[Análisis] State of Mind

El género de la ciencia ficción nos ha dotado de grandes historias desde sus comienzos, que aunque parece nacer en el siglo XX, consta de multitud de obras datadas mucho atrás, como puede ser el Frankestein de Mary Shelley, publicado un siglo antes de que se acuñara el término «ciencia ficción» tal y como lo conocemos hoy en día. Verne, Poe y Kepler también fueron literatos que anticiparon este género con sus novelas, varias de ellas inspirarían en un futuro a autores como Isaac Asimov, considerado uno de los más grandes en cuanto a ciencia ficción se refiere. Y es que, el género de la «ficción científica» como muchos prefieren llamarlo debido a su mayor concordancia, tiene mucho que ofrecer, aún más en el joven sector videolúdico.

El futuro, inteligencias artificiales, conspiraciones, suciedad,… todo esto y más recoge la nueva historia que nos quiere contar Daedalic Entertainment a través de su nuevo juego narrativo State of Mind, lanzado el pasado 15 de agosto.

 

El Gran Hermano te observa

Nos ponemos en situación, Berlín, año 2048, la tecnología ha avanzado de maneras increíbles en las últimas décadas y se ha llegado a implantar en las vidas de las personas de manera irremplazable, los robots están sustituyendo a los trabajadores de a pie, el nivel de contaminación sobrepasa los límites salubres y la escasez de recursos ha llegado a extremos peligrosos para la proliferación de la vida en el planeta. Las calles más sucias son las que más han llamado mi atención, repletas de traficantes callejeros que nos ofrecerán identidades nuevas, pases a las infrawebs más ocultas, contraseñas e incluso, objetos y equipamiento para Neverland, una suerte de OASIS donde vivir una segunda vida en realidad virtual al más puro estilo Ready Player One. Además, todo el mundo está interconectado mediante redes que almacenan todo tipo de información para el gobierno, algo así como el Gran Hermano de la novela de Orwell, 1984. Todo esto ha provocado el estallido de múltiples conflictos bélicos en todo el mundo y el declive económico de zonas antes prósperas. Como única solución a estos problemas, la desarrollada carrera espacial y la posibilidad real de colonizar Marte se transforman en la única vía de escape.

En esta distopía acompañaremos a Richard Nolan, un antaño exitoso periodista que se enfrenta al declive de su carrera profesional mientras intenta solventar una crisis familiar de la que él tiene bastante parte de culpa. La primera escena del juego nos muestra el accidente de coche que han tenido él y su familia, poco después despertará en un hospital para descubrir que sufre amnesia. Desde primera instancia, se nos mostrará a Richard como alguien antipático con contestaciones muy bordes a un bot ayudante de su casa. No es un héroe, ni siquiera una buena persona, veremos en su recuerdos actitudes reprochables y una moralidad cambiante que nos dificultará empatizar con él.

Sin embargo, Nolan es el personaje que más me ha gustado. Es profundo, se contradice, tiene remordimientos e incluso podemos ver su evolución a lo largo de la historia. Nolan no será el único personaje jugable en el título, y aunque un elenco reducido de personajes pasarán por nuestras manos en situaciones concretas para favorecer el desarrollo de la trama, Adan Newman será el co-potagonista jugable con más relevancia. Newman también es periodista, pero se situará como la antítesis de Nolan, un tipo amable y simpático con amigos y una familia encantadora, viviendo lo que podría ser el típico «sueño americano». Además de ser personajes relativamente opuestos, el contraste se acentúa gracias a la distinta luminosidad que hay en los escenarios de cada personaje, Nolan se mueve de noche, por zonas oscuras y sucias mientras que Newman siempre está en instancias soleadas con una paleta de color pastel. En cierto punto de la historia, pasadas las dos horas de juego, las vidas de ambos personajes se entrelazarán —por motivos que no puedo revelar— y lo que parecía una trama «cotidiana» se convertirá en un thriller conspiranoico y distópico, que aunque reposado, alberga varios giros argumentales de mucha fuerza.

