
Hay un tipo de multijugador asimétrico que ha encontrado su hueco en los últimos años gracias a fórmulas como Dead by Daylight o Friday the 13th: The Game, y OBAKEIDORO 2: Chase & Seek llega decidido a aplicar esa misma receta a un envoltorio mucho más amable, encantador y apto para toda la familia. El estudio Free Style Games recupera la propuesta del original (conocido en inglés como Bail or Jail, un título que sinceramente me parece mucho más atinado) y la expande con nuevas mecánicas cooperativas, más personajes y una identidad visual que recuerda a Professor Layton para construir algo genuinamente distinto dentro de su género.
La premisa sigue siendo la misma que hizo popular al original: un jugador controla a un monstruo, el resto son humanos que deben sobrevivir durante tres minutos escondiéndose, corriendo y, si es necesario, rescatando a sus compañeros capturados. Es una fórmula sencilla de explicar y todavía más sencilla de jugar, lo cual es tanto su mayor virtud como el origen de casi todos sus problemas. Porque cuando la partida involucra a jugadores humanos reales coordinándose entre risas y sustos, OBAKEIDORO 2 puede ser una fiesta genuinamente contagiosa; el problema aparece en todo lo que rodea a esas partidas, desde el contenido disponible hasta la experiencia en solitario.
Un escondite con acordeón de fondo
Lo primero que sorprende de OBAKEIDORO 2 es su identidad visual, que consigue ser distintiva incluso en un mercado saturado de multijugadores asimétricos. La estética recuerda directamente a Professor Layton, con un dramatismo casi teatral (el propio menú principal está ambientado en un teatro) y unos personajes chibi que esconden un toque burtonesco en sus ojos hundidos y sus líneas finas. La banda sonora refuerza esa sensación con un uso generoso del acordeón, poco habitual en videojuegos, alternando pasajes lentos y melancólicos con otros mucho más enérgicos. El resultado es una atmósfera que consigue ser inquietante sin dejar nunca de sentirse acogedora, como si estuviera pensada literalmente para niños jugando en Halloween.


Mecánicamente, la fórmula sigue siendo la del escondite clásico: los humanos se agachan tras objetos o se ocultan en hierba alta para volverse invisibles fuera del campo de visión del monstruo, mientras cuentan con la linterna como único recurso defensivo real para aturdir a su perseguidor si son descubiertos. Cada personaje aporta matices propios (cierto humano corre más rápido cerca de un fantasma, otro puede detectar la posición del monstruo bajo ciertas condiciones), y los monstruos disponen de habilidades exclusivas como atravesar paredes o rastrear huellas que cambian por completo el ritmo de caza según cuál se elija. Las novedades de esta segunda entrega, la acción de «Llamada» para coordinar rescates cooperativos y el «Superatrape» con mayor alcance para el monstruo, añaden justo la capa extra de estrategia que faltaba en el original, incentivando que agruparse con aliados sea una decisión arriesgada pero potencialmente muy recompensada.

La progresión en OBAKEIDORO 2 también juega un papel más profundo de lo que las primeras impresiones sugieren, y es una faceta que suele pasar bastante desapercibida al hablar del juego. Jugando partidas se acumulan monedas y rango, dos recursos distintos que condicionan qué se puede desbloquear: el rango determina qué objetos y personajes aparecen disponibles (o siguen bloqueados) en tiendas específicas (hay una tienda de linternas y otra de monstruos, cada una con su propio contador de rango), mientras que la moneda es la que realmente se gasta para comprarlos una vez desbloqueados. Los monstruos nuevos no son baratos: criaturas más avanzadas pueden costar varios miles de monedas y exigir rangos de monstruo bastante altos para siquiera aparecer disponibles, lo que convierte hacerse con el roster completo en un objetivo a medio plazo más que en algo inmediato. Cada linterna, por su parte, tiene sus propias estadísticas (velocidad, alcance, capacidad para dejar «grogui» al monstruo) y una habilidad concreta vinculada a un botón, lo que convierte la elección de equipo antes de cada partida en una decisión con cierto peso estratégico y no en un simple cambio cosmético. Es un sistema sencillo, pero le da sentido a seguir jugando ronda tras ronda más allá de la diversión inmediata de cada partida de tres minutos, y ayuda a explicar por qué el juego invita a «una partida más» con tanta facilidad.


