
Cuando Death Stranding llegó en 2019, lo hizo como una propuesta profundamente polarizadora: algunos lo elevaron como una obra maestra, otros lo descartaron como una “simulación de repartidor de paquetes con pretensiones filosóficas”. Pero a medida que pasaron los años, y el eco de sus ideas siguió resonando en la industria, quedó claro que Hideo Kojima había creado algo único. Ahora, con Death Stranding 2: On the Beach, el autor japonés no solo regresa al mundo que imaginó, sino que lo expande con más claridad, más cuerpo y, sobre todo, más alma.
Estamos ante una secuela que no busca reinventar lo que hizo especial al original, sino refinarlo. Una obra más consciente de sus limitaciones pasadas, más segura de sus virtudes y decidida a construir una experiencia más accesible sin traicionar su rareza. Porque sí: sigue siendo un juego raro. Pero ahora es raro con propósito, con ritmo, y con un control narrativo que antes se sentía difuso.
Un nuevo viaje, un nuevo mundo
La historia de Death Stranding 2 nos sitúa once meses después del final del primer juego. Sam Porter Bridges, ahora apartado del mundo, vive retirado junto a Lou, su BB. Sin embargo, su retiro se ve interrumpido por Fragile, quien le propone una nueva misión: conectar nuevas regiones —esta vez México y Australia— al red extendido de la UCA. La tarea es titánica, pero Sam, como en el pasado, no puede ignorar el llamado.
La narrativa sigue siendo profundamente críptica y repleta de conceptos como “ka”, “ha”, “chiralidad” y demás jerga made in Kojima, pero la novedad aquí es que el juego introduce un sistema de glosario llamado Corpus, que permite consultar términos en tiempo real con una pulsación de botón. Esta pequeña adición marca una gran diferencia: ya no es necesario salir del juego para entender su mundo. Además, hay un resumen interactivo de los eventos del primer juego, útil tanto para veteranos como para recién llegados.

El resultado es una historia más clara, sin perder complejidad. Las emociones siguen presentes —la soledad, la conexión, la pérdida, la esperanza—, pero se presentan con un ritmo más fluido y con personajes mejor construidos. Algunos regresan, como Fragile, Deadman o Heartman, mientras que otros nuevos como Tomorrow, Rainy o el misterioso Neil aportan capas de profundidad inesperadas. Incluso Higgs regresa, reinventado como una especie de antagonista excéntrico que combina estética samurái y guitarra eléctrica. Surrealista, pero extrañamente fascinante.
Un mundo más vivo y cambiante
Uno de los puntos más criticados del primer Death Stranding fue la sensación de monotonía en su mundo abierto. Las vastas planicies rocosas eran bellas, sí, pero a menudo se sentían vacías. Eso cambia radicalmente en Death Stranding 2: On the Beach, que amplía la escala del viaje y diversifica los biomas con inteligencia. México, Australia y otras zonas ofrecen selvas densas, desiertos, montañas nevadas, playas volcánicas… todo perfectamente integrado con una dirección artística magistral y un uso espectacular del motor Decima.

No es solo un cambio estético: los entornos son ahora más reactivos. Eventos dinámicos como terremotos, inundaciones o incendios forestales pueden alterar una entrega en cuestión de segundos, obligando al jugador a improvisar rutas o refugiarse hasta que pase la tormenta. Esta imprevisibilidad aporta tensión a un gameplay que antes pecaba de linealidad en su estructura.
Por otro lado, se ha mejorado enormemente el sistema de construcción. Ahora podemos construir monorraíles, transportar materiales automáticamente entre minas y bases, y planificar con mayor libertad nuestras rutas. La comunidad de jugadores también cobra más peso, ya que todas estas infraestructuras se comparten en tiempo real entre jugadores, reforzando la idea central del juego: conectar, ayudar, dejar huella.

Jugabilidad más pulida, menos frustrante
La columna vertebral de Death Stranding 2 sigue siendo la misma: hacer entregas, planificar trayectos, cuidar el equilibrio y sobrevivir a los peligros del terreno. Pero cada uno de estos sistemas ha sido refinado. La gestión de inventario es más clara, el uso de herramientas más intuitivo, y las ayudas iniciales (como la motocicleta Tricruiser o los exoesqueletos mejorados) se desbloquean mucho antes, evitando el tedio inicial del primer juego.
También se ha añadido un sistema de árbol de habilidades, con el que mejorar aspectos como la resistencia, el sigilo, la fuerza o la capacidad de gestión de cargas. Es un añadido discreto, pero satisfactorio: recompensa tu estilo de juego y te da la sensación de progresar más allá de las herramientas.

