[Artículo] Un viaje por el folclore japonés de la mano de Bitoku

[Artículo] Un viaje por el folclore japonés de la mano de Bitoku

Muchos coincidirán conmigo en que, bien sea por el exotismo que desprende, ligado por ejemplo a su rico folclore e interesante historia tan particular, o posiblemente por la «conquista» por parte de muchos de sus productos culturales en nuestro territorio, vía manga/anime o videojuegos, generalmente, Japón se ha erigido para muchos como un mundo mágico, algo casi místico que consigue captar el interés de jóvenes y adultos por igual. Con esta fascinación como base, algunos incluso centran su vida académica a aprender todo lo relacionado con el País del Sol Naciente. Así pues, hoy no busco únicamente hablaros de los aspectos más habituales de Bitoku, como los relaciones a su jugabilidad o la calidad de sus materiales, hoy, quiero hacer con vosotros un viaje cultural, uno hacia la mezcla de folclore, historia y, claro está, anime, si así lo demandan las distintas fuentes de inspiración que han dado vida a la obra de Germán P. Millán y Edu Valls.

Antes de comenzar a desgranar y profundizar, es necesario hacer una pequeña introducción al shintoismo, la religión politeista y animista, que en su forma más básica hace alusión a la veneración de los espíritus, los llamados Kami, que residían en cualquier lugar de la naturaleza, desde el sol mismo, hasta una montaña o un árbol, y a su vez, estos Kami podían influir en la vida de las personas. Los Yōkai, por su lado, cimientan sus raíces en el taoismo y, claro está, la religión shintoista. Si bien es cierto que Yōkai suele traducirse popularmente como «monstruo», no es menos cierto que la realidad es mucho más compleja, ya que es una término amplio e impreciso, que abarca una extensa cantidad de seres: monstruos, demonios (Oni), ciertos tipos de deidades (Kami), espíritus (Bakemono), animales mágicos, humanos transformados, leyendas urbanas y otra serie de fenomenología extraña. Buscarle una traducción correcta a otra lengua se antoja complicado, puesto que ni en Japón queda muy claro cuáles son los límites que constituyen un Yōkai y lo que son. Hay que tener en cuenta que, al ser tan variados, no se puede hablar de ellos como seres benévolos o malévolos, puesto que algunos son simpáticos y divertidos, mientras que otros son grotescos y amenazadores.

Los Yōkai tienen un enorme protagonismo en Bitoku en forma de cartas, y aunque el abanico de estos seres es tan amplio como para proporcionar expansiones al juego durante un buen puñado de años, los protagonistas elegidos para el juego base han sido: Kappa, Imomushi, Nezumi, Kitsune, Shin Ookami y Yama-Uba.

 

Yōkai 

Kappa

Los Kappa, cuya traducción aproximada sería algo así como «niños de río», suelen vivir en ríos y lagos. Pese a su simpática apariencia en Bitoku, estos seres humanoides con cara y caparazón de tortuga, la realidad es que no hay escapatoria para aquellos que se crucen con un Kappa en el agua, pues se sabe que aparte de atacar a animales como vacas o caballos (Komahiki es otro nombre por el que se conoce a este ser, que sería algo así como «empuja caballos»), también secuestran y ahogan a seres humanos, teniendo además en cuenta que las entrañas humanas son un delicioso manjar para estos entes. Sea como fuere, la dualidad habitual de los Yōkai está presente en los Kappa, ya que también existen historias que hablan de ellos en buenos términos, refiriéndose a estos como una especie de deidad acuática que puede ayudar a humanos devotos que les ofrenden pepinos (su otra comida favorita). Generalmente, en las representaciones ligadas al entretenimiento digital, suele aparecer al igual que en Bitoku, con un aspecto mucho menos amenazante que en las pinturas tradicionales japonesas que lo representan. Algunos ejemplos son: Capitán en Animal Crossing o Lombre en Pokémon.

