
Culdcept Begins es la resurrección de una de las ideas más extrañas y fascinantes que ha dado el videojuego: un Monopoly con alma de trading card game, envuelto en la piel de un JRPG. Tras casi una década de ausencia en Occidente, la serie regresa con la ambición de ser, por fin, un punto de entrada real para quienes nunca se habían atrevido a acercarse a su reputación de complejidad casi abrumadora.
En Nintendo Switch 2 llega con su mejor cara puesta (visualmente pulido, con una interfaz ejemplar y funciones pensadas específicamente para la consola), pero bajo esa superficie amable sigue latiendo el mismo corazón caótico que ha definido a Culdcept desde sus orígenes en los noventa. Es un juego que exige aceptar, desde el primer tablero, que los dados, no siempre la estrategia, tendrán la última palabra, y esa es la apuesta que hay que estar dispuesto a hacer antes de sumergirse en él.
Una campaña que cumple, sin más
El modo historia sigue a Kamru, un joven Cepter enredado en una trama sobre sigilos elementales y una barrera mágica en peligro. Es una excusa narrativa amable, con un tono clásico de aventura de instituto fantástico, pero nunca pretende ser el centro de la experiencia. Cumple bien como introducción progresiva a las mecánicas, sin agobiar al jugador nuevo con información de golpe, aunque su dificultad se mantiene tan baja que buena parte del potencial estratégico del sistema queda dormido hasta que se juega contra otras personas.
Esto plantea un desequilibrio real: la campaña de Culdcept BEGINS es casi obligatoria para desbloquear cartas y progresión, pero no es donde el juego demuestra su mejor versión.

Un tablero con dientes
La premisa es simple de explicar y compleja de dominar: te mueves por un tablero, reclamas espacios y cobras peaje a quien pase por ellos. Hasta ahí, cualquiera reconocería el ADN de Monopoly. La diferencia está en que aquí no plantas casas ni hoteles, sino monstruos, y cuando un rival aterriza en tu territorio no paga sin más: puede desafiarte a una batalla para arrebatártelo. Ese giro convierte cada casilla en una decisión de riesgo constante, y es lo que le da a Culdcept Begins una identidad propia.
Detrás de esas batallas hay un sistema de cartas sorprendentemente denso: monstruos, objetos y hechizos que se combinan en un mazo de cuarenta cartas construido a mano por el jugador. Aquí el juego brilla de verdad, porque la variedad de estrategias posibles (desde mazos rápidos centrados en ocupar territorio hasta enfoques más pacientes basados en defensa y sabotaje) hace que cada partida se pueda enfocar de maneras completamente distintas.

El problema de fondo
Dicho esto, hay una tensión que Culdcept Begins nunca resuelve del todo: por mucho mimo que se le ponga al mazo, el juego sigue dependiendo en exceso de una tirada de dados. Es fácil jugar una partida casi perfecta (leer bien las batallas, invertir en los territorios correctos, anticipar al rival) y perderla igualmente porque el otro jugador avanzó más casillas o esquivó tus zonas por pura suerte. Esa sensación de que el esfuerzo estratégico puede quedar anulado por el azar del movimiento es la fricción más real del juego, y aparece con la suficiente frecuencia como para resultar frustrante en partidas largas.
Las batallas en sí, cuando ocurren, no siempre profundizan lo que promete el sistema de cartas: a menudo se resuelven en un intercambio rápido donde gana quien tenga el mejor equipo en mano, más que quien haya planificado mejor. Es una faceta con margen de mejora, porque el andamiaje de reglas alrededor (afinidades elementales, cadenas de terreno, espacios especiales) sugiere una profundidad táctica que no siempre se traduce en la mesa.

Donde Culdcept Begins se vuelve grande
El multijugador es, sin ninguna duda, el terreno donde todo el diseño cobra sentido. Jugar contra otra persona en lugar de una IA transforma la experiencia: el azar deja de sentirse como un obstáculo y empieza a sentirse como parte de la tensión compartida, con remontadas y giros que solo funcionan bien cuando hay alguien enfrente reaccionando a ellos. La función GameShare de Nintendo Switch 2, que permite que varios jugadores participen usando una sola copia física, es un acierto que reduce mucho la barrera de entrada para reunir un grupo.
La interfaz, por su parte, consigue comunicar de un vistazo información que en otros juegos de este calibre suele resultar abrumadora, complementando muy bien el trabajo artístico de fondo y facilitando que incluso las partidas más caóticas se mantengan legibles en todo momento.

Un apartado visual con firma propia
Gran parte de la personalidad de Culdcept Begins recae en el trabajo de Satoshi Matsuura, responsable del diseño de personajes y criaturas, y una cara que ya deberíamos reconocer si seguís nuestras reseñas habituales. Su estilo, con siluetas expresivas y un uso del color muy deliberado para transmitir personalidad e intención en cada diseño, es el mismo que ya elogiamos al hablar de Hidden Leaders, donde su trabajo en las ilustraciones de cartas ayudaba a que cada facción tuviera una identidad visual inmediatamente reconocible. Ese mismo instinto para el diseño de criaturas memorables también estuvo presente en ONI: Road to be the Mightiest Oni, donde su aportación ayudó a dar carácter a un elenco que, de otro modo, podría haberse sentido genérico dentro de su género.
En Culdcept Begins, esa mano se nota especialmente en el diseño de monstruos: cada carta transmite información de un vistazo (agresividad, rol defensivo, personalidad) sin necesidad de texto adicional, algo crucial en un juego donde el jugador debe procesar decenas de opciones en segundos. La dirección de arte general, colorida y estilizada, se aleja del tono más solemne de anteriores entregas, pero encaja mucho mejor con la vertiente de trading card game que el juego quiere potenciar, y es un ejemplo más de por qué Matsuura se ha convertido en un nombre a vigilar dentro del diseño de personajes en el panorama japonés actual.

Conclusión
Culdcept Begins es un juego que hay que aceptar en sus propios términos: si el ruido de fondo del azar te resulta insoportable, esta no va a ser tu experiencia. Pero si estás dispuesto a jugar con esa incertidumbre como parte del reto, encontrarás uno de los sistemas más originales y con más recorrido del año en Nintendo Switch 2, especialmente en compañía. No es un juego redondo, pero sí es un juego con personalidad propia, algo que escasea bastante en este género.
Lo que queda tras varias horas con el juego es la sensación de estar ante una propuesta que sabe exactamente lo que quiere ser, incluso cuando esa identidad implica fricciones que no todo el mundo va a perdonar. Culdcept Begins no busca convertirse en el próximo gran fenómeno estratégico ni competir directamente con los referentes más pulidos del género de deckbuilding; su ambición es más modesta y, precisamente por eso, más honesta: ser la puerta de entrada definitiva a una saga que durante años quedó relegada a un público muy reducido. Si el objetivo era abrir Culdcept a nuevas audiencias sin traicionar lo que la hace especial, la misión está cumplida, con matices, pero cumplida.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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