
Hace ya siete años, en 2019, tuve el placer de analizar el primer Code Vein. En aquel entonces, muchos lo etiquetaron reduccionistamente como un «Anime Souls», pero yo preferí definirlo como el hijo bastardo entre Dark Souls y God Eater. Tenía la dificultad y las mecánicas de Miyazaki, sí, pero también el dramatismo, el diseño de personajes de Kurumi Kobayashi y esa narrativa centrada en compañeros útiles que lo acercaban a la saga de caza de monstruos. Era un juego que, pese a sus asperezas, tenía alma, una banda sonora memorable de Go Shiina y un sistema de clases dinámico que invitaba a experimentar.
Ahora llega Code Vein II, una secuela que carga con la pesada mochila de las expectativas y la ambición desmedida. Bandai Namco ha intentado evolucionar la fórmula hacia el mundo abierto (siguiendo la estela inevitable de Elden Ring) y dar el salto al Unreal Engine 5. El resultado es una mezcla de luces cegadoras y sombras frustrantes: un juego técnicamente superior y más grande, pero que en su afán por expandirse, ha diluido parte de esa esencia gótica, compacta y cooperativa que consiguió convencerme del original. Ya sabéis lo que se dice, muchas veces «menos es más». ¡Dentro análisis de Code Vein II!
Cazadores en el tiempo (y el espacio vacío)
La historia de Code Vein II, independiente del original, nos pone en la piel de un nuevo Revenant Hunter (o cazarresucitados en español). La gran novedad es el viaje temporal: saltaremos entre dos épocas para resolver puzles y alterar el destino de nuestros compañeros. Es una mecánica ingeniosa que permite ver cómo el mundo decae (narrativa ambiental pura), aunque el juego insiste en arruinar esa sutileza con diálogos interminables que sobreexplican cada detalle, alejándose de la narrativa ambiental que estaba mucho más presente en el primer juego. Además, salvo el excéntrico Zenon Gryfgote, el nuevo elenco carece del carisma protector de figuras como Louis o la ternura de Io, dejándonos con un grupo de secundarios mayormente olvidable y un protagonista mudo que resta dramatismo.
El salto al mundo abierto es el arma de doble filo de esta entrega. Si en el primero aplaudí la variedad de escenarios interconectados (ciudades en llamas, montañas nevadas, catedrales blancas), aquí nos encontramos con llanuras vastas pero vacías. Ahora contamos con una moto para recorrerlas (cuyo control es tan resbaladizo como una pastilla de jabón), pero la escala ha matado la tensión. Lo que antes eran mazmorras claustrofóbicas bien diseñadas, ahora son espacios de relleno entre puntos de interés, perdiendo esa sensación de peligro constante.

Combate: La flexibilidad como bandera
Donde Code Vein II sigue brillando es en su sistema de rol, manteniendo la filosofía que tanto me gustó: la flexibilidad total. Los Códigos de Sangre regresan intactos, permitiéndonos cambiar de clase al vuelo sin penalización para adaptarnos a cada jefe. Por otro lado, el núcleo rítmico del combate sigue siendo la gestión de Icor (maná) mediante el ciclo de «drenar y gastar»: debemos arriesgarnos a usar nuestros Velos de Sangre para recuperar energía y así poder desatar los Dones (habilidades mágicas). Para reforzar las capacidades ofensivas y defensivas existen aumentos conocidos como Formas. Estas habilidades proporcionan mejoras impresionantes y movimientos finales vertiginosos que engañarán a los enemigos y los harán tambalearse. Para activar estas especialidades se necesita Icor, que se puede adquirir utilizando las nuevas armas basadas en las jaulas (piezas de equipo que van en la espalda y permiten modificar los atributos y realizar acciones drenantes). Esto añade una capa extra de riesgo/recompensa, obligándonos a medir muy bien las distancias y los tiempos para no quedar expuestos.

