
Denshattack! es la clase de propuesta arcade bocazas y sin complejos que recordaba a la era PS2/Dreamcast, y consigue algo que pocos juegos logran hoy: convertir una idea absurda como «hacer un kickflip con un tren» en una de las experiencias más creativas y satisfactorias del año. El estudio español Undercoders, conocido por Koa and the Five Pirates of Mara y Treasures of the Aegean, factura aquí su trabajo más ambicioso hasta la fecha, mezclando la velocidad de Sonic, la actitud de Tony Hawk’s Pro Skater y la estética callejera de Jet Set Radio en un cóctel que se siente genuinamente nuevo.
En un panorama donde gran parte de las grandes producciones apuestan por fórmulas seguras y mundos abiertos interminables, resulta refrescante encontrar un juego que se atreva a ser tan descaradamente tonto en su premisa sin perder un ápice de ambición técnica. La comparación con el espíritu de Jet Set Radio no es casualidad: ambos títulos comparten esa obsesión por «verse cool» en cada fotograma, apostando por un estilo visual reconocible al instante antes que por el realismo. Que un estudio pequeño como Undercoders haya logrado ensamblar semejante nivel de artesanía, desde el sistema de trucos hasta una banda sonora con nombres de la talla de Tee Lopes o Shoji Meguro, dice mucho sobre el talento detrás del proyecto y sobre cómo la escena indie sigue siendo, con frecuencia, el terreno más fértil para la verdadera innovación jugable.
Un Japón distópico como excusa perfecta
La premisa sitúa a la protagonista, Emi Araki, una joven repartidora de ramen en la ciudad termal de Beppu, en un Japón devastado por catástrofes climáticas donde los privilegiados viven en domos protectores gestionados por la megacorporación Miraidō, mientras el resto de la población sobrevive fuera. Emi descubre un talento natural para el Denshattack, la práctica de conducir trenes como monopatines cohete, capaces de hacer trucos, grindear rieles y volar literalmente fuera de la vía, y emprende un viaje por toda la geografía japonesa para desafiar a las bandas rivales y, con el tiempo, enfrentarse a la propia corporación.

El tono es deliberadamente shonen y el propio juego se burla de lo dramática que suena su premisa antes de centrarse en lo que realmente importa. La historia evoluciona desde un simple «quiero ser la mejor» hacia un discurso abiertamente anticorporativo, con un reparto de personajes carismáticos que, aunque puede resultar un poco genérico en su escritura por momentos, transmite calidez y sinceridad en su mensaje sobre comunidad, incluso cuando ese mensaje raya en lo cursi. Es, sin embargo, el aspecto más flojo del conjunto: la escritura se apoya en tropos de anime demasiado genéricos y previsibles, y el elenco crece de forma tan desmedida a medida que se avanza que el propio guion parece olvidar a algunos personajes por el camino. No arruina la experiencia, pero sí deja claro que la narrativa nunca fue la prioridad real del estudio.

Un tren que se mueve como una patineta
El corazón de Denshattack! es, sin duda, su sistema de control y trucos. Con un esquema centrado casi enteramente en gatillos y joysticks, el juego construye progresivamente un arsenal que incluye grinds, drifts, saltos aéreos, wall-riding, manuales y hasta la posibilidad de desacoplarse del tren o sumergirse bajo el agua. La sensación de velocidad y fluidez recuerda deliberadamente a Tony Hawk’s Pro Skater, y cuando todo encaja, el resultado es adictivo: encadenar trucos y buscar la ruta perfecta por cada nivel se convierte rápidamente en el verdadero objetivo, por encima de simplemente llegar a la meta.
El aprendizaje tiene una curva pronunciada al principio, y la avalancha de mecánicas hacia el tramo final del juego (grindear en rieles, hacer manuales para extender combos, colgarse de monorraíles) puede resultar abrumadora, especialmente porque memorizar tantas entradas a alta velocidad, con una cámara que a veces tiembla en exceso, exige tiempo de adaptación. Por suerte, el juego nunca castiga con dureza los fallos, permitiendo reinicios casi instantáneos que mantienen el ritmo sin frustración acumulada.

Ocho regiones repletas de sorpresas
La estructura de Denshattack! se reparte en niveles de distintos tipos: llegar al final, ataques de puntuación, carreras con vueltas de circuito, zonas con múltiples objetivos y las siempre memorables batallas contra jefes. Estas últimas son, sin duda, el punto más alto del juego: desde un mecha gigante inspirado en Gundam hasta combates que se convierten en bullet hell o persecuciones dentro de un tornado, cada enfrentamiento se siente distinto al anterior, aunque el ritmo creativo decae ligeramente hacia el tramo final de la campaña.

Cada nivel incluye además submisiones y «dares» que combinan puntuación de trucos, tiempo y objetivos ocultos, muchos de ellos accesibles solo a través de un sistema de rieles arcoíris que se desbloquea al llenar un medidor de trucos. Esto fomenta la repetición de niveles para encontrar coleccionables como pegatinas y páginas de revista, usados para personalizar visualmente los distintos trenes disponibles, cada uno con ventajas y desventajas sencillas de entender (mayor impulso de grind a cambio de una ventana más corta, por ejemplo).
Los niveles semiabiertos con múltiples rutas y objetivos son el punto más débil del conjunto: resultan confusos de navegar y exigen frenar hasta detenerse por completo, algo que contradice la esencia de velocidad constante del resto del juego.
Una fiesta visual y sonora
Visualmente, el estilo cel-shaded resulta vibrante y reconocible al instante, con diseños de personajes y trenes muy cuidados. El apartado sonoro es, sin exagerar, uno de los mejores del año: la banda sonora reúne a compositores de la talla de Tee Lopes (Sonic Mania), Sean Bialo (TMNT: Shredder’s Revenge) y Andrew One, con colaboraciones puntuales de Shoji Meguro y Takenobu Mitsuyoshi, resultando en un álbum descrito como «sin relleno» que encaja perfectamente con la energía frenética de cada partida.
En el plano técnico, la versión de PlayStation 5 de Denshattack! (la utilizado para este análisis) se comporta de forma sólida, con apenas algún error puntual y menor que no afecta la experiencia general, manteniendo un rendimiento estable durante toda la partida.

Conclusión
Denshattack! es una de esas rarezas que justifican por sí solas la existencia del género arcade: una idea ridícula ejecutada con un nivel de pulido y cariño que la convierte en algo genuinamente memorable, incluso cuando algunos de sus modos de juego y su curva de aprendizaje inicial no acompañan al mismo nivel que sus mejores momentos.

Lo que queda tras las quince horas de campaña no es tanto el recuerdo de una historia concreta o de un nivel en particular, sino la sensación acumulada de haber jugado algo hecho con una identidad propia clarísima, algo cada vez más escaso en un panorama dominado por secuelas y fórmulas ya probadas. Undercoders ha demostrado que se puede construir un sistema de movimiento tan técnico como el de un buen juego de skate, envolverlo en la energía visual de un anime de sábado por la mañana, y aun así lograr que todo eso se sienta cohesionado en lugar de forzado. Las imperfecciones existen y son reales, sobre todo en esos tramos semiabiertos que piden pisar el freno cuando todo el resto del juego grita velocidad, pero ninguna de ellas logra apagar el entusiasmo que genera descubrir qué locura viene en el siguiente nivel.
Denshattack! es, en definitiva, el tipo de juego que se recomienda no por ser perfecto, sino por atreverse a algo que ningún otro título de este año se ha atrevido a intentar.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.
