Y llegabas al edificio donde transcurre Observer. Las paredes, los folletos, el recepcionista… Todo se sentía extraño, pero a la vez olía familiar. No en vano, Bloober Team tenía a sus espaldas Layers of Fear. Son ya veteranos en experiencias oscuras, en trabajar bajo premisas lóbregas e historias macabras. Allí, en aquel  bloque de apartamentos, la sensación de estar frente a un buen vino añejo se acrecentó. ¿Qué tenía de especial aquella construcción?

¿Mortadelo y Filemón?

Pongámonos en situación. Estamos a principios de los años 60 y cierto individuo, Francisco Ibáñez, goza ya de cierto éxito proveniente de algunas de sus creaciones: Mortadelo y Filemón. No obstante, tira de inventiva para sacar a la luz algo más novedoso (que no pionero), con una estructura poco habitual por aquel entonces. Así nació 13, Rue del Percebe.

Los cómics de esta serie se basaban en las idas y venidas de los vecinos de un edificio bastante variopinto. Cada página recogía aquella vivienda ilustrada en su totalidad, permitiéndonos ver qué ocurría en cada piso, en cada habitación. Sus paredes acomodaban a toda una comunidad de inquilinos que alegraban las horas de los lectores. Un moroso que vivía en la azotea, un tendero estafador de pobres ancianitas o un inventor loco pintaban solo algunas viñetas de todo lo que daba de sí Rue del Percebe.

¿Qué tiene que ver todo esto con Observer? Fácil. Postrado frente a un tecnológico rellano del año 2084, tratando de obviar al roñoso robot que adecenta los suelos y haciéndote a los controles de Daniel Lazarski, te espera el bloque de apartamentos. Un complejo edificio en el que todos los residentes que allí se hospedan, o al menos la mayoría, tienen algo que contarte. Emocionalmente, la idea evocaba a las viñetas de Ibáñez. Te encuentras dentro de una de sus páginas, tintada de colores terroríficos.

Aunque, como es obvio, el videojuego iba mucho más allá, las conversaciones con aquellos tipejos se tornaban en momentos realmente placenteros. Podías encontrar de todo allí dentro, y alejándote de las situaciones concretas, eran partes que formaban un todo. Como lo realizado por Ibáñez, pareciese que las charlas con todos esos vecinos construían una historia.

 

Confinando la historia

Como es obvio, 13, Rue de Percebe era más básico. Sobre el papel, buscaba entretener al lector durante los pocos minutos que duraba la lectura. Lo suficiente como para perfilar el universo que había creado el historietista. A veces, incluso, permitiéndose el lujo de introducir otros de sus personajes, a modo de crossover.

Observer lo tenía mucho más difícil. Su universo futurista, muchísimo más enrevesado, tenía referencias para dar y tomar. Un poco de Blade Runner por aquí, un cacho de The Matrix por allá… Sobra decir que quien puso voz al protagonista fue el mismísimo Rutger Hauer, el aclamado actor de Blade Runner (1982): ”Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.

Y, sin embargo, fue capaz de condensarlo todo dentro de aquel bloque de apartamentos. Logró que, entre todos los vecinos, te situaras en el tiempo. Que entendieras dónde estabas y lo peligroso que era. Porque sí, te habían dicho acerca del área C y de aquel edificio: la clase social más baja, la escoria que no tiene permitido ni acercarse a los de clase A. Pero no te das cuenta del impacto que esto representa hasta que lo vives. Son sus historias, sus vivencias, las que te derriban y te hacen sentir la tierra que estás pisando.

Solo necesitaban una excusa. Una coartada lo suficientemente  provechosa como para confinar a todos aquellos personajes dentro de sus habitaciones. Y, si algo nos ha enseñado 2020, es que lo único capaz de encerrar a los ciudadanos viene siendo un virus. Descubres, entonces, acerca de la Nanofagia.

 

Construyendo un cómic terroríficamente humano

La Nanofagia. Se trataba de ”la enfermedad del siglo XXI”. Una condición compleja que atacaba a todos los organismos que hubiesen sido aumentados o mejorados cibernéticamente. Entre sus dificultades, está su transmisión, capaz de fluir digitalmente o a través de redes inalámbricas. Si se le suma el hecho de que sus primeros síntomas son casi inapreciables, pero más tarde ya es intratable, se sobreentiende su peligrosidad.

Por otro lado, la Nanofagia también servía como excusa argumental. Todos los apartamentos se mantienen cerrados, en cuarentena, durante tu estancia. Tú, como investigador, tienes la oportunidad de interrogar a los inquilinos a través de los telefonillos. De esta forma comienzan a salpicarte sus pequeños momentos, como viñetas de un cómic.

Son historietas inconclusas, quehaceres o instantes del día a día. Exactamente igual que 13, Rue de Percebe. Mas en Observer, las palabras están seleccionadas con especial atención. Individualmente, son casi opcionales; juntas, conforman una realidad. La realidad de 2084 en Cracovia, en un tumulto de viviendas pobres, mundanas. Un lugar terrorífico por los pasillos e inexplicablemente hogareño cuando te paras frente a alguna puerta y escuchas a los vecinos.

Quizá, porque se trata de experiencias humanas, relacionadas estrechamente con nuestra vida, aun tratándose de más de cincuenta años en el futuro. Historias que se pliegan y se despliegan, como páginas de un cuento oscuro, aterrador y cyberpunk. Sus personajes ni siquiera tienen nombre, pero se les recuerda por sus hechos, por sus comportamientos.

Bloober Team salió victorioso de aquella ardua tarea. Consiguió crear un universo a partir de lo que se cuenta en una única morada, lugar al que volverá dentro de poco. Allí, en aquel edificio de clase C, se esconde una visión real de una vida deprimente. Allí, en el 13, Rue del Observer del siglo XXI.

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