Sin embargo, la ejecución de este baile mortal se siente diferente, y no necesariamente para mejor. Si en el original el combate era dinámico y ágil, esta secuela ha optado por un ritmo más pesado que raya en lo tosco. Existe un desequilibrio notable en el arsenal: las armas pesadas a dos manos dominan la experiencia con una contundencia absurda, haciendo que las builds de destreza o las bayonetas se sientan como un castigo autoimpuesto por su falta de impacto. El esquive, ahora más lento, y unas ventanas de parry que a veces chocan con el rendimiento técnico, hacen que la fluidez que caracterizaba a los enfrentamientos contra los Perdidos se pierda en ocasiones, convirtiendo la danza en un intercambio de golpes algo torpe.
La gran novedad de Code Vein II es la «Asimilación«, que permite fusionarnos temporalmente con nuestro compañero IA para obtener un boost de poder devastador y nuevas habilidades pasivas según el vínculo que tengamos con ellos. Es una mecánica espectacular que añade estrategia, pero que viene con un coste imperdonable: se ha eliminado el multijugador cooperativo. En el primer juego destaqué cómo la IA aliada y el juego online hacían que «nunca caminaras solo»; eliminar la opción de jugar la campaña con amigos es un paso atrás incomprensible que resta muchísima rejugabilidad y diversión, dejando a la mecánica de compañeros como un simple power-up glorificado en lugar de una experiencia compartida.

Repetición técnica en Unreal Engine 5
El salto al Unreal Engine 5 ha traído consigo una transformación visual drástica. Code Vein II abandona la paleta de rojos profundos, negros y óxidos industriales que definían la atmósfera opresiva y gótica del primer juego para abrazar una estética mucho más luminosa, dominada por blancos inmaculados, dorados y escenarios diurnos. Técnicamente, el juego luce nítido y moderno, con una iluminación global impresionante que resalta los detalles de las armaduras y los entornos, pero este cambio tiene un precio: la pérdida de identidad. Al buscar ese acabado «limpio» y genérico tan habitual en los juegos de anime modernos que usan UE5, se ha diluido el carácter sucio y postapocalíptico que hacía único a su predecesor, haciendo que muchas zonas parezcan intercambiables con cualquier otro JRPG de acción actual.

Donde el motor gráfico saca músculo de verdad es en la personalización. El editor de personajes, que ya era uno de los puntos fuertes del original, regresa vitaminado, permitiendo un nivel de detalle absurdo. Las texturas de la piel, la ropa y, sobre todo, las expresiones faciales, están a un nivel altísimo. Es irónico y frustrante que nuestro protagonista tenga un abanico de gestos tan rico y convincente para transmitir emociones, pero que los desarrolladores hayan decidido mantenerlo mudo durante el 99% de la aventura, desperdiciando una expresividad que podría haber elevado la narrativa.
En cuanto al rendimiento, la experiencia con Code Vein II en consolas (al menos en Xbox Series, plataforma utilizada para esta review) es mayormente sólida, manteniendo una tasa de cuadros estable durante la exploración. Sin embargo, el motor empieza a flaquear cuando la pantalla se llena de efectos de partículas y enemigos, sufriendo de stuttering (microcortes) y pop-in de texturas que pueden romper la inmersión en los momentos más tensos. Es esa sensación de «falta de pulido» la que mancha el conjunto: escenarios vastos pero vacíos que se sienten como maquetas bonitas, y una reutilización descarada de assets y jefes que, por muy bien que se vean gracias a la nueva iluminación, no dejan de ser el mismo perro con distinto collar.

Conclusión
Code Vein II es la definición de una secuela que crece en tamaño pero encoge en espíritu. Es evidente la ambición de Bandai Namco por convertir su franquicia en un blockbuster de mundo abierto, un «Anime Ring» que impresione por escala y tecnología. Sin embargo, en esa búsqueda de la grandeza, ha sacrificado los elementos que daban alma al original: el diseño de niveles compacto y laberíntico, la atmósfera gótica opresiva y, sobre todo, la camaradería del multijugador cooperativo.
Si eres un fan acérrimo de la estética y disfrutas experimentando con builds complejas en un editor de personajes infinito, encontrarás aquí decenas de horas de entretenimiento y un sistema de combate que, pese a sus nuevas tosquedades, sigue siendo profundo y estratégico. Pero si, como yo, esperabas una evolución que puliera las asperezas del original manteniendo su corazón, te encontrarás con una experiencia paradójica: un juego que, teniendo más presupuesto y mejores gráficos, se siente más vacío y genérico que aquel «hijo bastardo de Dark Souls» que consiguió sorprenderme muy positivamente en 2019. Code Vein II es una secuela correcta, sí, pero en el género soulslike actual, ser simplemente «correcto» equivale a quedarse un poco corto.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.