El problema de jugar solo
Aquí es donde empiezan a aparecer las grietas en OBAKEIDORO 2, y de forma bastante consistente entre las distintas partidas que se pueden analizar. En el modo para un jugador contra la IA, el comportamiento de los oponentes controlados por la máquina resulta extraño en ambas direcciones: jugando como humano, es sorprendentemente fácil esconderse durante los tres minutos completos sin que el monstruo llegue a detectarte, pero en el momento en que sí lo hace, su capacidad de rastreo es tan efectiva que resulta casi imposible escapar una vez localizado. Jugando como monstruo ocurre algo parecido pero invertido: los humanos controlados por IA rara vez coordinan una estrategia real y se dirigen sin pensar hacia el interruptor de rescate en cuanto un compañero es capturado, lo que los convierte en presas fáciles pese a que, en teoría, deberían intentar sobrevivir con cautela.


A esto se suma una falta de contenido importante: solo hay cuatro mapas base, cada uno con tres variaciones que amplían ligeramente su tamaño y añaden algún efecto de escenario menor, pero que en la práctica funcionan como una forma de estirar artificialmente la sensación de variedad, obligando a repetir los mapas pequeños varias veces para desbloquear las versiones más grandes. El rol de superviviente, además, se siente bastante limitado en comparación con otros títulos del género: no existe ningún objetivo más allá de sobrevivir, rescatar a los compañeros es completamente opcional, y una vez capturado no hay ninguna ventana de reacción o intento de fuga antes de acabar directamente en la celda (una decisión de diseño que contrasta con otros asimétricos donde el monstruo debe arrastrar a su víctima antes de encerrarla, dejando siempre una última oportunidad)

Donde el juego realmente brilla
Todo esto cambia notablemente en cuanto entran en juego otros jugadores humanos reales, y aquí es donde OBAKEIDORO 2 demuestra que su diseño está pensado sobre todo para ese contexto. Coordinarse con compañeros para distraer al monstruo, pulsar simultáneamente los dos botones necesarios para liberar a un preso, o calcular el momento exacto para usar la linterna y salvar a alguien en el último segundo, genera precisamente esos momentos de tensión compartida y alivio colectivo que hacen funcionar a los mejores party games. El balance entre bandos también se sostiene bien: ninguno de los dos roles se siente sistemáticamente sobrepoderoso, y las derrotas suelen sentirse como consecuencia de decisiones propias más que como una injusticia del sistema, incluso enfrentándose a jugadores de nivel muy superior.


El multijugador local a pantalla dividida es, sin duda, la decisión de diseño más curiosa de todo el paquete: en un juego que depende del sigilo y de no saber dónde está el rival, jugar con las pantallas compartidas en el mismo sofá exige básicamente un sistema de honor entre los presentes para no mirar la pantalla ajena. Es una idea que, sobre el papel, suena a receta para el desastre, pero que aun así resulta una opción bienvenida para quien quiera jugar sin depender de conexión online. En ese terreno, el multijugador en línea funciona de forma fiable, aunque con una limitación molesta: la ausencia de selección manual de mapa, que obliga a esperar la rotación automática (potencialmente hasta una hora) si el escenario actual no resulta de tu agrado.

Conclusión
OBAKEIDORO 2: Chase & Seek es, en el fondo, dos juegos distintos según con quién se juegue. Acompañado de amigos reales, ya sea en el sofá o en línea, ofrece exactamente ese caos alegre y contagioso que busca cualquier buen party game: partidas cortas, tensión constante y momentos de rescate in extremis que se recuerdan bien después de apagar la consola. Las nuevas mecánicas cooperativas y la variedad real que aportan los distintos monstruos consiguen que la fórmula, pese a su simplicidad, no se sienta nunca completamente predecible cuando hay coordinación humana de por medio.
El problema es que buena parte de su contenido y de su diseño en solitario no está a la altura de esa experiencia social. La IA se comporta de forma errática en ambos extremos, el catálogo real de mapas es más reducido de lo que aparenta, y el rol de superviviente carece de la profundidad que sí tienen otros representantes del género. Es, en definitiva, un juego encantador y con una identidad visual y sonora que merece mucho reconocimiento, pero que solo despliega todo su potencial cuando se juega exactamente como estaba pensado: rodeado de gente dispuesta a gritar, reír y coordinarse en apenas tres minutos. Si esa es tu situación habitual, en OBAKEIDORO 2 hay una fiesta pequeña pero genuina esperando; si buscas algo que sostenga solo horas de juego en solitario, la decepción está prácticamente garantizada.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.