 

Imomushi

Imomushi, al contrario que el resto de sus compañeros, no es un Yōkai. Literalmente, es la palabra japonesa para referirse a las orugas, conformado por los kanjis de patata e insecto. Dicho esto, existen varios casos de Yōkai insectos, como el Mimimushi, o de extraños híbridos entre oruga y mujer, como el Okiku mushi. En este caso, la inspiración parece venir directamente de Silk, juego de mesa diseñado por Luis Ranedo y ilustrado por Roc Espinet, cuyo principal componente son las orugas Imomushi que producen la seda.

 

Nezumi

Con Nezumi, pasa algo similar a lo que ocurre con Imomushi, pues no parece haber un Yōkai claro que haya servido de inspiración para este. En esta ocasión, su nombre es la palabra japonesa derivada del kanji utilizado para ratón/rata. Si bien es cierto que hay entidades del folclore como Kodama Nezumi o incluso el mítico Tesso, no hay nada que haga pensar que existe una relación directa entre el Nezumi de Bitoku y estos seres. Si tuviese que apostar por su alma afín dentro de la cultura japonesa, apostaría por el Kyūso, una enorme rata que ha alcanzado los mil años de edad y que se alimenta principalmente de gatitos. Una vez más, existen otras leyendas urbanas que afirman que, lejos de ser tan malos, en ocasiones juegan con gatos e incluso crían camadas de gatos abandonados.

 

Kitsune

Los Kitsune son zorros inteligentes que poseen increíbles poderes mágicos que aumentan a medida que envejecen y se vuelven más sabios (esto va asociado con el número de colas del Kitsune, a mayor número de colas, más viejo y sabio es). Se les conoce comúnmente por ser animales sagrados que actúan como mensajeros de los dioses, una suerte de intermediarios entre el mundo celestial y el mundo humano, ligados frecuentemente al servicio de la deidad sintoísta Inari. Si bien es cierto que popularmente el folclore los posiciona como sinónimo de buena suerte y protectores contra los espíritus malignos, no es menos cierto que, la dualidad Yōkai vuelve a estar presente, ya que gracias a su habilidad como cambiaformas, pueden engañar a los seres humanos adoptando diversas formas, e incluso transformándose en temibles monstruos. Incluso, existen tradiciones locales que hablan de un tipo de Kitsune denominado Ninko, capaz de poseer a los seres humanos. En cuanto a su aparición en productos de la cultura popular, quizás su representación más famosa sea como el Kyūbi de Naruto, mientras que en los videojuegos podría ser Ninetales de Pokémon.

 

Shin Ookami

Si bien es cierto que Shin Ookami no es un Yōkai al uso, hay una clara inspiración real en el folclore shintoista, y es que, al igual que con otros animales como los zorros, la adoración a los lobos ha existido en Japón muchísimo tiempo, hasta el punto de que algunas obras de gran importancia cultural como el Nihon Shoki lo describen como «un dios inteligente». Se le asocia con el dios de las montañas y con los Santuarios de Chichibu Mitsumine y Musashi Mitake, lugares de adoración a los lobos. El Okuri Okami es el Yōkai que más se asemeja a este Shin Ookami de Bitoku. Este lobo nocturno vive en pasos de montaña y bosques oscuros a la espera de desdichados viajeros solitarios a los que seguir durante su periplo, para abalanzarse y devorarlos cuando estos tropiezan y están indefensos. Si tienes suerte, este peligroso lobo puede servirte de protección, pues mientras te acecha, ningún otro Yōkai se atreverá a acercarse, por lo que, siempre que tengas cuidado y no tropieces, todo estará bien. En cuanto a referencias se refiere, Ookami ya aparece en el juego de mesa Silk, publicado por Devir y de inspiración nipona; en cuanto a videojuegos, lo más sencillo sería apuntar a Ōkami, el videojuego de Capcom.

