[Artículo] La importancia de Prompto en Final Fantasy XV

[Artículo] La importancia de Prompto en Final Fantasy XV

Este texto contiene spoilers sobre la trama de Final Fantasy XV. 

No es casualidad que los primeros instantes de la obra de Square Enix tengan lugar alrededor del RegaliaEl popular coche de los protagonistas es uno más dentro del grupo y representa, por sí solo, el propósito principal de Final Fantasy XV: el viaje. De hecho, solo esos primeros minutos de juego ya resumen la intención de un título que brilla según sus propios estándares. El vehículo se estropea, el road trip se detiene y, entre todos, han de cooperar para continuar caminando. 

Esa es la esencia que aviva la llama del videojuego. Ellos, el coche y el viaje. Son el contenido que llena los muchos agujeros de un desarrollo largo y complejo; la cura de las múltiples asperezas del entramado jugable y argumental. Sin ellos, me temo, de Final Fantasy XV solo quedaría el nombre, pues el conjunto de posibilidades que ofrece la obra necesita de la intervención de Noctis, Gladiolus, Ignis y Prompto para cobrar un sentido más allá del entretenimiento simplón. 

Los cuatro camaradas incondicionales cambian el matiz del escenario. Como si de Gris (Nomada Studio, 2018) se tratase, tiñen de color un escenario sin significado. O, mejor dicho, le dan el suyo propio. Porque sí, hay un argumento que precede al mundo, pero no tiene la fuerza emocional que sí posee la experiencia del descubrimiento entre colegas. Ellos llegan a nuevos puertos, se dejan sorprender por sus establecimientos y vecinos, aprovechan sus tiendas y locales y disfrutan, en general, de ‘otra parada más dentro del viaje’. 

Sin ese punto de vista, quizá tradicional, aunque sin lugar a dudas más humano y afectivo, el reino de Lucis no aprovecharía su potencial artístico. Y esa ilusión que emana de ellos, esa magia que arregla los desperfectos, no sería posible sin la inclusión del elemento diferenciador: Prompto. El único personaje que no está atado a un destino es, posiblemente, el que lleva la carga más pesada de la odisea fantástica. 

 

Retrasando lo obligatorio 

Prompto es una nota discordante que da sentido a la melodía. Se percibe rápidamente. Es el más joven del equipo, el más vivaracho; tiene la energía de cualquier niño y disfruta (y hace disfrutar) cada momento vivido. Es expresivo, hablador, animado y sentimental. Tiene una personalidad de esas que deslumbra; que va más allá de su persona para conquistar al resto con sus buenas vibraciones. Y logra impactar tanto entre sus compañeros, como con nosotros, jugadores al volante. 

Es también ajeno a las facilidades y lujos de una vida palaciega. No se crió entre paredes doradas ni asistió a banquetes extraordinarios. Es posible que esa falta sea luego producto del ensueño, llegando a vivir y disfrutar del camino como el que más. Él no percibe (o no lo transmite) las preocupaciones que sí se mantienen pellizcando en todo momento a Noctis, Gladiolus e Ignis. Él grita, canta, exclama sus sorpresas, ríe a carcajadas y saca fotografías que retengan en el tiempo lo vivido.  

Prompto es, en esencia, el apartado secundario de Final Fantasy XV. Es el conglomerado de misiones opcionales de poco interés que muchos pasarían por alto. Es ese momento de calma, charlando con NPC olvidables o comerciando con objetos que nunca utilizaremos. Prompto es el contenido que rompe ludonarrativamente las obras de mundo abierto. Porque el planeta está llegando a su fin, pero te detienes a recoger flores para un hombre aleatorio perdido vete tú a saber dónde. Porque va a estallar una guerra entre reinos, pero tú en cambio te encuentras estallando de alegría al ganar otra carrera de chocobos. 

No tiene sentido para con el argumento y construcción del mundo, pero a la vez sí lo tiene sobre las cuatro ruedas del Regalia. Porque ellos, especialmente Prompto, no quieren afrontar sus obligaciones. Lo último que desean(s) es avanzar en la trama principal. Su felicidad, su vida, está allí afuera. Viajando juntos y descubriendo nuevos lugares; conociendo gente y acampando a las orillas de aquel lago. Alargando siempre ese momento inevitable en el que nosotros, el jugador, decidimos salir del coche para hacer mover los hilos del guion.  

Es curioso cómo los momentos aparentemente más banales adquieren en Final Fantasy XV su mayor fuerza emocional. El viaje, como lo define Paula García en ‘Volviendo a Final Fantasy XV’ (Eurogamer, 2018), es “ese en el que cuatro chiquillos pasan de ser completos desconocidos a sentirse, en algunas ocasiones, como si fuesen nuestros propios amigos. […] que habla de crecimiento individual y que nos hace acompañar a unos personajes que evolucionan unidos por la propia carretera y por el amor recíproco, incontenible que sienten entre ellos”. Y estos momentos, contra todo pronóstico, encuentran en las actividades secundarias su oportunidad para brillar. 

