
Hay secuelas que nacen puramente de la necesidad artística de expandir un universo fascinante. En 2023, el estudio independiente Wishfully nos regaló uno de los plataformas cinemáticos más bellos de la década, y ahora han decidido que la historia en el planeta Novo aún tenía mucho que contar. Planet of Lana II: Children of the Leaf llega para consolidar la fórmula de su predecesor, manteniendo su esencia intacta pero añadiendo nuevas capas de complejidad a sus rompecabezas. En GaminGuardian nos hemos sumergido de lleno en esta nueva epopeya ecologista, y aunque la experiencia base es multiplataforma, hemos comprobado que la flamante versión de Nintendo Switch 2 se perfila como el ecosistema perfecto para disfrutar de esta pintura en movimiento.
El precio del progreso: Una historia de codicia humana
Han pasado dos años desde los eventos del primer título. Lana, nuestra joven protagonista, ha crecido, y su vínculo con Mui, la adorable y misteriosa criatura felina que la acompaña, es ahora más fuerte que nunca. El planeta Novo vive una época de prosperidad gracias al uso de tecnología antigua que dejaron atrás los invasores robóticos, pero este avance ha traído consigo una consecuencia inevitable: la avaricia. Una nueva tribu humana, conocida como los Dijinghala, ha comenzado a emplear enormes máquinas para extraer y explotar los recursos naturales del planeta a un ritmo alarmante.
Este conflicto adquiere un tono muy personal cuando Anua, la joven sobrina de Lana, es envenenada gravemente por culpa de una roca extraída por estos saqueadores. A partir de aquí, Lana y Mui emprenden un viaje contrarreloj para encontrar una cura. A nivel narrativo, el juego bebe indudablemente de las influencias de Studio Ghibli (especialmente de obras como La Princesa Mononoke), enfrentando la pureza de la naturaleza contra la fría maquinaria industrial. Todo esto se cuenta sin una sola línea de diálogo comprensible, apoyándose de manera magistral en la narrativa ambiental, los gestos de los personajes y un idioma alienígena inventado. El único tropiezo real del guion de Planet of Lana II es su desenlace: la historia termina de forma abrupta tras entre seis u ocho horas de juego, sintiéndose en sus últimos compases como un prólogo descarado para una tercera entrega, en lugar de cerrar su propio arco emocional.

Nuevos trucos, misma esencia
A los mandos, el título evita inteligentemente el clásico «síndrome de Metroid». Lana no sufre amnesia ni pierde misteriosamente sus habilidades pasadas; conserva todo lo aprendido en el primer juego desde el primer minuto. Además, el salto temporal de dos años se refleja en su agilidad: ahora es capaz de nadar buceando bajo el agua, deslizarse por el suelo en plena carrera y ejecutar ágiles saltos apoyándose en las paredes, lo que dota a las secciones de exploración de una verticalidad y un dinamismo muy de agradecer.
Planet of Lana II sigue anclado en la tradición de plataformas cinemáticos como Inside o Limbo. Esto significa que Lana no es una guerrera y carece por completo de ataques cuerpo a cuerpo o armas; toda la acción se resuelve invariablemente mediante el sigilo, la manipulación del entorno y la evasión. Sus preciosas animaciones tienen un peso y una inercia realista que, de vez en cuando, te harán calcular mal un salto o caer víctima de un rayo láser enemigo de forma inevitable. Es un diseño basado en el ensayo y el error, pero que jamás llega a frustrar gracias a un generoso sistema de puntos de control (checkpoints) que te devuelve a la acción al instante. Además, el ritmo pausado de los rompecabezas se rompe puntualmente con unas espectaculares secuencias de persecución que te exigen pensar y reaccionar a velocidad de vértigo.

Mui y el arte de poseer
Si bien Lana pone el músculo plataformero, es su compañero Mui quien brilla en el diseño de puzles. Manejando a la criatura de forma remota con el stick derecho del mando, Mui no solo puede accionar interruptores o descolgar cuerdas como antaño, sino que ahora cuenta con la capacidad de emitir descargas eléctricas para noquear robots y encender generadores. Sin embargo, la gran revolución de esta secuela es su nueva habilidad de posesión.
A lo largo de los nuevos biomas (que van desde densas selvas tropicales hasta gélidos páramos nevados), Mui puede tomar el control mental de ciertos animales del entorno. Las posibilidades son fascinantes: puedes poseer a un pez para que expulse una nube de tinta bajo el agua y ciegue temporalmente a las torretas submarinas (permitiendo a Lana cruzar nadando), dominar a insectos voladores para transportar agua y regar plantas gigantes por las que trepar, o controlar criaturas de hielo para crear puentes seguros sobre pozos de lava.
Es una mecánica inteligentísima y visualmente muy variada, aunque no está exenta de fricciones. Mientras que la mayoría de los puzles son increíblemente intuitivos (el juego es brillante a la hora de enseñarte mecánicas nuevas sin abrumarte), algunas de estas secciones de posesión animal exigen un control cronometrado muy estricto en espacios agobiantes. Repetir estas secuencias varias veces puede llegar a romper el excelente ritmo meditativo que caracteriza al resto de la aventura.

El músculo técnico de Nintendo Switch 2
A nivel visual, Wishfully ha logrado superarse. Planet of Lana II prescinde de las líneas de contorno (los temidos outlines), creando unos escenarios pintados a mano donde los primeros planos, la acción central y los fondos montañosos se funden con una profundidad de campo asombrosa. Esta belleza visual se eleva gracias a la inconmensurable banda sonora orquestal de Takeshi Furukawa (compositor de The Last Guardian), que convierte la música en un elemento central del propio universo del juego (los robots se comunican mediante motivos musicales muy reconocibles).
Pero si hay un motivo de peso para decantarse por esta edición es el impecable trabajo de optimización realizado para el nuevo hardware de Nintendo. Planet of Lana II corre a rocosos 60 fotogramas por segundo y a una resolución de 1080p, tanto en el modo Dock conectado al televisor como en el modo Portátil. Las texturas, la iluminación dinámica y los efectos de partículas están a años luz de lo visto en el hardware anterior, justificando de sobra por qué el peso de la instalación se ha disparado de los 11.3 GB originales a los imponentes 29.2 GB en esta consola. Por suerte, los poseedores del título en la Switch original pueden reclamar el paquete de actualización gráfica de forma completamente gratuita, una política pro-consumidor que merece todos los aplausos.

Conclusión
Planet of Lana II: Children of the Leaf es una secuela de manual en el mejor de los sentidos. Expande y perfecciona todo lo que hizo grande a la obra original, dotando a sus protagonistas de nuevas herramientas y ofreciéndonos algunos de los puzles más satisfactorios del género. La versión de Nintendo Switch 2 demuestra ser un lienzo inmejorable para disfrutar de su deslumbrante apartado artístico y su melancólica banda sonora sin compromisos de rendimiento. Y aunque sus mecánicas de posesión puedan hacerse un tanto pesadas en momentos puntuales y su abrupto final se sienta más como un trámite comercial que narrativo, su viaje de unas cinco horas sigue siendo una de las experiencias ecologistas y de ciencia ficción más hermosas que vas a jugar este año.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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