
Han pasado exactamente treinta años desde que la primera entrega de Resident Evil irrumpiera en la industria de los videojuegos, encerrándonos en la icónica Mansión Spencer y acuñando para siempre el término survival horror. A lo largo de estas tres décadas, la franquicia insignia de Capcom ha experimentado una evolución fascinante, atravesando etapas de terror puro, derivando hacia la acción desenfrenada, tropezando en sus propios excesos y, finalmente, resurgiendo de sus cenizas con una racha de remakes y secuelas que han redefinido el género. Ahora, con el lanzamiento de Resident Evil Requiem, nos encontramos ante una obra que no solo busca ser el siguiente capítulo canónico, sino una auténtica celebración de toda la historia de la saga y, en especial, una suerte de homenaje a los inicios de Leon S. Kennedy. Es un título ambicioso, valiente y, sobre todo, un magnífico homenaje que entrelaza todas las eras de la franquicia en una sola experiencia.
Lo que hace a Resident Evil Requiem verdaderamente especial es su arriesgada estructura de doble protagonista y doble perspectiva. Por un lado, nos sumerge en la vulnerabilidad extrema y el terror psicológico a través de una nueva protagonista; por otro, nos entrega la catarsis absoluta de la acción más visceral con uno de los rostros más legendarios de los videojuegos. Es un juego de contrastes, de luces y sombras, de huir despavorido por un pasillo para, horas más tarde, regresar a él armado hasta los dientes. Tras haber sobrevivido a sus horrores, podemos afirmar que esta dualidad no solo funciona, sino que convierte a Resident Evil Requiem en una de las entregas más completas, variadas y emocionantes de la historia de Capcom.
Los ecos de Raccoon City y el legado de Umbrella
La narrativa de un buen survival horror es el ancla que da sentido al sufrimiento, y en Resident Evil Requiem la historia toma un papel central. La trama nos presenta a Grace Ashcroft, una analista de inteligencia del FBI dotada de una capacidad deductiva brillante, pero marcada por un trauma profundo. Grace es una joven introvertida, sepultada en su trabajo, que viaja sola al abandonado Hotel Wrenwood para investigar un asesinato ocurrido exactamente ocho años después de que su propia madre perdiera la vida en ese mismo lugar. Para los más acérrimos al lore, el apellido encenderá todas las alarmas: Grace es hija de Alyssa Ashcroft, la intrépida periodista que sobrevivió a los eventos del spin-off Resident Evil Outbreak en la era de PlayStation 2. Este hilo conductor demuestra el mimo con el que Capcom sigue hilando su intrincado universo.

Sin embargo, la investigación de Grace se tuerce cuando es capturada por Victor Gideon, un antiguo y sádico investigador de la corporación Umbrella. Gideon traslada a nuestra protagonista a su nueva instalación, el Centro de Cuidados Crónicos Rhodes Hill, convencido de que ella es la clave para desentrañar una conspiración biológica de proporciones dantescas. A partir de aquí, Grace se ve envuelta en una lucha desesperada, enfrentándose a los fantasmas de su pasado y a corredores infestados de horrores. Gideon se alza rápidamente como uno de los villanos más carismáticos e imponentes que ha dado la saga en años, aportando una crueldad metódica que hiela la sangre.
Paralelamente, el legendario agente de la DSO Leon S. Kennedy se encuentra inmerso en su propia pesadilla. Los supervivientes del incidente de Raccoon City de 1998 (aquella ciudad del Medio Oeste esterilizada mediante un ataque con misiles del gobierno) están comenzando a mostrar síntomas de una misteriosa y letal enfermedad. La investigación de Leon sobre esta afección vinculada al bioterrorismo le sigue la pista directamente a Victor Gideon, llevándolo inevitablemente a Rhodes Hill. Es allí donde los caminos del veterano y la novata se cruzan, desencadenando una carrera contrarreloj que les hará viajar por instalaciones inéditas y, en un giro brillante, regresar a las desoladas ruinas de la zona cero: Raccoon City.

