
Lanzado por sorpresa durante un Nintendo Direct, Tokyo Scramble llega como uno de esos títulos de lanzamiento diseñados para justificar el hardware de una nueva consola, en este caso, Nintendo Switch 2. Desarrollado por Adglobe (creadores de joyas como Ender Lilies), el juego parte de una premisa tan loca como atractiva: mezclar la tensión prehistórica de Dino Crisis con el drama adolescente de la Generación Z. Sin embargo, lo que sobre el papel suena a éxito de culto, en la ejecución se queda en un experimento fallido, un título «scrambled» (revuelto) que parece haber salido del horno antes de tiempo para cumplir con la fecha de estreno.
La propuesta técnica es innegable: estamos ante un showcase de las capacidades de la Nintendo Switch 2. La iluminación del Unreal Engine en los túneles subterráneos, la bioluminiscencia de la flora y, sobre todo, la implementación del feedback háptico (que transmite al mando los latidos del corazón de la protagonista con una precisión inmersiva) demuestran el potencial de la máquina. Pero un envoltorio bonito no puede ocultar un interior hueco: mecánicas repetitivas, una inteligencia artificial que oscila entre lo injusto y lo estúpido, y una narrativa que no sabe si quiere ser una película de terror o una telenovela juvenil.
Drama adolescente en el Jurásico
La historia de Tokyo Scramble sigue a Anne, una estudiante atrapada en el metro de Tokio tras un accidente que ha liberado a una horda de dinosaurios conocidos como «Zinos». La idea de contrastar la supervivencia extrema con la cotidianidad adolescente tiene potencial, pero la ejecución es tonalmente desastrosa. Mientras Anne se juega la vida esquivando depredadores, su móvil no para de recibir mensajes de sus amigos hablando sobre amores de instituto, ensayos de banda y trivialidades que rompen cualquier inmersión. Para algunos, esto aportará «calidez y honestidad»; para la mayoría, resulta en una escritura insufrible donde los personajes parecen ajenos al peligro mortal que les rodea.

Los secundarios, especialmente el hermano de Anne y su grupo de amigos, son caricaturas que reaccionan a una situación de muerte inminente con frases vacías tipo «ten cuidado, ¿vale?». Este backseating constante, sumado a una protagonista que no para de hacer comentarios innecesarios, convierte la narrativa en un obstáculo más que en un incentivo. Es difícil sentir tensión cuando el juego te bombardea con notificaciones de texto que trivializan el apocalipsis subterráneo. Hay esfuerzos por mostrar profundidad emocional, especialmente cuando se trata de su hermano y mejor amigo, pero la forma en que se llevan a cabo puede parecer forzada.
Tu smartphone es tu única «arma»
Mecánicamente, Tokyo Scramble es un juego de sigilo y puzles ambientales. Anne no es una guerrera (si un dinosaurito te golpea vas a morir de un golpe, pero eh, es que si no posiblemente no serían dinosaurios, ¿verdad?). Su única defensa es su teléfono móvil, con el que puede hackear el entorno: activar escaleras mecánicas para atrapar dinosaurios, encender alarmas para distraerlos o manipular grúas. Cuando estos sistemas funcionan, se producen momentos de creatividad brillante, como ver a un raptor corriendo sin fin en una escalera mecánica inversa. Sin embargo, a menudo el diseño de niveles te fuerza a encontrar una solución única y específica, convirtiendo la experiencia en un ensayo y error frustrante con puntos de control demasiado alejados.

La gestión del ritmo cardíaco (BPM) actúa como barra de estamina: correr sube el pulso y el ruido, obligándote a pararte y gatear para calmarte. Es una idea tensa sobre el papel, pero en la práctica se ve lastrada por una IA enemiga errática. Los dinosaurios tienen áreas de detección inconsistentes; a veces te ven a kilómetros, otras se quedan congelados a tu lado sin hacer nada. Esto hace que el sigilo se sienta arbitrario en lugar de estratégico. Pese a ello, hay una fuerte sensación de alivio cuando finalmente consigues superar una parte complicada o te escapas de un grupo de enemigos con poca ayuda en el momento perfecto. Es un ciclo de estrés y liberación. El problema es que Tokyo Scramble se centra demasiado en el estrés y se olvida de dejarlo ir de vez en cuando.
El caso, es que en este juego de sigilo e «infiltración» (sí, Tokyo Scramble se juega bastante como un título del género, aunque en este caso busques justamente lo contrario) agacharse y esconderse detrás de objetos sólidos no siempre te salvará. Los enemigos varían no sólo en apariencia, sino también en sus habilidades y patrones de comportamiento (ya no hablo de la errática IA, sino de habilidades propias de cada dinosaurio), lo que hace que sea sorprendentemente difícil planificar en torno a ellos, especialmente cuando varios tipos comparten el mismo mapa. Dicho esto, una vez que comprendes las limitaciones de un enemigo, se vuelven ciertamente sencillas de explotar.

