[Análisis] Nioh 3

[Análisis] Nioh 3

Nioh 3 box
Fecha de Lanzamiento
06/02/2026
Distribuidora
Koei Tecmo
Plataformas
PlayStation 5 y PC
Versión analizada
PlayStation 5

La saga Nioh siempre ha ocupado un lugar extraño en el panteón de los Soulslike. Mientras que otros intentaban imitar la atmósfera opresiva o el diseño de niveles de FromSoftware, Team Ninja optó por la velocidad vertiginosa y una complejidad mecánica que rozaba lo obsesivo. Con Nioh 3, el estudio ha decidido dar su paso más ambicioso y arriesgado hasta la fecha: romper las cadenas de su estructura de misiones tradicional para abrazar un diseño de «campo abierto» interconectado. Es imposible no trazar paralelismos con lo que Elden Ring supuso para Dark Souls; estamos ante una evolución masiva que busca democratizar la dificultad sin sacrificar la precisión quirúrgica que define a la franquicia.

Sin embargo, esta transición no es solo un cambio de escenario, sino una reescritura de la filosofía de diseño del estudio. El juego abandona la seguridad de las arenas cerradas para lanzarnos a un Japón feudal fracturado por el tiempo y la corrupción, donde aldeas malditas y bosques infestados de Yokai se entrelazan de forma orgánica sin pantallas de carga. Para los veteranos, esto supone un cambio de ritmo drástico: la tensión ya no se concentra en pasillos estrechos, sino que permea regiones enteras. A pesar de la magnitud de los cambios, Nioh 3 sigue siendo, en su núcleo, una celebración del masoquismo lúdico. Team Ninja ha construido una bestia que exige compromiso total, un título que no busca llevarte de la mano (aunque sus tutoriales sean mejores que nunca) sino retarte a dominar sistemas que se apilan unos sobre otros. Es una entrega que se siente más «viva» y desordenada que sus predecesores, un caos controlado de acero y magia que, cuando funciona, ofrece una satisfacción inigualable, pero que también tropieza ocasionalmente bajo el peso de su propia ambición desmedida.

 

 

Crónica de dos hermanos y un tiempo roto

La narrativa de Nioh 3 nos sitúa en 1622, en los albores de la dinastía Tokugawa, pero con un giro sobrenatural que mezcla historia y mito. Asumimos el papel de Tokugawa Takechiyo, un protagonista personalizable y nieto de Ieyasu, que se ve arrastrado a un conflicto fratricida contra su envidioso hermano, Tokugawa Kunimatsu. La trama gira en torno a la «Crucinita» y las Piedras Espirituales, catalizadores de emociones que conceden deseos a costa de la moralidad, y que han fracturado la línea temporal enviándonos a diferentes eras para limpiar la corrupción. La premisa de viajar en el tiempo promete sobre el papel, pero la ejecución se siente dispersa: es un trasfondo fascinante que justifica la variedad de biomas, pero a costa de sacrificar la cohesión de un relato que a menudo se pierde en su propia complejidad.

Uno de los puntos más débiles es la caracterización del propio Takechiyo. A pesar de contar con un creador de personajes robusto y una mejor dirección de voz que en entregas pasadas, el protagonista a menudo se siente como un espectador pasivo en su propia historia. Mientras que el villano Kunimatsu destila veneno y carisma en su limitado tiempo en pantalla, nuestra interacción con el mundo se reduce a ser la espada que corta lo que se le pone delante. La narrativa ambiental, que debería ser el pegamento de este mundo abierto, brilla por su ausencia en demasiadas ocasiones, obligándonos a buscar el contexto en registros opcionales o descripciones de objetos, una tarea que se vuelve tediosa dada la densidad de la trama histórica japonesa.

No obstante, el concepto de «El Crisol» actúa como un ancla temática y mecánica potente. Estas zonas de corrupción, que deforman la realidad convirtiendo ciudades enteras en pesadillas infernales, no solo sirven como picos de dificultad, sino que visualizan el coste de la ambición desmedida de los señores de la guerra. Limpiar estas áreas y devolverlas a su estado natural ofrece una satisfacción que va más allá del simple loot; es una restauración del orden en un mundo que se siente perpetuamente al borde del colapso. Aunque la historia principal puede resultar difícil de seguir para los no iniciados, la atmósfera de tragedia y heroísmo trágico sigue siendo un sello de identidad que Team Ninja maneja con maestría.

