
Ys X: Proud Nordics llega a Nintendo Switch 2, PlayStation 5 y PC (vía Steam) protagonizando uno de los contrastes más agridulces que recordamos en la escena del Action RPG. Por un lado, tenemos un motivo de celebración histórica: la incombustible saga de Falcom aterriza por fin con textos en español, derribando esa gran barrera idiomática que durante casi cuarenta años ha mantenido las aventuras de Adol Christin como un título de nicho para el público hispanohablante. Poder disfrutar de su rico lore y sus dinámicos diálogos en nuestro idioma es un triunfo que muchos llevábamos años reclamando, y que sin duda acercará la franquicia a una nueva legión de jugadores.
Por otro lado, asistimos a una decisión comercial difícil de defender. Apenas unos meses después del lanzamiento occidental del Ys X: Nordics original, esta «Edición Definitiva» se planta en las tiendas a precio completo, sin opciones de actualización para quienes apoyaron el juego base y sin ni siquiera permitir transferir las partidas guardadas. Es un jarro de agua fría para los fans más leales, que ven cómo su inversión reciente queda obsoleta en tiempo récord. Sin embargo, si logras hacer las paces con este peaje de entrada y te centras exclusivamente en lo que ofrece el cartucho, lo que te espera en el Golfo de Obelia es una de las aventuras más ágiles, refinadas y divertidas de toda la franquicia, elevando la fórmula moderna que tan bien funcionó en Ys VIII e Ys IX.
Unidos por el Maná: Adol y Karja
A nivel cronológico, esta décima entrega numerada da un salto atrás en el tiempo y sitúa a un jovencísimo Adol justo después de los eventos de Ys II. Este detalle no es menor, ya que justifica cierta inexperiencia en nuestro eterno protagonista pelirrojo, mostrándonos a un aventurero que aún se está forjando su leyenda. Su viaje junto a su inseparable amigo Dogi se trunca abruptamente cuando su navío es asaltado por los Norman, una fiera facción de clara inspiración vikinga que patrulla y controla el archipiélago. Atrapado en un pueblo insular, Adol encuentra una misteriosa caracola que no solo le otorga poderes mágicos, sino que lo encadena literalmente (y mágicamente) a Karja, la orgullosa hija del líder Norman.

Estos grilletes de Maná son la excusa perfecta que vertebra tanto la narrativa como la jugabilidad. La dinámica entre Adol y Karja es, de lejos, el corazón de la historia. Mientras que la amenaza principal (los Griegr, una horda de inmortales que busca saquear el Golfo) resulta algo genérica y predecible, el desarrollo de personajes brilla con luz propia. El arco de Karja es excelente: al principio se muestra como una guerrera distante, altiva y atrapada por las estrictas tradiciones de su pueblo, pero verse obligada a convivir con Adol y con la variopinta tripulación del navío Sandras la empuja a abrirse al mundo y a cuestionar sus propios prejuicios.
El tono general de la aventura también se beneficia de este enfoque. Huyendo del dramatismo denso o la oscuridad de otras entregas (como la melancolía de Monstrum Nox), Ys X abraza un espíritu mucho más ligero, aventurero y hasta juguetón. Las interacciones entre la tripulación, los momentos de humor sutil y la construcción de la confianza entre los personajes logran que este archipiélago se sienta vivo y cohesionado. Es un relato de madurez y camaradería que, gracias a la excelente traducción al español, resulta más disfrutable que nunca.

El combate: frenetismo y sincronización
Donde Ys X: Proud Nordics demuestra por qué la saga Ys es reverenciada en el género es, sin duda, en su sistema de combate. Falcom ha tomado una decisión arriesgada pero acertada: abandonar temporalmente el clásico sistema de grupo de tres personajes (vigente desde Ys Seven) para centrarse exclusivamente en el dúo encadenado. Controlas a Adol, cuyos ataques con espada son rápidos y ágiles, o a Karja, que empuña un hacha para asestar golpes más lentos pero devastadores. La gracia reside en el sistema Ison, que te permite alternar entre ambos al instante o pulsar un botón para que actúen al unísono, combinando sus fuerzas en ataques conjuntos gracias a sus grilletes de Maná.
Aunque el ritmo general es ligeramente más táctico y pausado que el frenesí absoluto de Ys VIII o IX, la acción sigue siendo soberbia. El juego penaliza machacar botones sin sentido y pone un peso enorme en la defensa, concretamente en el parry (bloqueo perfecto). De hecho, esquivar pierde gran parte de su utilidad frente a la enorme satisfacción (y ventaja táctica) de desviar un ataque en el momento exacto y desatar un contraataque en pareja. Las batallas contra los jefes brillan especialmente aquí, ya que exigen leer patrones, gestionar el espacio milimétricamente y saber cuándo es el momento de defender juntos y cuándo atacar por separado.

