El destino como engranaje de What Remains of Edith Finch

[Artículo] El destino como engranaje de What Remains of Edith Finch

Este texto incluye spoilers de What Remains of Edith Finch. Si no lo has jugado, por favor, ve a hacerlo. Una vez lo hayas completado, vuelve y experimenta este texto con otra visión. Muchas gracias por la lectura.

La industria avanza a pasos agigantados. Durante 2018, solo en ventas digitales, el sector del videojuego superó la recaudación total del cine a nivel mundial. Y ese dato, tres años después, solo ha crecido exponencialmente. Gigantes como Google o Amazon, con proyectos titánicos como Stadia o Luna, también han querido unirse a la fiesta. Pero estos, que aún dan sus primeros pasos, parecen encontrarse muy lejos del concepto más básico de todos: un videojuego tiene que ser entretenido. Con su visión tecnológica del sector, estos titanes del capitalismo todavía se encuentran a años de luz de distancia de conseguir crear sensaciones tan únicas como el juego que hoy nos reúne. Porque, en una industria donde los AAA inundan el mercado y las megaproducciones rascan nuestro bolsillo, un juego tan de nicho como el de Giant Sparrow consiguió removernos a todos el alma. Y la historia que contemplamos en él, que en abril cumplirá 4 años, aún hoy sigue estremeciéndonos tanto como antaño. Por ese motivo, y sin más dilación: What Remains of Edith Finch.

La obra distribuida por Annapurna Interactive versa sobre historias. En concreto, el recorrido de la familia Finch, un grupo condenado, bien por el destino o bien por elección propia, a sufrir una vida de desgracias. Para descubrir el origen del mito regresamos a la casa que reunió estas almas, un santuario inmaculado lleno de habitaciones selladas, lugares en los que el reloj se paró y nunca volvió a andar. Molly, Calvin, Sam… muchos de los nombres que adornan la edificación maldita guardan tras de sí fábulas tristes, muchas de ellas sádicas, con el único punto común que supone esa desgracia final. La historia de los Finch está manchada, como un libro añejo en el que la tinta hace tiempo que se diluyó, pero es esta la esencia que nos empuja a querer saber los secretos que esconden las paredes de la residencia. Porque, cuando los gritos ahogados de los muertos comienzan a ser plausibles, empezamos a encajar los engranajes de un mecanismo que nunca quisimos descubrir. ¿O… quizás sí?

Giant Sparrow utiliza magistralmente la sutileza narrativa para hacernos sentir parte de la historia. Somos uno con las fábulas que vemos, lo que se traduce en el incremento constante de nuestro interés. No solo observamos y contemplamos, sentimos, y más importante todavía, formamos parte del cuento que la desarrolladora estadounidense quiere contarnos. A través del walking simulator, un género que Hideo Kojima elevó a la máxima expresión con el sobresaliente Death Stranding, exploramos todos los rincones de un lugar tan maldito como mágico, unos rincones tan sinceros con el jugador que asusta saber que esconden tras sus puertas. Selladas, como ya mencionamos, pero accesibles si sabemos abrirnos caminos. Uno de los puntos flacos de What Remains of Edith Finch es que el diseño de la mansión, si bien invita a la exploración, puede propiciar que pases por alto algunas de las historias. Por suerte, la desarrolladora sabe jugar perfectamente con la intriga del usuario, saciando una necesidad tan humana como es la del conocimiento, por lo que nos veremos casi obligados a recorrer cada esquina. Y, como parte de este viaje, seremos testigos de auténticas odiseas, de relatos tristes, de cuentos inconexos y de fábulas vacuas.

 

El peso del nombre en la historia

Cronológicamente, Odin es el primer miembro en hacer acto de presencia. Si bien esta no es la historia más antigua que conocemos, su mayor hito en la vida fue el causante de todas las palabras que escuchamos. Intentando huir de la maldición, Odin trasladó su casa, mar mediante, a un lugar donde el cruel castigo del destino no pudiera perseguir a la familia Finch. Lo intentó con todas sus fuerzas, puso todos sus esfuerzos en conseguir esa meta, pero inevitablemente fracasó. El destino es una de los ejes sobre los que gira el argumento de What Remains of Edith Finch. La concepción del mismo, la idea de escapar de lo que tenemos predestinado, es uno de los motores que mueve la historia del título, llenando de motivos a los miembros de una familia abocada al peor de los desenlaces. Y este destino, que puede llegar de forma abrupta, como en el caso de Gregory, o tardía, véase a Edie, parece parte del viaje maldito de la familia, un ente varado que se ubica sobre una mansión que ahoga a sus inquilinos.

