mouse box
Fecha de Lanzamiento
16/04/2026
Distribuidora
PlaySide
Plataformas
PlayStation 5, Xbox Series, Nintendo Switch 2 y PC
Versión analizada
Steam

Hay géneros que parecen haber dicho todo lo que tenían que decir. El boomer shooter revivió con fuerza hace unos años gracias al DOOM de 2016 y sus sucesores espirituales, pero desde entonces el mercado indie lleva tiempo inundado de propuestas que replican la fórmula sin aportarle nada propio. En ese contexto tan saturado llega Mouse: P.I. For Hire, el debut de Fumi Games publicado por PlaySide Studios, con una propuesta que desde el primer tráiler dejó claro que no iba a parecerse a nada que hayas jugado antes. No porque reinvente la mecánica del shooter en primera persona, sino porque la envuelve en una capa de personalidad visual tan aplastante que resulta difícil mirar hacia otro lado. La pregunta era si debajo de ese estilo deslumbrante había un juego igual de sólido. La respuesta, con matices, es que sí.

 

Ratonburgo es un escenario vivo

La historia arranca con un cliché conscientemente abrazado: Jack Pepper es un detective veterano de guerra con oficina cutre, gabardina arrugada y el tipo de voz cansada que solo Troy Baker puede dar con total convicción. Steve Bandel, conocido mago de escenario, ha desaparecido, y lo que empieza como una búsqueda personal va ramificándose hacia una conspiración que afecta a toda Ratonburgo: elecciones corruptas, el ascenso de un partido político autoritario y un submundo donde la prohibición del queso mueve más dinero que cualquier negocio legal. El juego no pretende ganar premios literarios con todo esto, pero sí hace algo más difícil de lo que parece: mantener el tono. MOUSE: P.I. For Hire mezcla noir de los cuarenta con sátira política y humor absurdo basado en juegos de palabras con el queso, y raramente chirría. Los momentos oscuros se sienten oscuros, y los chistes (la mayoría inevitablemente queseros) aterrizan porque el juego tiene el ritmo y la confianza necesarios para lanzarlos.

Entre misión y misión, Ratonburgo se convierte en un hub que da al juego una sensación de lugar que el género no suele tomarse la molestia de construir. La calle donde vive Jack alberga su oficina, un taller de armas, una tienda de suministros y un bar donde los personajes secundarios aparecen, desaparecen y evolucionan a lo largo de la aventura. No es un mundo abierto ni pretende serlo, pero sí tiene esa cualidad de los mejores juegos de acción narrativos donde las personas que pueblan el mundo parecen tener vida propia más allá de ser simples dispensadores de misiones secundarias.

El tablero de investigación de la oficina de Jack acumula pistas, fotos y conexiones según avanzas, y aunque en la práctica funciona más como herramienta narrativa que como mecánica de deducción real, ayuda a que el juego se sienta cohesionado. Es una de las pequeñas decepciones de Mouse: P.I. For Hire: con esta premisa y este escenario, uno esperaría que la investigación tuviera más peso jugable. La detección existe como dispositivo argumental, no como mecánica, y eso se nota en los momentos en que el juego podría haber profundizado pero decide lanzarte al siguiente combate.

 

Un shooter que arranca despacio y no para de crecer

La primera hora de Mouse: P.I. For Hire no hace justicia al juego que tienes entre manos. Con la pistola inicial y un movimiento básico, el arranque resulta funcional pero poco especial. Es en cuanto el juego empieza a desplegar su arsenal y sus opciones de movilidad cuando todo encaja. El impulso, el doble salto y la patada no son simples rellenos del set de movimientos: transforman el combate en una danza frenética donde cada sala funciona como una arena coreografiada, con espacio para flanquear, plataformas que invitan a ganar altura y enemigos que no te van a esperar quietos.

Las armas son uno de los grandes placeres del juego. El Boomstick (una escopeta de bombeo que retrocede con peso satisfactorio) y el James Gun, una Tommy Gun de cadencia devastadora con un modo de fuego alternativo que es puro caos, son los pilares del arsenal. Pero la joya de la corona es la Devarnisher: un arma que literalmente disuelve a los enemigos de tinta en charcos de hollín con ojos, una referencia directa al clímax de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? que funciona tan bien mecánicamente como visualmente. La munición limitada obliga a rotar entre armas según la situación, lo que mantiene el combate fresco durante las quince horas que dura la aventura.

El sistema de mejoras complementa bien el arsenal: los esquemas encontrados durante las misiones se llevan al taller del hub y se convierten en puntos de mejora que puedes repartir libremente entre las armas que más uses. No es un sistema profundo, pero sí inteligente en su sencillez: te incentiva a explorar cada rincón de los niveles sin convertir la gestión en una tarea.