Como ya he dicho antes, acompañaremos a Nolan, no me he sentido como Richard Nolan en ningún momento, simplemente he observado su trayectoria como un mero espectador. La vista en tercera persona, las pocas opciones de diálogo y la —mayormente— irrelevancia de las elecciones que tomemos, son decisiones que confirman que Daedalic quiere contarnos su propia historia, no precisa de decenas de caminos y ramificaciones para que nuestros actos repercutan en la trama como lo haría un juego de Quantic Dream o una aventura de Telltale. State of Mind es una historia principalmente prefijada. No quiero decir que sea malo, simplemente es una opción de diseño que ha escogido el equipo tras el juego para adecuarse a la historia que querían contar. Se ha dejado un poco de lado la jugabilidad para hacer énfasis en la narración y no es la primavera vez que lo vemos. Las «nuevas aventuras gráficas» se alejan de las decenas de puzles y objetos que llevar en el inventario para probar y probar combinaciones, para dar paso a una estructura más cinemática. Si muchos se quejaban de la poca interacción que ofrecen los títulos de David Cage, he de decir que en State of Mind no encontraremos mucha más.

Ciberpunk 2048

Las dos primeras horas del juego son tremendamente lineales, después habrá un punto de inflexión que permitirá al jugador cambiar de personaje a voluntad. La vía para avanzar no estará señalada con una flecha gigante, pero si nos alejamos lo suficiente o interactuamos con objetos de ciertas formas, se nos dará una pista más clara sobre qué hacer. Además, podremos alternar entre distintos escenarios en los que investigar y continuar con la historia. Uno de los detalles que más me ha gustado es que cada personaje dispondrá de una agenda de «teléfono» personal con la que poder llamar a quienes estén en línea en ese instante o recibir llamadas y mensajes que proporcionarán más profundidad a la trama.

Si esperas que en State of Mind haya grandes escenas de acción con frenéticos quick time events, siento decepcionarte, el juego de los chicos de Daedalic está enfocado para un público adulto, paciente y capaz de disfrutar de diálogos serios sin perder la atención en ningún momento. Y aunque dispone de algunas secciones que intentan —con poco acierto— dotar de variedad al título, ya sea controlando drones a distancia, recomponiendo escenas del pasado o un intento pequeño de shooter, no componen ni el 20% del juego.

Arte poligonal

El apartado artístico del juego ha generado opiniones contrarias, hay quienes lo consideran acertado y otros que lo definen como «feo». Personalmente, además de recordarme a Super Hot, me gusta la elección de su estética poligonal y su estilo peliculero. El ver formas geométricas tan contundentes ayuda a que los escenarios del juego parezcan más futuristas de lo que realmente son. De hecho, pecan de estructuras nada prácticas solo para dar un aire modernista. A su vez, los rostros de los personajes carecen de la gran expresión que se puede conseguir con la tecnología actual y perjudica a las actuaciones más dramáticas. El modelado de los personajes está muy estilizado, aunque con unos cuerpos algo desproporcionados muy característicos. El diseño del mundo me parece idóneo para un universo ciberpunk, una simbiosis entre tecnología de alto standing y suciedad, el contraste entre una utopía y distopía constante.

En el apartado sonoro destacan las actuaciones de voz, sobretodo, la voz del doblador de Geralt de Rivia para Richard Nolan, una grata sorpresa. En cuanto a música, la mayoría de temas pasan desapercibidos. Como siempre, tengo que comentar que el juego viene subtitulado al español pero no con la mejor de las localizaciones, hay varios fallos en los textos que se podrían haber solucionado con una segunda revisión.

Conclusión

State of Mind trata temas no muy explotados en los videojuegos como lo son las rupturas matrimoniales, las relaciones padre e hijo o las infidelidades, unido a un mundo ciberpunk muy interesante y bien planteado. Se nota que Daedalic se ha inspirado en grandes obras de ciencia ficción como Blade Runner, Matrix y las novelas de Asimov para crear un mundo coherente y rico. No encontramos nada que no hayamos visto antes, pero aún así, se hace muy disfrutable si eres amante del género y prefieres las historias reposadas y densas antes que el espectáculo más desenfrenado.