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![[Análisis] Ratatan [Análisis] Ratatan](https://gaminguardian.com/wp-content/uploads/2024/11/RATATAN-800x450.webp)

Hace más de quince años que la industria del videojuego presenció el nacimiento de una de las franquicias más excéntricas, rítmicas y queridas del panorama portátil. La trilogía original sentó cátedra al fusionar la estrategia en tiempo real con la exigencia musical, pero tras su conclusión, la licencia quedó en un prolongado letargo. Hoy, gran parte de aquel equipo creativo original, incluyendo al visionario creador Hiroyuki Kotani y al talentoso compositor Kemmei Adachi, se ha reunido bajo el sello de Ratata Arts y TVT Co. para traernos Ratatan. Este título no oculta en ningún momento su naturaleza de sucesor espiritual; la abraza con orgullo, tomando los cimientos de aquella fórmula clásica para inyectarles una modernidad desbordante, un lavado de cara audiovisual espectacular y una estructura roguelite que cambia por completo el flujo de las partidas. El resultado es una aventura rebosante de encanto y genialidad mecánica que, lamentablemente, llega a Nintendo Switch 2 tropezando con serios problemas de rendimiento y decisiones de diseño técnico que empañan su magistral banda sonora.
La premisa narrativa de Ratatan destila esa misma inocencia gamberra que caracterizaba a su predecesor. Todo comienza en la colorida y bulliciosa isla de Rataport, un lugar que parece sacado directamente de una vibrante caja de juguetes. En este nexo central habitan los Ratatans, unas extrañas y adorables criaturas con rasgos animales que comparten un sueño utópico común: emprender un peligroso viaje hacia un lugar místico conocido como El Más Allá para conocer a La Diosa. Como héroes improbables cargando con las esperanzas de toda su especie, nuestro deber es guiar a estas criaturas y a su creciente ejército de súbditos (los Cobuns) a través de entornos hostiles repletos de fauna agresiva y monstruos gigantescos. La historia es una excusa ligera y desenfadada, salpicada de violencia caricaturesca y diálogos cómicos, que sirve a la perfección para justificar el incesante bucle de morir, resucitar y volver a intentarlo que exige su nuevo esqueleto de juego.

Donde verdaderamente brilla Ratatan es en la inteligente reinvención de su sistema de combate. En esencia, las batallas multitudinarias siguen requiriendo que introduzcamos secuencias de botones al compás exacto de la música para dar órdenes a nuestras tropas. Sin embargo, el equipo de desarrollo ha aplicado dos cambios fundamentales que transforman por completo la experiencia táctica. El primero es la simplificación de los comandos rítmicos. En lugar de exigir secuencias de cuatro tiempos, las órdenes principales ahora se ejecutan en tres pulsaciones precisas (como el agresivo «Ra-ta-tat» para atacar, el «Zun-taka-tan» para defender o el «Ya-hoi-hoi» para agruparse). Esta reducción, combinada con una ventana de sincronización mucho más permisiva y generosa, hace que entrar en el estado de «Fiebre» rítmica sea una tarea fluida, inmensamente satisfactoria y mucho menos propensa a la frustración que en los títulos clásicos.

El segundo cambio, y el más revolucionario para la franquicia, es la total libertad de movimiento. Por primera vez, el jugador puede controlar directamente el desplazamiento de su líder utilizando el joystick izquierdo. Ya no estamos anclados a un avance lateral automático dictado por un comando específico. Esta libertad permite reposicionarse estratégicamente en medio del fragor de la batalla, esquivar áreas de daño masivo marcadas por los jefes y agrupar a las tropas en zonas seguras mientras seguimos marcando el tempo. Esta capa extra de dinamismo convierte los enfrentamientos en coreografías caóticas pero controladas, donde nuestra capacidad para leer la pantalla y reubicarnos es tan vital como nuestro sentido del ritmo musical.

Para adaptar la progresión a los estándares modernos, Ratatan abandona la estructura de niveles lineales y abraza sin complejos el género roguelite. Cada incursión hacia El Más Allá genera mapas aleatorios donde, tras limpiar una sala de enemigos, se nos presenta la clásica elección entre múltiples puertas con distintas recompensas, al más puro estilo Hades. La joya de la corona de este sistema son las Ratakarutas, unas cartas de bendición divina que otorgan bufos elementales a nuestras tropas. La sinergia que se puede alcanzar acumulando estas cartas es abrumadora; apostar por una construcción centrada en el veneno, el fuego o el hielo puede culminar en efectos pasivos devastadores como lluvias de relámpagos o auras tóxicas que limpian la pantalla en segundos. Además, el hecho de que los soldados Cobun revivan automáticamente tras un breve periodo de tiempo suaviza enormemente la penalización por los errores tácticos puntuales.