Grace Ashcroft: El terror opresivo en primera persona
Resident Evil Requiem es, a todos los efectos, un juego dividido en dos mitades diferenciadas. La parte protagonizada por Grace Ashcroft es un descenso a los infiernos del survival horror más clásico y tenso, recordando poderosamente a la asfixia de Resident Evil 7 mezclada con las dinámicas de acecho de Alien: Isolation. Grace Ashcroft es inexperta en el combate; no es una superheroína curtida en mil batallas, sino una civil aterrorizada. Sus secciones ponen un énfasis gigantesco en el sigilo, animándote a arrastrarte por las sombras y evitar el conflicto a toda costa.
Resident Evil Requiem introduce una mecánica fantástica: la libertad total de cámara. Podemos alternar entre la primera y la tercera persona en cualquier momento. Sin embargo, jugar con Grace en primera persona (la opción recomendada) es una experiencia mucho más sobrecogedora. En esta perspectiva, vemos cómo las manos de Grace tiemblan violentamente cuando los enemigos están cerca, e incluso sufre ataques de pánico que, si bien a veces pueden resultar un poco abrumadores, la dotan de un realismo inédito en la saga. La actuación de voz de es magistral, capturando cada tartamudeo y cada respiración entrecortada con una autenticidad brillante.

La indefensión de Grace no significa que esté desarmada, pero sus recursos son dolorosamente escasos. Su herramienta estrella es un recolector de sangre que le permite extraer fluidos de los enemigos para fabricar objetos. Con esta sangre infectada, Grace puede crear desde curas hasta inyectores hemolíticos. Este último es un añadido jugable bestial: si logras aturdir a un zombi o acercarte en sigilo, puedes clavarle el inyector, provocando que explote en una lluvia de vísceras que manchará la habitación de forma permanente. Además, al principio de la aventura, Leon le entrega el revólver «Requiem», un cañón de mano ridículamente potente, pero cuya munición es tan escasa que queda relegado a un botón de pánico absoluto.
Y vaya si habrá motivos para entrar en pánico. Resident Evil Requiem trae de vuelta a los temibles perseguidores (enemigos como Mr. X o Némesis). El principal tormento de Grace es una entidad conocida como «La Niña». Su mera presencia en los pasillos de Rhodes Hill genera una tensión insoportable; se mueve entre las sombras, obligándote a esconderte en habitaciones bien iluminadas (su debilidad) o a gastar una valiosísima bala del revólver solo para ganar unos segundos de ventaja.

Leon S. Kennedy: La sinfonía de la destrucción y la catarsis
Si Grace representa el terror paralizante, Leon S. Kennedy es la pura catarsis. Cuando el juego nos pasa el control del experimentado agente, el tono cambia radicalmente. Leon es el equivalente al Doom Slayer del universo Resident Evil. Las criaturas de las que huías despavorido hace un par de horas son ahora carne de cañón frente a un hombre que lleva décadas lidiando con bioterrorismo. Sus capítulos abrazan la vertiente de acción hiperkinética que vimos en Resident Evil 4 Remake y en los momentos más alocados de Resident Evil 6.

Al tomar el mando de Leon, es sumamente recomendable cambiar la perspectiva a la tercera persona (el modo recomendado para controlarlo). El HUD, el inventario y hasta las mecánicas base se transforman. Atrás queda la recolección de sangre; Leon obtiene créditos tradicionales de los enemigos para comprar y mejorar un vasto arsenal. La gran novedad es la sustitución de su icónico cuchillo por un hacha táctica. Esta herramienta le permite ejecutar parries (desvíos) a prácticamente cualquier ataque enemigo, incluyendo agarres de infectados especiales, abriendo la puerta a combos cuerpo a cuerpo y ejecuciones absolutamente brutales.
El contraste entre ambos personajes es una de las mayores genialidades de Resident Evil Requiem. En un claro homenaje al sistema «Zapping» de Resident Evil 2, habrá momentos en los que Leon recorrerá las mismas zonas por las que Grace pasó horas antes. Caminar por pasillos manchados de sangre por las explosiones que tú mismo provocaste con Grace, y despejar a escopetazos una zona en la que antes estuviste media hora escondido en un armario, otorga una sensación de poder increíble, similar a un New Game Plus integrado en la propia campaña.

Los no muertos: Memoria residual y un gore exquisito
Los zombis en Resident Evil Requiem merecen una mención honorífica. Capcom ha implementado un sistema de «memoria residual» fascinante. En lugar de deambular sin rumbo, los infectados conservan fragmentos de sus rutinas pasadas. Es macabramente inmersivo observar a una antigua sirvienta del hotel intentando fregar el suelo de manera errática. Si detonas a un enemigo cerca de ella manchándolo todo de sangre, la verás más tarde intentando limpiar frenéticamente el desastre. Estas rutinas hacen que el mundo se sienta trágicamente vivo y alteran sus rutas de patrulla. Y no solo eso, si no que puede llegar a dar pie a interacciones de lo más variopintas, como por ejemplo, hacer ruido para que un zombi que lo odia se acerque, comenzando a golpear a otro que está en la misma zona en la que ambos convergen por ese ruido, pensando que este ha sido el culpable de generarlo (hay un trofeo ligado a esto, de hecho)

