A Debate (I): Comienzo de la nueva generación (PlayStation 5 vs Xbox Series X|S)

[A Debate] Comienzo de la nueva generación (PlayStation 5 vs Xbox Series X|S)

Algo más de cuatro meses han pasado desde que debutó la nueva generación. Microsoft y Sony, respectivamente, lanzaron sus sistemas al mercado el pasado noviembre, y desde entonces las noticias sobre la falta de stock de los mismos han sido una constante. Especulación, colapsos digitales y un sinfín de caos han propiciado que, casi medio año después, apenas 9 millones de usuarios (sumando las ventas de ambos sistemas) disfruten actualmente de las codiciadas consolas. Pero, problemáticas a parte, estas semanas han servido para vislumbrar ciertas tendencias en ambas compañías, hojas de ruta que parecen marcar el inicio de lo que apunta a ser un enfrentamiento de ideas. Sin más dilación, este es el estreno de A Debate, una sección donde Abelardo González (servidor en esta ocasión) y Jon de Aguirre, debatirán mensualmente tratando diferentes temas de actualidad y ofreciendo su visión al respecto (qué raro es esto de escribir en 3ª persona).

 

PlayStation 5 Abelardo González

Casi medio año ha pasado desde que PlayStation 5 colapsó el mercado. A día de hoy, cada unidad que aterriza en los almacenes de cualquier tienda del globo terráqueo tarda poco en abandonar ese sombrío lugar. Así, en lo que a ventas se refiere, el nuevo sistema de Sony es un éxito rotundo, rozando los 6 millones de usuarios y casi duplicando en ventas a Xbox Series X. Sus juegos, a la vez que se suman a esta ola frenética de ventas, acaparan nominaciones y galardones a partes iguales. El futuro, de hecho, pinta esperanzador: Horizon: Forbidden West, Returnal, Ratchet & Clank: Rift Apart… Con los números en la mano, es insensato afirmar que el inicio de Sony en la next-gen no es exitoso, ya que la consola no para de batir y acaparar récords. Pero, lejos de esta farándula, de los brillos y el champagne que adornan tantos logros, existe una realidad que asusta a más de un usuario: en estos momentos, nada justifica la compra de una PlayStation 5.

Como usuario de la misma, no puedo estar más contento con ella. Aquel ruido ensordecedor de PlayStation 4 Pro es ya solo un recuerdo, bonito incluso, con ese cariño nostálgico que guardamos a ciertas experiencias que pudieron ser mejores. Los tiempos de carga se han visto excesivamente reducidos, y detalles como el acoplamiento de la PS Store al menú o las diferentes funcionalidades del DualSense han hecho que tarde en acostumbrarme a las virtudes de PlayStation 5 mucho menos de lo que me gustaría admitir. Pero, pese a esto, no existen motivos de peso por los que dar el salto, y esto se debe a que, aún con todas las mejoras mencionadas, Sony sigue sin hacer diferenciación en el aparato crucial de las consolas: los videojuegos. Muchos de estos, que podrían ser el alma de los sistemas,  pueden disfrutarse aún en PS4, la ya añeja consola de Sony. De hecho, en estos instantes solo existen 4 exclusivos reales del sistema: Astro’s Playroom, Destruction AllStars, Bugsnax y Demon’s Souls, el baluarte (no para todos los públicos) de un catálogo bastante flojo.

Es cierto que, aún yendo (de media) a un juego exclusivo por mes, la presencia de los mismos en el sistema anterior resta valor en la mayoría de los casos. Muchos usuarios habrán disfrutado de Marvel’s Spider-Man: Miles Morales o Sackboy: Una aventura a lo grande en PS4, y seguro que esos mismos desean hacer lo propio con el futuro Horizon: Forbidden West. Es lógico, el usuario medio no va a gastarse 500€ en mejorar sus prestaciones y ahorrar tiempos de carga, ni la propia PlayStation va a renunciar a un parque que se acerca a los 120 millones de usuarios. De hecho, corren tiempos extraños, meses (que se auguran años) en los que esta industria estará copada de retrasos y cancelaciones, motivos suficientes por los que tanto jugadores como desarrolladores se planteen si realmente merece la pena gastarse ese dinero. Personalmente, como poseedor de PS5, mi experiencia como jugador se ha visto enormemente enriquecida, gracias a las virtudes del sistema en comparación con la consola anterior, pero me cuesta recomendar un producto que, al menos por el momento, se siente en fase beta. El futuro, eso sí, pinta extremadamente esperanzador.