 

Yama-Uba

La Yama-Uba, literalmente anciana de las montañas, es lo que se conoce como una Kijo, un Oni femenino (recordemos que los Oni forman parte del imaginario Yōkai). Entre sus características, estos seres se asemejan a mujeres humanas y son generalmente horribles a la vista, además, suelen vivir alejadas de la población, en lugares recónditos como montañas, cuevas o islas. Estas viejas, otrora humanas, fingen ser seres humanos normales que ofrecen al cansado viajero un lugar en el que hospedarse, descansar y disfrutar de una comida caliente, con el único fin de engañarlos y, posteriormente, devorarlos. En otras leyendas se cuenta que cambia su forma por la de una atractiva joven o un familiar del desdichado viajero para conducirle hacia su muerte en un lugar peligroso de la montaña. La Yama-Uba se representa en algunos videojuegos como Nioh, a la vez que sirve de inspiración para algunos personajes en la animación japonesa, como es el caso de Yubaba en El viaje de Chihiro (a la que el propio Millán se refiere como inspiración para la carta)

 

Mitama y Libélula

Los Tama o Mitama, hacen referencia a los espíritus de los difuntos y de los propios Kami. El sintoísmo apunta a que tanto de los Kami como de los seres humanos constan de un espíritu y cuatro almas, a saber: ara-mitama (el alma valiente con el poder de gobernar), nigi-mitama (el alma armoniosa con el poder de armonizar), saki-mitama (el alma de la fortuna con el poder de bendecir) y kushi-mitama (el alma sabia con el poder de transformar). En teoría, este espíritu es capaz de controlar los cuatro aspectos de estas almas, y a su vez, esta división sirve para enfatizar que los Kami pueden ser capaces tanto de hacer el bien como de hacer el mal.

Estos aparecen representados en Bitoku en forma de unos pequeños seres espirituales con cuatro colores diferentes, que se complementan con un quinto invitado que, si bien forma parte de los Mitama en este juego, es algo completamente diferente. Pese a que popularmente se suele traducir Shinigami como Dios de la Muerte, es algo mucho más amplio, pudiendo referirse también a los espíritus de los muertos que son capaces de poseer y dañar a los vivos. Estos seres están íntimamente ligados con la creencia popular de que el mal engendra mal, por lo que tienden a aparecer en lugares en los que han tenido lugar asesinatos o suicidios, intentando así poseer a una víctima para que se culpe y se obsesione con la muerte para, finalmente, provocar que se quite la vida.

En cuanto a las libélulas, son consideradas símbolos de coraje, fuerza y ​​felicidad, siendo de gran relevancia en Japón, ya que en la mitología antigua, Japón era conocido como Akitsushima, que viene a significar «Isla de las libélulas» (akitsu es la palabra japonesa para libélula y shima significa isla). Igualmente, los agricultores las consideraban un buen augurio, ya que su presencia era señal de una buena cosecha de arroz, mientras que los samuráis honraban a la libélula de muchas formas, pues era conocido popularmente entre ellos como, debido a la similitud en el sonido de la palabra «libélula» y «victoria» en japonés, amén de porque avanzaba rápidamente hacia su objetivo y mataba eficazmente a los enemigos sin vacilación ni retirada.

Huelga decir que, pese al trabajo de investigación relacionado con el folclore, que desde luego puede servir a cualquiera que esté leyendo estas líneas para conocer un poco más en profundidad al país nipón, el propio autor comentaba que su inspiración para los Mitama volvía a estar una vez más en Ghibli, refiriéndose a estos seres como unas «almas perdidas» a las que ayudar a encontrar el camino de retorno al bosque, algo que solamente pueden lograr con la ayuda de las Libélulas Chinkon. Es especialmente interesante el «apellido» agregado a estos insectos en el juego, ya que Chinkon se compone de los kanjis de tranquilizar y alma, viniendo a representarse como una especie de rito para el descanso de las almas de los difuntos. Así pues, en Bitoku, las libélulas son las encargadas de ofrecer reposo a las almas perdidas representadas por los Mitama.