Además, dicho sea de paso, son increíblemente duros. Al igual que en los recientes remakes, derribar a un enemigo no garantiza su muerte. Un zombi abatido puede reanimarse minutos después, obligándote a tomar decisiones constantes. El sistema de daño y gore del motor gráfico acompaña esta resiliencia con un nivel de detalle enfermizo; verás globos oculares saltar de sus cuencas y extremidades reaccionando con físicas precisas que dejan claro el poder destructivo de tus armas. Con Grace puedes tener claro, mientras lleves contigo un inyector hemolítico, qué zombis tienen planeado levantarse o no (ya sabes, los típicos zombis que están inmóviles en el suelo, pero que, con el tiempo, seguramente comiencen a «activarse» cuando avances en la partida)
Estructura, duración y las arrugas de la pesadilla
Con una duración aproximada de entre unas diez o doce horas, Resident Evil Requiem es una experiencia condensada y directa. Su ritmo es excelente, intercalando magistralmente la tensión de Grace con los tiroteos de Leon. No obstante, no está exento de fallos. Existe una sección hacia el final del juego que frena abruptamente el ritmo excelente que llevaba construyendo, y algunos personajes secundarios introducidos a mitad de la trama se sienten desaprovechados.

Los rompecabezas siguen siendo la asignatura pendiente. Las secciones de Grace son las únicas que ofrecen verdaderos rompecabezas (escaneando documentos y fotografías), pero las soluciones suelen ser demasiado obvias. Leon se limita a la clásica búsqueda de llaves. Sería interesante ver a la franquicia atreverse con niveles de dificultad dedicados exclusivamente a los puzles, como en otras sagas competidoras.
En cuanto a la rejugabilidad, Resident Evil Requiem ofrece un nuevo modo de dificultad «Locura» que remezcla enemigos y objetos, además de una tienda de recompensas basada en desafíos. Sin embargo, resulta decepcionante la ausencia del modo Mercenarios o del modo Asalto en el lanzamiento. Tampoco se permite jugar la campaña completa usando únicamente a uno de los dos personajes una vez superada la historia.

El rugido del RE Engine
En el apartado técnico, el RE Engine sigue demostrando por qué es la joya de la corona de Capcom. En PC, los entornos son lúgubres y plagados de detalles. La implementación del trazado de rayos transforma por completo la atmósfera, y la inclusión de Path Tracing eleva la calidad visual a cotas que quitan el hipo en equipos de gama alta. A pesar de todo, la optimización es estelar, mostrando un rendimiento muy sólido incluso en plataformas portátiles como Steam Deck y la nueva Nintendo Switch 2.

Dicho esto, es cierto que los modelos de los personajes principales, Leon y Grace, pueden llegar a verse un poco raros si los miras detenidamente en zonas especialmente iluminadas jugando en tercera persona (en PlayStation 5 es más que evidente y han sido varios los jugadores que se han hecho eco en redes sociales). Si bien no tiene demasiado sentido al hablar de los personajes principales, se entiende que, quizás, al estar pensada la primera persona como modo principal para Grace y, viendo de Leon prácticamente la espalda todo el tiempo, haya podido dejarse un poco abandonado el detallismo de ambos, pero claro…
En cuanto al audio, todo en Resident Evil Requiem es de primera categoría. Escucharás a los infectados murmurar o golpear de fondo, lo que puede resultar aterrador cuando juegas como Grace. El elenco de voces también es excelente en todos los aspectos, pero Grace y Leon se destacan gracias a su fuerte entrega de líneas y rango emocional. La banda sonora respalda todo esto con pistas tensas para persecuciones y peleas contra jefes y música más tranquila y tranquilizadora cuando finalmente llegas a una habitación segura.

Conclusión
Resident Evil Requiem es una carta de amor a las tres décadas de historia de la franquicia. Al atreverse a fusionar las dos almas de la saga (el terror opresivo e intimista y la acción coreográfica) en una sola campaña, Capcom ha creado un híbrido espectacular. El viaje de Grace aporta frescura y secuencias de sigilo terroríficas, mientras que Leon ejerce de perfecto contrapeso repartiendo adrenalina pura.
Pese a una duración que a algunos se les antojará corta, la ausencia inicial de modos extra y unos puzles insulsos, la brutal ambientación de Rhodes Hill y el emotivo regreso a Raccoon City, hacen de este título una obra imprescindible. Es un réquiem perfecto para el pasado de Umbrella y una sinfonía brillante para el futuro del survival horror.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.