 

Forzando cerraduras

En un juego lleno de ideas visuales, el forzado de cerrado de cerraduras es la sorpresa jugable más inesperada. Jack usa su cola como si fuera una serpiente de la vieja escuela, serpenteando por el interior del cerrojo para hacer saltar los pines, con límites de movimientos o tiempo según la cerradura. Es simple en concepto, pero tiene una satisfacción táctil que pocas minijuegos de forzar cerraduras consiguen. La única pega es que nunca evoluciona: el primer forzado y el último funcionan exactamente igual, y con algo más de complejidad progresiva podría haber sido una de las mecánicas definitorias del juego.

 

Rubber-hose noir: Cuando el estilo es el mensaje

Hablar del apartado visual de Mouse: P.I. For Hire sin caer en la hipérbole es complicado. La decisión de construir un mundo tridimensional donde todos los personajes y enemigos son sprites 2D dibujados a mano que siempre te miran de frente (la técnica del billboarding) no es nueva, pero nadie la había aplicado jamás a esta escala y con esta coherencia estética. Los escenarios son oscuros, detallados y evocadores; los personajes tienen animaciones que llevan la fluidez del rubber-hose de los años 30 al lenguaje del FPS moderno; y la paleta en blanco y negro con grano de película convierte cada sala en un fotograma de un cortometraje de Mickey Mouse que tomó un camino muy diferente.

La ausencia de color no es un obstáculo sino una herramienta: el juego usa el contraste y la iluminación con una precisión que los diseñadores llamarían chiaroscuro, guiando tu atención hacia los enemigos, los coleccionables y los objetivos de forma completamente orgánica, sin necesidad de marcadores ni flechas. En los momentos de mayor caos, con docenas de proyectiles en pantalla y varios tipos de enemigos atacando a la vez, el diseño visual consigue que todo siga siendo legible de un vistazo.

La música acompaña con la misma elegancia. La banda sonora se mueve con fluidez entre el jazz de big band y los ritmos más agresivos del combate, y hay momentos donde la batería y el movimiento en pantalla se sincronizan de una manera que resulta casi cinematográfica. La colaboración con Caravan Palace para uno de los temas del juego es un golpe de efecto que encaja perfectamente. Y Troy Baker, al que mucha gente recibió con escepticismo cuando fue anunciado, entrega una actuación que es exactamente lo que el personaje necesita: seco, cansado, con destellos de humor involuntario.

 

Pequeñas grietas en el barniz

Con todo lo que hace bien, Mouse: P.I. For Hire no está exento de problemas. El ritmo del juego sufre un bache notable a partir del ecuador: la entrega de nuevas armas se interrumpe durante un tramo considerable, justo cuando la novedad inicial empieza a asentarse. Cuando finalmente llegan las últimas incorporaciones al arsenal, el juego está a punto de terminar y apenas da tiempo a exprimirlas. Los diseños de enemigos, aunque brillantes individualmente, son limitados en variedad y se repiten entre las distintas facciones con demasiada frecuencia. Y en PC se registran algunas caídas de framerate en los tiempos de carga entre zonas, aunque en términos generales el rendimiento es impecable.

Son imperfecciones que no arruinan la experiencia, pero sí impiden que Mouse: P.I. For Hire dé el paso de excelente a obra maestra. Hay un juego todavía más grande y más redondo dentro de esta propuesta, uno donde la investigación importa de verdad, los enemigos sorprenden constantemente y el ritmo no decae nunca. Lo que está aquí es ya más que suficiente para recomendar el juego sin reservas, pero la sensación de potencial sin terminar de explotar es difícil de ignorar.

 

Conclusión

Mouse: P.I. For Hire no es el boomer shooter más profundo ni el más desafiante, pero es con diferencia el más memorable de los últimos años. Fumi Games ha construido un universo con tanta personalidad que el juego se graba en la memoria mucho después de terminar los créditos, y eso es algo que el dinero de un presupuesto AAA raramente puede comprar. Si alguna vez quisiste ver qué pasaría si Mickey Mouse se cruzara con DOOM en un callejón oscuro de los años 40, la respuesta está en Ratonburgo, y merece completamente la visita.

MOUSE: PI For Hire - MOUSE: P.I. For Hire
Sinopsis
Conoce al investigador privado Jack Pepper, un antiguo héroe de guerra convertido en detective en un mundo donde el peligro acecha en cualquier ratonera. Averigua la verdad cuando un simple caso de personas desaparecidas se convierte rápidamente en una compleja red de intrigas, corruptelas, secuestros y asesinatos. Investiga las sórdidas entrañas de Ratiburgo, enfréntate a bandas armadas y policías deshonestos, y descubre pistas para desvelar la trama que subyace bajo la superficie.
Pros
Su estética rubber-hose en blanco y negro no se parece a nada en el mercado.
Combate frenético que no para de crecer en opciones y variedad.
Arsenal memorable con personalidad propia en cada arma.
Troy Baker y un reparto que se entrega al absurdo con total convicción.
Contras
El ritmo flojea en el tramo medio sin nuevas armas.
La investigación se queda en anécdota cuando podría haber sido mecánica.
Variedad de enemigos insuficiente para quince horas de juego.
8.2
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.