
Rise of the Tomb Raider llega a Nintendo Switch 2 con una etiqueta que da para la reflexión: «20 Year Celebration» en 2026 es una pequeña rareza cronológica que Aspyr ha preferido no cambiar. Detalles nominales aparte, este es el segundo capítulo de la llamada trilogía Survivor de Lara Croft, y también el más logrado de los tres. Donde el primer juego sentó las bases de una Lara más humana y vulnerable, este las expande en prácticamente todos los frentes: entornos más grandes, puzles más elaborados, sistemas más profundos y una protagonista que empieza a tomar forma como la exploradora que todos conocen. La pregunta no es si Rise of The Tomb Raider: 20 Year Celebration es bueno, que evidentemente lo es, si no si este port está a la altura.
Siberia y la obsesión de los Croft
La historia de Rise of The Tomb Raider: 20 Year Celebration retoma los eventos de Yamatai. Lara, convencida de que los fenómenos sobrenaturales que presenció fueron reales, se lanza a continuar la investigación de su padre sobre la Fuente Divina, un artefacto legendario que supuestamente otorga la inmortalidad. La búsqueda la lleva a las montañas de Siberia, donde la ciudad perdida de Kitezh guarda secretos que la organización militar La Trinidad también persigue sin descanso.
Lo que funciona en la narrativa es su retrato de una protagonista cuya determinación roza la autodestrucción. Lara ya no es la superviviente asustada del primer juego: es alguien peligrosamente impulsada, capaz de poner en riesgo a quienes la rodean con tal de alcanzar su objetivo. Ese arco personal es lo más interesante de la historia, porque la trama principal (reliquias antiguas, organizaciones sombrías, secretos de la inmortalidad) no siempre logra enganchar con la misma fuerza. Trinity cumple su función como adversario pero sus representantes carecen de profundidad, y hay tramos del juego en los que el relato pierde impulso y la aventura tiene que sostenerse sola por sus propias mecánicas. Por suerte, lo hace sin problema.

Las tumbas son la estrella
El mayor salto cualitativo respecto al juego anterior está en las tumbas opcionales. En el primer título eran prescindibles; aquí son el punto más alto de todo el diseño. Son estructuras de varios niveles con puzles que requieren observar el entorno, experimentar con la física y llegar a soluciones por deducción propia, sin que el juego te lleve de la mano. Resolver una de las más elaboradas genera una satisfacción genuina difícil de encontrar en el género de acción y aventura moderno, y la recompensa al final (habilidades que dan a Lara ventajas concretas) justifica el desvío del camino principal.

Los grandes hubs de mundo semiabierto refuerzan esta filosofía. Hay animales que cazar para obtener recursos, materiales de crafteo repartidos por el escenario, misiones secundarias de los habitantes locales y rutas alternativas que solo se desbloquean con el equipo adecuado. El buceo en aguas heladas, nueva incorporación respecto al juego anterior, amplía las posibilidades de exploración vertical. Nada de esto se siente como relleno porque casi siempre hay algo interesante esperando al doblar la esquina.
El combate es más irregular. El arco es una maravilla tanto en sigilo como en combate abierto, y construir un ritmo de eliminaciones silenciosas desde la vegetación nunca pierde su atractivo. El gunplay, en cambio, sigue siendo el punto más débil: funciona mejor como herramienta para resolver situaciones que como mecánica de combate en sí misma, con un apuntado más lento de lo deseable. Los tiroteos más intensos son los momentos donde el juego muestra sus costuras con más claridad.

Un paquete muy completo
Rise of The Tomb Raider: 20 Year Celebration incluye todo el contenido adicional publicado hasta la fecha, y parte de él merece mención especial. La expansión Baba Yaga: El Templo de la Bruja es la más destacada: una historia lateral con una atmósfera propia que mezcla folclore eslavo y horror psicológico, con un combate contra la criatura titular que destaca por su dificultad y su estructura en varias fases. Lazos de sangre propone algo completamente distinto: una visita tranquila a la mansión Croft, sin combate, centrada en el lore familiar de Lara. Ralentiza el ritmo de forma notable pero aporta una dimensión emocional que el juego principal apenas tiene tiempo de desarrollar.

El modo Resistencia es quizás la joya escondida del paquete. En él, Lara debe gestionar su hambre y temperatura corporal mientras caza, recolecta y busca tesoros en la naturaleza siberiana con ciclo de día y noche. Es adictivo, tiene entidad propia como experiencia de supervivencia y puede jugarse en modo cooperativo online junto a otro jugador, lo que multiplica su disfrute.
El port: bueno, con un asterisco
La gran ventaja de este port frente al de Tomb Raider: Definitive Edition es que no tiene que hacer concesiones para la Switch original: está diseñado exclusivamente para Nintendo Switch 2. Los paisajes nevados de Siberia se ven impresionantes, con bosques que se mueven con el viento, ruinas que emergen entre la tormenta y una iluminación que sigue siendo efectiva más de una década después del lanzamiento original. El rendimiento es estable a 30 fps con caídas muy puntuales, los tiempos de carga son rápidos y la experiencia visual en modo portátil resulta genuinamente sorprendente. En cuanto a fidelidad gráfica, el resultado es comparable a la versión base de PlayStation 4, sin alcanzar los detalles más finos de las ediciones mejoradas posteriores.

El asterisco es el input delay. Se percibe ya en los propios menús y se traslada al gameplay de forma suficientemente molesta como para afectar a los tiroteos. En las tumbas opcionales y la exploración el problema pasa más desapercibido, pero en los combates más exigentes puede resultar frustrante. Es un fallo que debería corregirse con un parche y que, esperemos, no quede sin solución. Las funciones exclusivas de Switch 2 (vibración HD, soporte para ratón con el Joy-Con 2) son bienvenidas pero secundarias, y el giroscopio solo funciona para examinar objetos en el menú, no para apuntar, lo cual es una oportunidad perdida.
Conclusión
Rise of The Tomb Raider: 20 Year Celebration es un juego que tiene claro qué quiere ser y lo ejecuta muy bien en casi todo lo que propone. Las tumbas son diseño de puzles de primer nivel, el mundo invita a la exploración constante, el sistema de progresión es satisfactorio y la cantidad de contenido incluido es difícil de criticar. Su historia no está a la misma altura que sus mecánicas, el gunplay sigue siendo el elemento más endeble y el input delay es un problema real que el port no debería tener.
Con todo, este sigue siendo el punto más alto de la trilogía Survivor y uno de los mejores juegos de acción y aventura disponibles en Nintendo Switch 2. La llegada de Shadow of the Tomb Raider a la consola parece inevitable, y con este precedente, las expectativas están bien fundamentadas.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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