A todo esto se suma un sistema climático más profundo, ciclos de día y noche, y opciones de viaje rápido más versátiles. La experiencia es, en definitiva, más respetuosa con el tiempo del jugador.
El combate: de escollo a virtud
Una de las sorpresas más agradables de esta secuela es el salto cualitativo en el combate. Si en el primer juego era un elemento anecdótico —incluso torpe—, aquí se convierte en una parte genuinamente divertida y variada del gameplay. Se nota que Kojima Productions ha bebido de su experiencia con Metal Gear Solid V, dotando a Death Stranding 2 de un sistema de combate flexible y con múltiples aproximaciones.

Puedes abordar enfrentamientos de forma sigilosa con nuevas armas silenciadas, utilizar drones de reconocimiento, proyectar hologramas señuelo, o simplemente ir a lo bestia con granadas, fusiles o puños eléctricos. Las opciones se multiplican, y los enfrentamientos —especialmente en bases enemigas— ofrecen libertad táctica y espectáculo.
Los jefes, por su parte, también mejoran notablemente. Ya no son simples esponjas de daño o secuencias cinematográficas interactivas. Hay BTs gigantes, mechas, duelos más personales y situaciones en las que se mezcla combate con sigilo, defensa de estructuras o rescates. Todo ello sin renunciar al tono surrealista de la saga.

Una experiencia audiovisual de nueva generación
Visualmente, Death Stranding 2: On the Beach es una proeza técnica. Ya sea en modo Rendimiento (60 fps sólidos) o en modo Calidad (con mejoras visuales y 30 fps estables), el juego luce como un auténtico tope gráfico de la generación. Los modelados faciales, la iluminación, la física de los materiales, la calidad del agua, el sistema de partículas… todo roza lo fotorealista. Y cuando la dirección artística entra en juego —especialmente en escenas oníricas o secciones en la playa—, el resultado es hipnótico.

A esto se suma una banda sonora exquisita. Ludvig Forssell, Woodkid y otros artistas firman un repertorio que acompaña los viajes con melancolía, emoción y energía. La música dinámica vuelve, sincronizándose con nuestras acciones y reforzando la narrativa emergente de cada entrega. Además, se ha añadido un reproductor musical completo para escuchar las canciones desbloqueadas cuando queramos.
En lo sonoro, el juego también destaca por su doblaje estelar (con Norman Reedus, Léa Seydoux, Troy Baker, Elle Fanning y muchos más), así como por su impecable dirección de cinemáticas, que beben del lenguaje del cine sin olvidar que estamos en un videojuego.

Kojima siendo Kojima
Por supuesto, Death Stranding 2 sigue siendo un juego firmado con letras mayúsculas por Hideo Kojima. Eso significa rupturas de la cuarta pared, simbolismo, diálogos extravagantes, humor absurdo, momentos profundamente humanos y secuencias que pueden parecer pretenciosas… hasta que conectan emocionalmente de forma inesperada. Y esa es quizá la mayor virtud del juego: por raro que sea, por experimental que parezca, siempre hay intención detrás.
En esta entrega, Kojima se muestra más centrado, más maduro. Hay espacio para lo abstracto, sí, pero también hay un mayor control del ritmo, de la claridad narrativa y del desarrollo de personajes. Se nota que ha escuchado las críticas y ha aprendido de ellas, sin renunciar a su identidad como autor.

Conclusión
Death Stranding 2: On the Beach no es un juego para todo el mundo, y no pretende serlo. Sigue siendo una obra atípica, contemplativa, exigente y profundamente personal. Pero donde el primer título era un experimento a medio camino entre lo brillante y lo frustrante, esta secuela es una reafirmación. Kojima Productions ha pulido cada sistema, ha dado más sentido a su narrativa, y ha conseguido una experiencia mucho más sólida, variada y emocionante.
Puede que algunos sigan considerando que “no pasa nada” en este juego. Puede que otros sigan sin conectar con su ritmo pausado. Pero para quienes abracen su propuesta, lo que ofrece esta secuela es inigualable: un viaje emocional, mecánico y audiovisual como pocos se atreven a diseñar hoy en día.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
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