
Star Fox ocupa un lugar peculiar dentro del catálogo de Nintendo, más cercano al de una reliquia venerada que al de una franquicia en activo. A diferencia de Mario o Zelda, que reciben entregas nuevas con regularidad, el equipo de Fox McCloud lleva años apareciendo casi exclusivamente en forma de cameos, remasterizaciones o guiños dentro de otros juegos, lo que ha convertido cada regreso en un pequeño acontecimiento dentro de la comunidad. Ese contexto añade una capa de expectación distinta a este lanzamiento: no se trata solo de si el remake funciona bien mecánicamente, sino de si logra recordarle a Nintendo, y a los propios jugadores, por qué esta saga merece algo más que visitas esporádicas.
Star Fox regresa tras una década de ausencia con un remake de Lylat Wars que Nintendo utiliza, una vez más, como escaparate técnico de su nueva consola. La saga siempre ha tenido esa doble función de referente del género de disparos sobre raíles y de termómetro para medir hasta dónde puede llegar el hardware de turno, desde los polígonos pioneros de la SNES hasta el Rumble Pak de Nintendo 64. Esta nueva entrega, desarrollada por Velan Studios, no reinventa el diseño de niveles del clásico de 1997 pero lo envuelve en una presentación que roza lo espectacular.
Corneria en guerra, otra vez
La historia mantiene la premisa original: el Dr. Andross, desterrado al planeta Venom, desata un ataque total contra el sistema Lylat, y el General Pepper recluta al equipo mercenario Star Fox para devolver el golpe. Lo que cambia sustancialmente es cómo se cuenta esta vez, con nuevas cinemáticas antes de cada misión y diálogos entre el equipo a bordo de la Great Fox que dan personalidad a cada piloto. Falco funciona casi como un arquetipo al estilo Han Solo, Slippy aporta su perfil técnico como ingeniero del equipo, Peppy ejerce de ancla veterana que luchó junto al padre de Fox, y el propio Fox equilibra liderazgo serio con algo de sarcasmo.

Estas conversaciones entre misiones no se limitan a rellenar tiempo: explican por qué el equipo elige un planeta u otro, ya sea por razones estratégicas o emocionales, y reflejan cómo la relación entre los pilotos evoluciona con el tiempo, desde la actitud inicialmente desconfiada de Falco hacia el liderazgo de Fox hasta los esfuerzos de Peppy por cohesionar al grupo. No es una revolución narrativa ni profundiza demasiado en las motivaciones individuales de cada personaje, pero añade una gravitas que el original, centrado casi exclusivamente en la charla de radio durante el vuelo, nunca tuvo.
El trabajo de voz en su doblaje al castellano es uno de los grandes aciertos de esta versión. Las interpretaciones están muy logradas, incluso por encima de lo que la saga tenía acostumbrado a sus seguidores, y el resultado se nota especialmente durante el combate, donde aliados y enemigos hablan constantemente para lanzar avisos o pedir ayuda. Desviar la vista para leer subtítulos en pleno tiroteo sería un suicidio, así que contar con un doblaje de esta calidad no es solo un lujo cosmético sino una decisión que beneficia directamente a la jugabilidad, y deja claro que Nintendo se ha tomado en serio este lanzamiento en territorio hispanohablante.

El mismo vuelo, mejor vestido
La estructura de niveles combina tramos sobre raíles con secciones de vuelo libre en arenas cerradas, exactamente como en el original, alternando entre planetas como Corneria, las profundidades acuáticas de Aquas, la tormentosa Zoness o los sectores Y y X, cargados de escombros espaciales para reforzar la sensación de escala. En el Arwing, el jugador puede realizar barrel rolls para desviar disparos, giros en U y volteretas para esquivar a los enemigos que le persiguen, y maniobras de freno y aceleración para evitar obstáculos, todas ellas condicionadas por una barra de energía que obliga a decidir con criterio cuándo ejecutarlas. El arsenal se completa con un láser con bloqueo cargado y un número limitado de bombas capaces de despejar pantallas enteras de enemigos.