Sin embargo, esta estructura roguelite es un arma de doble filo que saca a relucir el mayor problema de diseño del juego: la barrera de estadísticas. A pesar de contar con ocho héroes distintos con habilidades únicas y clases de tropas específicas, el progreso no depende exclusivamente de la habilidad rítmica del jugador. Llega un punto inevitable en cada expedición donde los números simplemente no cuadran; tus ataques apenas rasguñan a los jefes y los enemigos básicos destruyen tus escudos de un solo golpe. Ratatan te obliga forzosamente a sucumbir, volver a Rataport y sumergirte en un sistema de creación de armamento muy similar a Monster Hunter. Aunque a los amantes de la gestión de inventarios y recolección de materiales les encantará ver cómo crecen sus estadísticas, para otros muchos jugadores este bucle se sentirá como un tedioso grindeo artificial. La situación se agrava por la desesperante lentitud de movimiento fuera de los combates, haciendo que navegar por el extenso nexo de Rataport para mejorar las armas se convierta en una tarea pesada y rutinaria.

Si el caos de la guerra rítmica ya es formidable en solitario, el multijugador eleva la fórmula a cotas de diversión altísimas. El título permite que hasta cuatro jugadores se unan en línea para coordinar sus ejércitos simultáneamente. Cuando el equipo logra sincronizar sus ataques bajo la misma melodía, la pantalla se inunda de un espectáculo visual masivo con más de cien personajes desatando sus habilidades al unísono. Es una experiencia cooperativa brillante, adictiva y llena de momentos memorables que, de manera incomprensible, no cuenta con opciones de pantalla partida o multijugador local en una misma consola, una omisión dolorosa para un juego que encaja a la perfección en el espíritu festivo del formato físico y las reuniones con amigos.

El apartado audiovisual de Ratatan es, sin exagerar, una auténtica maravilla expresiva. La animación 2D es exquisita, dotando a cada criatura, aliado y jefe final de una personalidad arrolladora que rebosa vida y color. La banda sonora original, pilar fundamental de la obra, es una colección de temas pegadizos, enérgicos y memorables que se entrelazan dinámicamente con los coros vocales de nuestras propias tropas al acertar los comandos. Es imposible jugar sin terminar tarareando las melodías de victoria.

Desgraciadamente, la versión de Nintendo Switch 2 sufre de asperezas técnicas y decisiones de interfaz que entorpecen severamente la experiencia. Jugado en el modo portátil, la falta de una opción para escalar la interfaz convierte la lectura de los textos (especialmente en los densos tutoriales del menú de ayuda) en un ejercicio de fatiga visual extremo debido a su diminuto tamaño, a lo que hay que sumar una evidente pixelación en los modelados de los personajes que solo desaparece al jugar en el dock conectado al televisor.
Aún más graves son los problemas de rendimiento. Hemos sufrido constantemente los molestos microtirones del motor gráfico. Estas caídas abruptas de fluidez, que suelen ocurrir al generar tiendas antes de los jefes o en momentos de máxima saturación visual, son un pecado imperdonable en un título de ritmo donde perder una fracción de segundo arruina tu ventana de entrada musical, resetea tu combo y te deja vendido ante los ataques enemigos.

Ratatan es un triunfo del diseño mecánico y una carta de amor incondicional a los fans que llevaban década y media esperando volver a liderar un ejército a golpe de tambor. La transición al formato roguelite, la generosidad de sus nuevas ventanas de tiempo rítmicas, el profundísimo sistema de creación de armas y la enorme libertad táctica que otorga el movimiento manual del personaje conforman una secuela espiritual sobresaliente. Es un título capaz de absorberte durante horas en su bucle de recolección, combate y música pegadiza.
No obstante, la alarmante falta de pulido en la versión de Nintendo Switch 2, los inoportunos tirones de rendimiento que rompen el gameplay rítmico, la diminuta interfaz en modo portátil y el marcado componente de grindeo numérico le impiden alcanzar la excelencia absoluta en el día de su lanzamiento. Si Ratata Arts logra parchear la estabilidad y añadir calidad de vida a sus menús, estaremos ante uno de los imprescindibles de la consola; hasta entonces, es un concierto brillante al que le fallan los altavoces en pleno clímax.

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.