 

Xbox Series X|S – Jon de Aguirre

Es evidente que Microsoft está tirando hacia otros derroteros. Con su sistema de suscripción, la filosofía del ‘Play Anywhere’, xCloud y dos consolas muy diferenciadas para dos tipos de público distintos, todo parecía encajar de cara al inicio de la novena generación de consolas. Pero fallaron algunos números de la ecuación, ¿eh, Halo Infinite?

Xbox Series S/X han sido un éxito absoluto, únicamente solapado por la falta de stock. La nueva gama de los de Redmond, eso sí, ha buscado mantenerse convencional: mando similar e idénticas interfaces a las de Xbox One. El salto se ha sentido más como un paso; todo se percibe igual, aunque mejor. Es posible que este sea uno de los objetivos de la estrategia de los americanos, el asemejarse más a un cambio de PC, con mejores y más potentes prestaciones, que a un salto generacional per sé.

De hecho, una de las más grandes virtudes de las nuevas máquinas es la posibilidad de jugar a todo lo que ya tenías, pero mejorado. La retrocompatibilidad capaz de unir hasta cuatro generaciones es un regalo que, esperemos, continúe creciendo. Cuando encendí mi Series X y puse mi perfil, fue todo un agrado observar cómo mi biblioteca se mantenía intacta. Todo seguía ahí. En ese aspecto, los jugadores que venimos de One nos sentimos como en casa.

¿Qué hay de nuevos exploradores que se adentren en el ecosistema Xbox por primera vez? Ahí entra la otra parte de la estrategia de Microsoft y la que lleva siendo desde hace meses su mayor apuesta. Obviamente, hablamos de Game Pass (porque el Gold navega perdido en aguas oscuras, esperando ser tragado por el mar de una vez por todas). Un jugador nuevo, por precios irrisorios, ya tendría acceso a cientos de videojuegos y a gran parte de la oferta exclusiva de la marca. Junto con el precio de Series S, se ha convertido en una oferta de entrada a la nueva generación adaptada a más público que nunca antes. ¿Cuál ha sido, entonces, el problema?

Creo no equivocarme cuando digo que, en cuanto a juegos nuevos se refiere, la escasez ha sido mayor que la de consolas en stock. La gran baza que suponía Halo se convirtió en un arma de doble filo cuando sus gráficos no denotaban una evolución lógica (mala publicidad para ‘la consola más potente’) y su retraso dejó al lanzamiento más solo que lo que desearía estar Geralt De Rivia en sus aventuras. Una fecha de salida que, posiblemente, sea recordada como uno de los lanzamientos más flojos de la industria.

Como poseedor de Series X, no he perdido el tiempo. He catado las mejoras visuales de muchísimos títulos de meses y años pasados; he disfrutado de la velocidad que supone tener un SSD y la magia del Quick Resume, un avance maravilloso; incluso me lo he pasado rotundamente bien con algunos de los lanzamientos que han ido llegando a Game Pass, como un The Medium que trató de abrazar las nuevas tecnologías. Pero todavía, casi medio año después, no sé de qué es realmente capaz esta generación.

Si alguien llega queriendo disfrutar de los juegos más bestias del mercado, he de decirle que no, que aquí no están. No han llegado. Ni se les ha visto aparecer. ¿Cómo justificar entonces la compra de una consola que no aprovecha sus capacidades? Pues realmente no se puede, al menos en lo que a juegos nuevos se refiere. Todo está en Xbox One por mucho menos dinero, salvo contadas excepciones.

Partiendo por caminos distintos, pareciese que Sony y Microsoft se han encontrado en un bar de carretera. Allí están, charlando sobre futuros apasionantes y ‘se vienen cositas pronto’, mientras los jugadores que apostaron de inicio por sus cartas yacen sedientos, a la espera de un buen as de corazones. Creo que, de haberse estrenado a finales de 2021, todo podría haber sido muy distinto.

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