Las rutas alternativas siguen siendo el corazón de la repetibilidad. Superar un atajo concreto en el primer nivel, como atravesar una serie de formaciones rocosas en Corneria, lleva a un enfrentamiento contra un buque de guerra sobre el océano, mientras que fallarlo desvía al jugador hacia el modo de vuelo libre para enfrentarse a un jefe mecánico gigante. Estas decisiones determinan qué planetas y encuentros aparecerán en la siguiente partida, con hasta dieciséis escenarios posibles de los que solo siete se revelan por partida. Dependiendo del camino elegido, el jugador también tendrá ocasión de pilotar el tanque Landmaster o el submarino Blue-Marine, vehículos que manejan de forma similar entre sí pero que aportan variedad suficiente para que sus fases se sientan distintas al resto de la campaña.
El sistema de dificultad en Star Fox añade opciones de accesibilidad bienvenidas, con un modo fácil que incluye regeneración de vida, reintentos infinitos, mejor puntería asistida, ausencia de fuego amigo y jefes más manejables. Hay, sin embargo, un problema transversal a todas las dificultades: los hitboxes reducidos y la ausencia de una señal visual clara cuando un jefe recibe daño, algo que el original comunicaba con destellos parpadeantes y que aquí se ha perdido, dificultando saber si los ataques están siendo efectivos.

Contenido para volver a despegar
Más allá de la campaña, que sigue siendo compacta y fiel a los mismos escenarios, enemigos y jefes del original sin niveles secretos ni misiones extra con James McCloud, Star Fox añade un Modo Desafío con una docena de misiones por escenario: completar fases en tiempos límite, destruir toda la tecnología visible, derrotar a jefes en segundos o vencer a Star Wolf sin recurrir a volteretas ni giros en U. Completar todos los objetivos y medallas de la campaña desbloquea además el Modo Experto, con enemigos más agresivos y recursos más limitados.

El cooperativo, donde un jugador pilota y otro dispara mediante control de ratón, resulta caótico pero refrescante, y funciona especialmente bien como introducción para quienes se acercan por primera vez al frenetismo de la acción en pantalla o para jugar en pareja con alguien poco habituado a los videojuegos. El multijugador tradicional ofrece tres mapas de vuelo libre con hasta ocho jugadores repartidos en dos equipos de cuatro, con modos de captura de zonas al estilo Rey de la Colina, recuperación de cargamento robado a piratas espaciales y recolección de restos de asteroides, todo ello aderezado con power-ups al estilo Mario Kart. Es una propuesta divertida aunque limitada: cada escenario está atado a su propio modo específico sin posibilidad de combinarlos, no existe un modo de eliminación estándar, y la ausencia de configuraciones alternativas como equipos de dos o todos contra todos deja la sensación de que el contenido podría haberse extendido más, dejando la puerta abierta a futuras ampliaciones vía actualizaciones.

Un espectáculo visual y sonoro
Donde Star Fox no da lugar a discusión es en su apartado técnico. El juego corre a 60 fotogramas por segundo estables incluso en los tramos más exigentes, con explosiones constantes, geometría en movimiento permanente y una iluminación que transforma Corneria en una ciudad futurista devastada por la guerra, con llamas reflejándose en edificios que se derrumban y humo envolviendo cada escena. El nuevo estilo artístico, más realista que el clásico y con diseños de personajes que inicialmente pueden generar cierto rechazo, termina de encajar una vez se ve en movimiento, mostrando un nivel de detalle y expresividad notable en las animaciones faciales. La banda sonora orquestal reimagina los temas originales con una grandiosidad cinematográfica e instrumentación en vivo que acompaña perfectamente cada misión, aportando tensión y solemnidad según lo requiera cada momento.

Una función curiosa de este Star Fox es la posibilidad de usar una cámara compatible para representar el propio rostro como el de uno de los personajes del reparto durante el uso de GameChat, replicando parpadeos y gestos en tiempo real. Es una función descrita como algo superflua pero sorprendentemente efectiva y divertida, tanto para quien la usa como para quien observa.
Conclusión
Star Fox demuestra que un remake bien ejecutado puede convivir con la nostalgia sin quedar atrapado en ella. Respeta el diseño de niveles y la esencia arcade del original de Nintendo 64 mientras lo viste con una presentación que aprovecha de verdad el salto generacional de Switch 2, desde la iluminación hasta un doblaje que refuerza la acción en lugar de limitarse a acompañarla. No es un juego perfecto ni exento de decisiones cuestionables, pero logra algo difícil: que tanto quienes vivieron Lylat Wars en su día como quienes se acercan por primera vez a la saga encuentren motivos de sobra para subirse al Arwing.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.