 

El Gran Espíritu

La inspiración para la creación de El Gran Espíritu, como ya confirma el bueno de Germán en un hilo dedicado a su juego, no es otro que El Gran Espíritu del Bosque o Shishigami de La Princesa Mononoke, y es que, queda más que patente la admiración y respeto que el autor profesa hacia el trabajo de Ghibli y Miyazaki. Así pues, lo único que cabe preguntarse es, ¿cuál fue la fuente de inspiración de la que bebieron en el estudio de animación para dar vida a este personaje? En este caso, se ha de buscar su origen en el budismo, concretamente, en The Kasuga Deer Mandala, un rollo de pintura en el que aparece la representación de un ciervo blanco con un sakaki (árbol sagrado) en la espalda. En el budismo, el ciervo simboliza la armonía, la felicidad, la paz y la longevidad. Igualmente, según la tradición budista, Sakyamunī (el Buda Gautama) fue un ciervo dorado en una de sus vidas anteriores, por lo que la presencia de estos animales representa la pureza de un reino desprovisto de miedo.

 

Kodama

Los entrañables espíritus del árbol de La Princesa Mononoke, sirven una vez más de inspiración para Bitoku, pero, ¿qué son exactamente estos personajillos? Lo cierto, es que no está demasiado claro lo que son, ya que su tratamiento ha ido cambiando con el paso del tiempo. Al principio, había quien los tomaba por kamis, dioses de la naturaleza ligados a los bosques, otros, simplemente los consideraron espíritus con poderes sobrenaturales. En cualquier caso, parece haber consenso en cuanto a su función como cuidadores de los árboles que buscar mantener el equilibrio de la naturaleza, pero al contrario que en la obra de Miyazaki, estos seres no son solamente benévolos, sino que depende de nosotros que estos se comporten de una manera u otra. Si son adorados y honrados, protegerán las casas y las aldeas, pero si son maltratados o faltados al respeto, por ejemplo, cortando un árbol que les sirva de hogar, desatarán maldiciones causando la ruina de una comunidad.

 

Peregrinos y rocas Iwakura

Los peregrinos, esos simpáticos personajillos que se asemejan a un huevo con un ojo y una túnica de monje budista, parecen tener también su contraparte en el folclore Yōkai japonés. El Hitotsume-kozo es un ser con la apariencia de un pequeño monje budista con un solo ojo que adora el silencio y sorprender a la gente para asustarla, es por esto que generalmente se suele creer que son completamente inofensivos, algo que, si se pone en relación con otros seres similares como el Hitotsume-nyudo, un sacerdote de gran tamaño con un solo ojo que se dedica a esclavizar humanos y Yōkai menores, a la vez que ataca a viajeros y en ocasiones hasta los devora, queda claro que las travesuras ligadas a los sustos de los Hitotsume-kozo son cosa menor.

En Bitoku, los peregrinos te ayudarán a avanzar por la senda de la sabiduría en su viaje por intentar alcanzar las casillas de iluminación, algo que sin duda va muy ligado al canon budista, ya que alcanzar la iluminación es el objetivo de cualquiera que siga las enseñanzas de Siddharta Gautama. Por este camino, aparecen también los Torii, unos elementos arquitectónicos ligados al shintoismo que sirven, a modo de puerta, de separación el mundo terrenal/humano del mundo celestial/divino.

En estrecha relación con los peregrinos, aparecen también las rocas Iwakura, así llamadas para enfatizar el hecho de que Iwakura hace alusión a antiguas creencias shintoistas de veneración a ciertos lugares o elementos que actúan a modo de moradas para los Kami, en este caso concreto, a las rocas. ¿Recordáis que al principio hablaba del shinto como «la veneración de los espíritus, los llamados Kami, que residían en cualquier lugar de la naturaleza»? Pues estas grandes rocas o «asientos de los Kami» son uno de esos elementos naturales. De hecho, al no poseer los japoneses en la antigüedad nada comparable a santuarios o relicarios religiosos; para ellos, las piedras eran campos de fuerza naturales que atraían la presencia de deidades.