 

Un mundo abierto: ¿Libertad o lista de tareas?

La estructura de Nioh 3 abandona el selector de misiones por regiones semi-abiertas interconectadas, un diseño que transforma radicalmente la experiencia. Por un lado, la exploración se siente más orgánica y peligrosa: ya no eliges un nivel desde un menú seguro, sino que caminas físicamente hacia el horror. La verticalidad ha ganado un protagonismo inédito gracias a la inclusión del salto, el doble salto y la capacidad de correr por las paredes, herramientas que abren nuevas vías tácticas y atajos inteligentes en el diseño de niveles. Este enfoque consigue que el mundo se sienta grande y denso, sin los espacios vacíos que suelen plagar el género, recompensando la curiosidad con santuarios ocultos y jefes opcionales.

Sin embargo, esta libertad tiene un precio evidente. La mecánica de «revelación de mapa», que funciona casi como una lista de verificación de actividades, acaba volviéndose repetitiva tras las primeras horas. Limpiar campamentos enemigos, purificar Crisoles y encontrar Kodamas perdidos se convierte en un bucle que diluye la tensión característica de la saga. Lo que antes eran encuentros meticulosamente diseñados en pasillos estrechos, ahora a veces se siente como contenido de relleno disperso para justificar la escala del mapa. Además, el reciclaje de activos es innegable: encontrarse con los mismos jefes de Nioh 1 y 2 (como el infame Kamaitachi) en múltiples regiones del mundo abierto resta impacto y frescura a la exploración.

A pesar de la repetición, el sistema de progresión vinculado a la exploración es sólido. Interactuar con el mundo no solo da botín, sino que desbloquea puntos de interés y recursos vitales para la forja. Nioh 3logra un equilibrio interesante donde «perderse» es viable pero peligroso; desviarse del camino principal puede llevarte a zonas donde los enemigos te superan drásticamente en nivel, actuando como barreras naturales que te invitan a volver más tarde. Es un diseño que premia la paciencia y el grindeo estratégico, permitiendo a los jugadores fortalecerse antes de enfrentar los muros de dificultad obligatorios, democratizando la experiencia sin necesidad de un selector de dificultad tradicional.

 

El arte del combate: Samurai vs. Ninja

El corazón de Nioh 3 sigue siendo su combate, y aquí Team Ninja ha introducido su cambio más radical: la separación estricta entre el Estilo Samurai y el Estilo Ninja. El Samurai mantiene la esencia clásica de la saga: posturas (alta, media, baja), gestión precisa del Ki (estamina) y el uso del «Pulso de Ki» para recuperar energía y mantener la presión. Es un baile deliberado y técnico que recompensa el conocimiento profundo de las armas tradicionales. Por otro lado, el Estilo Ninja prescinde de las posturas y del Pulso de Ki tradicional en favor de una mecánica llamada «Niebla» y una agilidad extrema, centrada en el sigilo, herramientas arrojadizas y ataques rápidos que fomentan un juego más acrobático y evasivo.

Esta dicotomía generará sensaciones encontradas. Para los puristas, perder las posturas en el estilo Ninja se sentirá como una simplificación excesiva que limita la expresión técnica; sin embargo, para otros, la capacidad de cambiar instantáneamente entre ambos estilos en mitad de un combo abre un abanico de creatividad ofensiva sin precedentes. Imaginad comenzar un duelo con la pesadez de una Odachi en postura alta de Samurai, romper la guardia del enemigo, y cambiar al instante a Ninja para desatar una lluvia de shurikens y rematar con una ejecución rápida. La fluidez de este sistema es reveladora, invitando a dejar de optimizar una sola build para experimentar con la sinergia de ambas disciplinas.

Además, se introducen nuevas mecánicas como la «Maestría de Artes«, que desbloquea Artes Marciales devastadoras al jugar de forma agresiva, y la «Ruptura«, una maniobra defensiva diseñada para repeler ataques poderosos. Aunque esta última carece a veces del impacto visceral de los contraataques de Nioh 2, el conjunto de herramientas ofensivas es abrumador. Con nuevas armas como cadenas, abanicos de guerra y armamento imbuido de Yokai, Nioh 3 ofrece una profundidad que intimida. Cada encuentro con un jefe es un examen final que demanda no solo reflejos, sino un entendimiento profundo de estas mecánicas entrelazadas; la victoria aquí no se regala, se arranca con sangre y sudor.