Para empeorar las cosas, Tokyo Scramble califica tu desempeño al final de cada etapa, casi como si te estuviera juzgando por cada error. Puedes intentar obtener rangos S, mejorar tus rutas y refinar tus movimientos. Pero como gran parte de la experiencia se basa en ir probando, el sistema de calificaciones no siempre parece reflejar lo loca que fue realmente nuestra huida del escenario en cuestión. Dicho esto, hay diferentes tareas en los dos modos de dificultad, Esperanza y Desesperación.
Innovación caótica: GameShare Co-op
Una de las novedades más curiosas de Tokyo Scramble es el uso del modo GameShare, que permite a hasta cuatro jugadores controlar diferentes aspectos de Anne simultáneamente (uno mueve las piernas, otro controla la cámara, otro las trampas, etc.). Es una mecánica caótica y divertida para sesiones cortas de fiesta, que obliga a la comunicación constante («¡Activa la trampa ahora!», «¡Gira la cámara!»), pero que se vuelve tediosa e injugable en sesiones largas de campaña. Es, en esencia, un truco de lanzamiento (un gancho para intentar explotar una característica de la nueva máquina de La Gran N) que demuestra las posibilidades de los Joy-Con pero no sostiene un juego completo.

Caos en el subsuelo
Visualmente, el uso del Unreal Engine en Tokyo Scramble deja momentos de gran factura técnica: la iluminación en los túneles subterráneos es sofocante y realista, con efectos de luces de emergencia parpadeantes y flora bioluminiscente que bañan los escenarios en una atmósfera opresiva. Los modelos de los «Zinos» y otros monstruos están detallados y cuentan con animaciones fluidas que los hacen parecer depredadores creíbles, aunque contrastan con unos entornos que, fuera de los juegos de luces, a veces se sienten planos y faltos de texturas complejas.

El rendimiento es mayormente estable, algo crucial en un juego de sigilo donde un tirón puede significar la muerte, aunque no se libra de caídas puntuales de frames en las situaciones de mayor estrés o carga gráfica. Sin embargo, la verdadera estrella técnica no son los gráficos, sino el feedback háptico. El juego transmite el latido del corazón de Anne directamente a las manos del jugador: suave cuando está en calma y violento cuando corre o se esconde, creando una conexión física con su miedo que pocos juegos han logrado (aunque en PlayStation 5 con DualSense esto sea algo habitual).
En el apartado sonoro, la mezcla es agridulce. El diseño de audio ambiental es competente, utilizando los silencios y los ecos del metro para generar tensión, y cada tipo de enemigo tiene su propia «firma» sonora o musical que ayuda a identificarlos sin verlos. Lamentablemente, este buen trabajo se ve empañado por un doblaje que, según a quién preguntes, oscila entre lo «correcto» y lo «molesto», con una protagonista que habla demasiado y rompe la tensión con comentarios innecesarios.

Conclusión
Tokyo Scramble aterriza en el catálogo de Switch 2 cuando la consola ya ha superado su fase de novedad inicial, y desgraciadamente, se siente como un proyecto que llega tarde a su propia fiesta. Aunque conserva el espíritu de una «demo técnica» tardía (exhibiendo músculo con el Unreal Engine y una implementación háptica que sigue sorprendiendo meses después del estreno de la máquina), carece de la profundidad y el pulido exigibles a un título que no tiene la excusa de ser un juego de lanzamiento apresurado. Es una experiencia de contrastes frustrantes: capaz de maravillarte con su iluminación un minuto y romperte la inmersión al siguiente con una IA deficiente y una escritura adolescente que no sabe leer el ambiente.
Con un precio reducido de 29.99€/$, es difícil ser excesivamente duros, pero tampoco podemos recomendarlo a la ligera. Funciona como un entretenimiento pasajero para aquellos que busquen algo distinto en la eShop, pero falla estrepitosamente como experiencia de survival horror. Si Adglobe y Binary Haze buscaban crear el Dino Crisis de la Generación Z, el resultado se ha quedado en un híbrido confuso que, como los fósiles que retrata, es curioso de observar un rato, pero mejor dejar enterrado.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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