 

Bitoku

Bitoku es, como bien indica el propio autor, virtud, en este caso referido al código Bushido, la palabra japonesa que literalmente significa «camino del guerrero», ya sabéis, el credo de los samuráis. Este código moral sobre las actitudes, el comportamiento y el estilo de vida de los samuráis se resume mediante estas siete virtudes:

  • Gi – Justicia
  • Yuuki – Coraje
  • Jin – Benevolencia
  • Rei – Respeto/Cortesía
  • Makoto – Honestidad
  • Meiyo – Honor
  • Chuugi – Lealtad

 

Jiraiya Goketsu Monogatari y la leyenda de las carpas koi

El dorso de las cartas de Yōkai y Bitoku, están hermosamente decoradas con lo que parece ser una enorme rana con kimono en el primer caso, y un dragón con varias carpas doradas escalando a través de este. Ninguno de ellos ha sido escogido al azar, y es que, ambos dibujos tienen su significado en el folclore japonés. En el caso de la rana, a más de un amante del manga y el anime le recordará rápidamente a Gamabunta, la rana de Jiraiya que, más tarde, pasaría a ayudar a Naruto como nuevo Sabio. Tanto Jiraiya como Tsunade, así como Orochimaru, provienen del cuento popular japonés Jiraiya Goketsu Monogatari, en el que Jiraiya, un ninja capaz de transformarse en sapo gigante, se enamora de Tsunade, una ninja que domina la magia de las babosas. Por otro lado, Orochimaru, el ninja de las serpientes y antiguo compañero de Jiraiya, se presenta como su principal enemigo. En la carta aparece solamente la rana, que además comparte el color naranja con Gamabunta, así como unos ropajes similares de color azul.

En cuanto al dibujo del dragón y las carpas, y aunque las carpas koi son realmente muy populares en Japón, toca remontarse a una leyenda china. La leyenda afirma que hace mucho tiempo, había una gran cantidad de peces koi dorados en el río Amarillo en China (lo cual explicaba el color de dicho río). Se abrieron paso río arriba, yendo contra la corriente, todo ello mediante un gran esfuerzo. Cuando llegaron a una cascada al final del río, muchos de estos peces decidieron darse por vencido dándose la vuelta y dejándose arrastrar por la corriente río abajo, mientras que otros, aguantaban estoicos. Saltando desde las profundidades del río, intentaron llegar a la cima de la cascada en vano. Los espíritus del río observaron a los koi intentarlo una y otra vez, burlándose constantemente de ellos. Después de cien años, un koi finalmente llegó a la cima de la cascada. Los dioses reconocieron al aguerrido pez por su perseverancia y determinación, convirtiéndole en un dragón dorado. Así pues, en Bitoku, se representa al dragón, la carpa que consiguió su objetivo gracias a no rendirse nunca, con unas escamas doradas acompañadas de otros koi que, al igual que este, no se rindieron e intentaron nadar hasta lo alto de la cascada.

 

Final

¡Gracias a todos los que habéis leído hasta el final! Soy consciente de que Bitoku puede dar para un artículo mucho más extenso, ya que he obviado al Tengu como Yōkai por no ser una carta per se, al igual que he obviado hablar de construcciones budistas como la pagoda, o históricas de Japón, como los onsen (las aguas termales) o los ryokan (posadas tradicionales), amén de zonas del tablero como las Tierras Yomi (el inframundo/la tierra de los muerto), por aportar varios ejemplos. Sea como fuere, confío en que este extenso texto haya servido para facilitaros información de interés y, ¿por qué no? Profundizar todavía más en el amplio imaginario japonés. Por último, me despido invitándoos a leer nuestro análisis de Bitoku, una obra patria más que excepcional. ¡Ah! Antes de que se me olvide, no dudéis en visitar el hilo de Germán Millán para saber más sobre el proceso creativo de Bitoku.

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