 

Luces y sombras en lo técnico-visual

Visualmente, Nioh 3 es un paso adelante, aunque quizás no el salto generacional definitivo. La dirección artística brilla especialmente en las zonas del «Crisol», donde la realidad se retuerce en paisajes oníricos de colores saturados y geometría imposible. Los modelos de los personajes y los diseños de los Yokai siguen siendo de lo mejor de la industria, mezclando lo grotesco con una belleza trágica que fascina y repele a partes iguales. Sin embargo, el rendimiento en la PlayStation 5 base sufre notablemente: caídas de framerate en zonas densas, problemas de carga de texturas (pop-in) y errores de colisión que pueden resultar fatales en un juego donde la precisión lo es todo.

El apartado sonoro presenta un contraste similar. Los efectos de sonido son contundentes y viscerales; el choque del acero, los gruñidos guturales de los demonios y los sonidos ambientales contribuyen a una atmósfera opresiva de primer nivel. Las actuaciones de voz, especialmente en japonés, son soberbias y ayudan a vender el drama de la era Tokugawa. Sin embargo, la banda sonora flaquea en variedad: aunque cuenta con piezas orquestales y tradicionales competentes, la música de combate y exploración se repite hasta la saciedad. En un juego de 60-80 horas, escuchar el mismo tema de batalla una y otra vez acaba cansando y restando épica a los enfrentamientos.

Finalmente, la gestión del inventario sigue siendo el «meta-juego» más temido de la saga. El botín cae a raudales, inundando al jugador con cientos de piezas de equipo con afijos y estadísticas minúsculas. Aunque el sistema de herrería y reciclaje es profundo, la incapacidad de marcar basura de forma eficiente y la pura cantidad de menús resultan agotadoras. Es un paraíso para los amantes de la optimización extrema, pero una barrera de entrada significativa para quienes solo quieren acción directa. El cooperativo, aunque divertido y capaz de cambiar radicalmente las estrategias de los jefes, sigue lastrado por una inestabilidad de red que a veces obliga a reiniciar sesiones, empañando una de las mejores características sociales del juego.

 

Conclusión

Nioh 3 es una obra monumental, imperfecta y fascinante. Team Ninja ha logrado trasplantar el corazón mecánico de su saga a un cuerpo de mundo abierto sin que el paciente muera en el intento, aunque las cicatrices de la operación son visibles. La libertad de exploración y la dualidad de los estilos Samurai y Ninja inyectan una frescura necesaria, creando un patio de recreo letal donde la creatividad marcial es la única ley. Es el Nioh más grande, denso y accesible jamás creado, un título que ofrece cientos de horas de contenido para aquellos dispuestos a sumergirse en sus abismos.

No obstante, su propia escala a veces juega en su contra. La repetición de contenidos, el reciclaje de enemigos y una narrativa que se pierde en su propia complejidad temporal impiden que alcance la perfección redonda de sus predecesores más lineales. A pesar de estos tropiezos, cuando el acero choca y la danza de la muerte comienza, Nioh 3 demuestra por qué sigue siendo el rey indiscutible del combate en el género de acción RPG. No es un juego para todos, pero para los fieles y los temerarios, es una obsesión inevitable.

Nioh 3
Sinopsis
El protagonista, Takechiyo Tokugawa, se embarca en una batalla que trasciende el tiempo para cambiar el destino y salvar a Japón, que está gobernado por yokai. Lleva a cabo una exploración intensa en un extenso mundo abierto, y cambia de forma fluida entre los estilos “samurái” y “ninja” en un instante. Encuéntrate con un elenco diverso de figuras históricas.
Pros
La alternancia fluida entre Samurai y Ninja ofrece una profundidad táctica inigualable.
El equilibrio entre exploración abierta y verticalidad es refrescante.
La personalización de builds, habilidades y equipo es el sueño de cualquier veterano.
Contras
El mundo abierto a veces se siente como una lista de tareas, con jefes y enemigos reciclados de entregas anteriores.
Caídas de framerate y glitches en PS5, sumado a una música repetitiva.
La gestión de botín sigue siendo una tarea administrativa pesada.
8.8
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.