valorar de la misma forma una experiencia narrativa como The Walking Dead y una obra completamente multijugador como Overwatch? Incluso dentro del mismo género es difícil encontrar dos videojuegos con el mismo objetivo ¿Analizaríais desde la misma perspectiva Braid y Super Mario Maker? Por supuesto que no. Con esto quiero deciros que, al final del día, da igual lo que leáis o lo que os digan: hay que experimentar cada juego con una mirada inocente, buscando adentrarse en propuestas nuevas y alternativas. Y os lo digo yo, que me dedico día a día a realizar críticas de videojuegos bajo unos parámetros similares. Menuda ironía…

Sea como sea, el querer conocer experiencias nuevas dentro de la industria me ha llevado a disfrutar de videojuegos alternativos y muy únicos dentro de su género. Os podría dar muchos ejemplos, pero quizá el más representativo sea del título del que hoy vengo a hablaros. Desarrollado por el compositor y productor CryingPsycho, KRIMSON se presenta en sociedad como una propuesta absolutamente experimental que hace del heavy metal electrónico su gran protagonista. Y es que no todos los días se ve un videojuego de plataformas que se mueve al ritmo de la música metal mientras se superan los diversos círculos del infierno. Vaya, que este título indie se plantea así como si nada como la experiencia satánica y metalera definitiva. ¿De verdad os vais a perder algo así? Porque yo ya os adelanto que no. Por tanto, si queréis conocer más acerca de este título, os incito a leer el análisis completo que podéis encontrar a continuación.

 

A propósito de sus satánicas majestades

Me gustaría poder abordar este análisis desde una perspectiva distinta, y eso implica no comenzar hablando de su historia, si no por el apartado que considero más importante: su jugabilidad. Y es que… ¿Cómo se juega a KRIMSON? ¿En qué consiste su diseño de niveles? Pues bien, para que os hagáis una idea nos encontramos ante un juego de plataformas en 2D en el que deberemos transportar a un… Bueno, a una especie de bola a través de un puñado de complejos y crueles niveles en los que abundan los riesgos y peligros. Cada nivel podría ser superado en cuestión de segundos de no ser por sus peligros y porque tendremos que alcanzar el final llevando una especie de… ¿Llama infernal? Vale, creo que queda claro que, ante todo, KRIMSON es una experiencia sorprendentemente alternativa y psicodélica en el ámbito estético, lo que no quita que en lo jugable sea algo sorprendentemente convencional. Al controlar a una bola es comprensible que no tengamos muchos tipos de movimientos a nuestra disposición, pero eso no justifica que siempre estemos haciendo las dos mismas cosas: desplazarnos y saltar. En cada nivel tendremos que esquivar pinchos, saltar en las plataformas en el momento adecuado, evitar caer en la lava y escalar paredes mientras no chocamos contra los peligros de la zona. Es un poco como Super Meat Boy, excepto que sus físicas son algo más toscas.

En este sentido, se nota a la legua que el desarrollador peca de no tener la suficiente experiencia. La bola cuenta con un sistema de físicas realmente extraño, en donde se puede notar perfectamente el peso del personaje tanto para lo bueno como para lo malo. Los saltos no se sienten todo lo precisos que deberían, lo que en un título tan exigente como este supone un quebradero de cabeza tras otro. Ah, y esa es otra: KRIMSON es un juego excepcionalmente difícil, de esos que os tendrán horas y horas sudando la gota gorda para completar un nivel que, sin tantos peligros, duraría poquísimo. La clave se encuentra, como no, en el ensayo y error, lo que supone mucho aguante, algo que no todos los jugadores podrán tener. Con esto quiero decir que nos encontramos ante un juego pensado para un público muy concreto, uno asiduo a los juegos de acción y plataformas exigentes que no tienen miedo a quedarse horas atrapados en un mismo nivel. Eso sí, si tengo que señalar algo realmente positivo es el genial diseño de niveles del que hace gala el juego, pues aunque sean difíciles en ningún momento se sienten injustos. Las soluciones a los desafíos siempre están ahí, y solo depende de nuestra habilidad el superarlos. La variedad de retos que se plantean es muy variada, y por suerte no solo tendremos que completar niveles convencionales.

 

Siguiendo los pasos de Dante y Virgilio

Mientras recorremos los círculos del infierno tendremos que enfrentar cara a cara a algunos de sus habitantes más poderosos y peligrosos. Esto quiere decir que, con el tiempo, nos encontraremos de bruces ante auténticos jefazos que nos intentarán destrozar con un arsenal de movimientos difíciles de predecir e imposibles de resistir. Nuestra única posibilidad es esquivarlos mientras encontramos una solución, presentando así una serie de combates tan divertidos como exigentes. Si sus jefazos se presentan como uno de los apartados más trabajados y memorables del proyecto, su vertiente narrativa es quizá la que resulta más defectuosa, aunque… ¿Por qué se le iba a pedir una narrativa compleja? Pues sí, es cierto que un juego de este calibre no necesita contar una historia digna de, yo que sé, Bioshock, pero tampoco podéis negar que un poco de historia y de drama siempre aporta valor al producto. En KRIMSON no encontramos nada de narrativa, más allá de un par de descripciones que lo único que hacen es rozar la superficie de un Infierno increíblemente hermoso y fascinante. No tengo miedo en decir que la recreación que hace este título del hogar de los demonios es de las mejores que he visto nunca, presentando un catálogo de entornos y criaturas dignas de elogio.

Aquí entramos en los que son los puntos más fuertes del título: su apartado visual y su tratamiento sonoro. El primero hace un uso excepcional tanto de las distorsiones como del surrealismo, presentando elementos puestos de forma aleatoria en el escenario que representan de manera excepcional el caos y el descontrol que habitan en este reino. Todo genera ansiedad, y quizá ese sea uno de los grandes aciertos del juego. Si bien me ha resultado especialmente memorable todo su diseño artístico, siento que el experimento se ha llevado demasiado lejos, pues tanto caos hace que en ciertas ocasiones no podamos entender bien lo que ocurre en pantalla. Lo que sí que goza de un nivel impecable carente de fallos es su apartado sonoro, presentando un conjunto de melodías vibrantes y rupturistas que casan a la perfección con los niveles y que no dejarán a nadie igual.

 

Conclusión: It’s Heaven or Hell

KRIMSON es una experiencia atípica que se disfruta más como un concierto de metal y una experiencia estética que como un videojuego, y eso que no sufre de un mal diseño de niveles o de malos combates contra jefes. Sin embargo, sí que se nota la poca experiencia del equipo en su sistema de movilidad o en su ritmo, siendo un juego únicamente recomendable a los jugadores más experimentados.

7.3
Recomendado
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Sinopsis
Krimson es un juego de plataformas rítmico crudo y desafiante con música de metal electrónico. Tú eres un engendro anónimo que recorre un mundo infernal moviéndose al ritmo de la música. Un movimiento erróneo es la muerte, pero hay muchos puntos de control y la muerte es muy corta.
Pros
Gran diseño de niveles, y geniales combates contra los jefes
Representación del infierno caótica desarrollada en un estilo artístico inmejorable
Dirección de sonido bestial y digna del mejor festival de metal
Contras
Puede resultar algo monótono, y su sistema de movimiento es tosco
Cuesta observar algunos elementos a costa de su caos