Es en esta faceta jugable donde Ys X: Proud Nordics justifica el apellido de «edición definitiva», introduciendo ajustes de calidad de vida que alteran drásticamente el ritmo de progresión. En la versión original, mejorar las habilidades requería un grindeo constante, usándolas cientos de veces en combate. Ahora, gracias a nuevos recursos como los Fragmentos de Elding, puedes subir el nivel de las técnicas de Adol y Karja de forma directa y estratégica. Esto invita a experimentar mucho más con el arsenal sin sentirte penalizado por cambiar de ataque.
Del mismo modo, la exploración a pie se ha agilizado enormemente gracias a la Arena blanca brillante, otro recurso inédito que permite mejorar los poderes de Maná. Herramientas como el gancho, que antes pecaba de ser algo lento, ahora te propulsa hacia los enemigos a toda velocidad para cerrar distancias en un parpadeo. Lo mismo ocurre con la tabla deslizante, que ha mejorado sustancialmente su control: ahora puedes ganar inercia pulsando un botón sin necesidad de bajarte de ella, permitiendo a los jugadores más hábiles encadenar saltos y movimientos por el escenario (e incluso en medio de combos) con una fluidez espectacular que recuerda a los mejores momentos de movilidad de la saga.

La vida en el mar y los secretos de Öland
Rompiendo con la tradición, Ys X nos da el timón del Sandras, un barco que sirve como medio de transporte y base de operaciones. Sobre el papel, navegar por el Golfo de Obelia suena a libertad absoluta, pero la ejecución tiene altibajos. En las primeras horas, el mar se siente restrictivo, con zonas bloqueadas y combates navales algo básicos. Sin embargo, Ys X: Proud Nordics ha ajustado el manejo inicial del barco para que no se sienta tan pesado y ha añadido nuevas corrientes de viento. Conforme reclutas tripulación y mejoras el navío, la navegación gana enteros, aunque a menudo recurrirás al viaje rápido.

La gran excusa jugable de esta reedición es isla Öland, una zona inédita que se integra de forma natural hacia la mitad de la campaña (sobre el Capítulo 5). Allí conocemos a los Shield Siblings, Canute y Astrid, en un entorno mucho más amplio y rico visualmente que soluciona la queja de la «monotonía visual» del juego original. La isla incluye jefes desafiantes y la nueva habilidad que permite manipular objetos del entorno (aunque resulta la menos inspirada del arsenal). Para los más atrevidos, el juego suma Muspelheim, una dificilísima mazmorra contrarreloj orientada al endgame que pone a prueba todo lo aprendido.
Un salto técnico evidente
El hardware de Nintendo Switch 2 le sienta a Ys X como anillo al dedo. Atrás quedan los 30 fps inestables y los dientes de sierra de la consola híbrida original. Ys X: Proud Nordics ofrece dos modos de visualización: uno centrado en los gráficos (resolución casi nativa a 60 fps rocosos) y otro de rendimiento (que apunta a los 120 fps apoyándose en VRR).

El uso de un ligero DLSS en esta versión occidental limpia los bordes de los modelos y da a los colores tropicales del archipiélago un brillo espectacular. Los tiempos de carga son mínimos y las transiciones rapidísimas. No obstante, el motor de Falcom sigue mostrando costuras: hay popping evidente de elementos en la lejanía y ligerísimos tirones en combates repletos de efectos de partículas. No es un portento next-gen, pero es la versión más limpia y estable que el juego podía tener.
Conclusión
Evaluar Ys X: Proud Nordics exige separar la obra de su modelo de negocio. Como Action RPG, es un título sobresaliente. La química entre Adol y Karja, un sistema de combate dual adictivo que premia la destreza, el inédito (y esperado) aterrizaje de los textos en español y las importantes mejoras de fluidez en Switch 2 conforman una aventura marinera fantástica. La inclusión de la isla Öland aporta variedad y las mejoras en la progresión hacen que el juego respire mucho mejor.
Sin embargo, exigir el pago completo a los fans que apoyaron la entrega original hace unos meses, negándoles actualizar su copia o mantener sus horas de progreso, es un borrón imperdonable en el expediente de Falcom. Si nunca jugaste a Ys X, esta es indiscutiblemente la edición definitiva y una de las mejores puertas de entrada a la franquicia. Si ya surcaste estos mares, las novedades (por agradables que sean) difícilmente justifican volver a pagar el billete entero.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.