Pareciese que los protagonistas gritasen: “¡Ya cumpliremos después, vivamos primero!”. Y no es hasta el final de los créditos cuando tú, jugador, te das cuenta de la importancia de aquellos pequeños momentos que ya solo forman parte del valor eterno de las fotografías de Prompto. 

 

Una cámara más pesada que el Anillo Único 

Final Fantasy XV se esfuerza en recrear la naturaleza de un viaje. Cuando corremos a través de los campos de Lucis bajo el sol del mediodía, Noctis y compañía sudan y protestan, carcomidos por el calor. Durante los largos trayectos en coche, Gladiolus aprovecha para leer mientras Prompto se estresa, no termina de ponerse cómodo y acaba durmiéndose. Al visitar nuevas localidades, siempre comentan sus impresiones, comparten sus sentimientos. Al descansar, ya sea frente al incuestionable fuego de la fogata o recostados sobre las camas mugrientas de un hostal barato, con las manos manchadas por los manjares de Ignis o charlando acerca de los bichejos que abundan en la noche, todos (incluido tú) siempre se reúnen para echar un vistazo a las fotografías que ha sacado Prompto a lo largo del día. 

El joven del grupo no está ahí por obligación, sino por amistad. Su felicidad está donde sus colegas. Y es por ello que se esfuerza, más que nadie, en mantener al grupo unido. Es tal el valor de sus instantáneas que, directamente, no tienen un efecto jugable como tal durante los combates. Ocupan el espacio de una habilidad y no logran… nada. Y, sin embargo, son lo más preciado tanto para ellos, protagonistas, como para nosotros, jugadores. 

Diego Iglesias, en ‘La cámara de Prompto en Final Fantasy XV’ (Presura, 2018), dio en el clavo al formular la importancia de las fotos: “Sean reales o fruto del generador, forman parte de nuestra experiencia y son un diario de todo lo vivido, tanto para ellos como para nosotros […] una parte integral de los sentimientos que pretende transmitir el juego”.  

Es tal el esfuerzo de Prompto, la carga que sostiene, que es inevitable no sentirse roto cuando el viaje llega a su final y rememoramos lo vivido. El viaje eterno perdura ahora, y para siempre, a través de las imágenes que una vez fueron reales para cada uno. Es imposible no sentir un nudo en el estómago cuando Prompto suelta: “Lo pasamos bien por el camino, eh”. O cuando se observa, al final de su DLC, el camping alrededor de la fogata, pero esta vez vacío. 

Su vida comenzó y acabó en aquel coche, junto a sus compañeros más preciados. Se tomó la molestia de capturar todos los momentos posibles, en las buenas y en las malas, por ellos y por nosotros. Y, al final de la partida, cuando debemos elegir una sola fotografía, se evidencia la importancia del personaje tras la cámara. Porque ese recuerdo, el que nosotros elegimos y que puede ser diferente en cada partida, es lo único capaz de atravesar el espacio, el tiempo y el fallecimiento.  

Atraviesa la barrera del espacio y supera la cuarta pared, llegando a nosotros como un golpe emocional que nos toca soportar; va más allá del tiempo, convirtiéndose en recuerdo de lo que una vez fue un road trip maravilloso, y logra incluso perdurar tras la muerte, acompañando a Noctis en un más allá marcado por el destino. 

 

A los jugadores de siempre y a los que hoy descubren Final Fantasy 

Hay cierto momento, durante la partida, en el que la hermana pequeña de Gladiolus se une a los cuatro colegas. De forma temporal, ocupa un hueco más en el Regalia. Iris es, sin lugar a dudas, la representación del jugador dentro de la obra. Es una joven enérgica y muy simpática, pero yace aburrida y disgustada por no poder formar parte de la aventura de los chicos. 

Cuando se les une, es como si fuéramos nosotros introduciéndonos en el videojuego. Al igual que el jugador (dado el momento en el que ocurre), ya conoce a Noctis y compañía. Se sube al coche y, simplemente, disfruta de su tiempo juntos. Se deleita con las vistas; siente el fluir del viento en la carretera; cumple su sueño de montar en chocobo; disfruta como nunca antes de una acampada nocturna y ríe junto a sus camaradas más preciados. 

Es posible que se goce tanto esos instantes porque en el fondo sabe que son fugaces. Y puede que con Prompto ocurra igual. Algunos de los momentos más duros para el grupo suceden precisamente cuando él no está presente, y es su falta, su terrible ausencia, lo que los vuelve a unir durante el rescate. 

Final Fantasy XV tiene problemas. Muchos. Pero a ellos les da igual; ellos solo quieren disfrutar de un viaje con fecha de caducidad. Y Prompto, el más prescindible, resulta ser indispensable. 

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