Existen, como en toda historia, fábulas que son más digeribles que otras. Aún en la tragedia constante que presenta este título, el estudio es capaz de mostrarnos, a través de diferentes mecánicas jugables, como algunos compases nos llegarán más profundos que otros. De la sorpresa inicial con Molly, un sinfín de teriomorfismo que desemboca en un bucle tan cruel como bien hilado, pasamos a historias como las del propio Odin o Calvin, dos episodios más digeribles para un jugador que ya está enganchado a la historia. Con la sucesión de estos cuentos vemos como, por desgracia para los Finch, parece que el destino se les presenta como una fuerza ineludible. De hecho, ni siquiera aquellos miembros que tocaron el estrellato o tuvieron una vida medianamente plena pueden escapar de la maldición. Bárbara, por sucesos narrativos y mecánicas jugables, es uno de los personajes más recordados del título. La otrora reina del cine de terror, que ya dejó sus mejores años atrás, vive una historia tan desconcertante como trágica, ya que la verdad de su existencia se diluyó entre mitos y leyendas.

Sam, Walter, Gus, el pequeño Gregory… todos y cada uno de los Finch fueron víctimas del cruel destino, el engranaje que da vida a los sucesos de esta obra. Dawn, la madre de Edith, también terminó pereciendo víctima de una enfermedad que se llevó sus últimos alientos. Y sus hijos, por elección de la propia desarrolladora, son los protagonistas absolutos del título. La mencionada Edith por su papel de narradora, de voz tenue que nos cuenta qué lugares de la casa estamos recorriendo. Milton, quién desapareció sin dejar rastro, por protagonizar una historia que va más allá de este juego. Y Lewis, el primogénito, por contar con una mecánica tan espectacular que ha hecho correr ríos de tinta desde el estreno del juego. Cada vez más absorto de la realidad, el hijo mayor de Dawn dejó que su cordura se perdiera entre reinos y mares que poblaban su imaginación. Todos los mencionados pudieron contarnos una historia diferente, pero la mala suerte les llevó a ser parte de la maldición Finch, a afrontar un destino que ninguno supo superar.

Han pasado, como dije al principio del texto, casi cuatro años desde el estreno de esta obra. La concepción de la familia es algo poderosísimo, y el mensaje de los lazos de unión de la misma es casi tan palpable como la tragedia que asola a los miembros del título. Cada puerta sellada, cada mota de polvo presente en la mansión abandonada, esconden una historia que nunca querríamos vivir. Pero, en cambio, sí queremos conocer. What Remains of Edith Finch alude a los vínculos familiares, al nexo que une a estos con el destino, y a saciar algo tan primario como la curiosidad. El tiempo ha colocado la obra de Giant Sparrow en el lugar que le corresponde, en ese sitio predilecto destinado a títulos que van más allá del medio. Las notas de sus composiciones y las bellezas de sus paisajes permanecen en nuestras cabezas, y las dudas que la historia sembró en nosotros aún siguen sin respuesta. Fuimos uno con la familia Finch, quisimos ir más allá para conocer que pasó, y por azares del destino nos vimos inmersos en una serie de fábulas tan mágicas como trágicas. Conscientes o no, Giant Sparrow nos brindó uno de los títulos más intimistas de los últimos años, una obra llena de apego al destino que nos dejó el corazón en un puño.

Muchas de las historias plasmadas pudieron evitarse. Siguiendo otros caminos, otras rutas, sendas que nunca fueron descubiertas. Pero… ¿qué sentido tendría? What Remains of Edith Finch es un homenaje al medio, un juego que se atreve a jugar con diversas mecánicas mientras nos cuenta la historia que nunca querremos vivir. Es atrevido, audaz e ilegible, capaz de sorprendernos con situaciones que nunca podríamos prever. Por ello, desde el humilde lugar que GaminGuardian me brinda como redactor, recomiendo a todos los lectores de este texto, hayan disfrutado del juego o no, a darle una segunda pasada. Porque es en esta, ya conociendo la historia, cuando observamos detalles que no vislumbramos en la primera pasada. Es aquí cuando los gritos de Barbara, las ambiciones de Calvin o los sueños de Lewis toman un nuevo cáliz. Como jugadores, sentiremos la fuerza del destino en las mismas, el dolor de cada retazo que marchitó la huella imborrable del tiempo. Y el juego, de hecho, se vuelve un camino pétreo que nunca dejará de acompañarnos. ¿Tan bonito como triste, verdad?

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