![[Análisis] Orbitals [Análisis] Orbitals](https://gaminguardian.com/wp-content/uploads/2025/12/Orbitals-800x450.webp)

Shapefarm, estudio fundado por antiguos miembros de Hazelight, se lanza con una propuesta que hereda directamente el ADN de It Takes Two y Split Fiction, pero que busca construir su propia identidad a través de un envoltorio muy específico: el de una anime jugable de los años 80 y 90. Orbitals no reinventa la fórmula cooperativa que sus predecesores popularizaron, pero encuentra en su dirección artística, su banda sonora y su diseño de puzles motivos suficientes para justificar su propia existencia, aunque termine sintiéndose más corto de lo que su premisa promete.
La premisa argumental sitúa a Maki y Omura, dos jóvenes exploradores, ante la inminente destrucción de su hogar: una estación espacial habitada por una colonia de residentes mayores, amenazada por una tormenta cósmica que ya estuvo a punto de acabar con la comunidad en el pasado. La dupla emprende un viaje de rescate hacia los confines del espacio para reunir el equipo necesario y evitar la catástrofe. Es una premisa funcional más que memorable, y el propio desarrollo del juego lo demuestra: durante buena parte de sus aproximadamente seis horas de duración, las motivaciones reales de los personajes permanecen difusas, y no es hasta el tramo final cuando la trama termina de encajar sus piezas.
Historia: Un misterio a la sombra del Muro de tormenta
En Orbitals, nos ponemos en la piel de Maki y Omura, un dúo de jóvenes y estrambóticos exploradores que compensan su evidente inexperiencia con una determinación inquebrantable. Ambos residen en una colonia espacial habitada casi exclusivamente por personas mucho mayores que ellos, un detalle que ya desde el principio insinúa que hay secretos enterrados en el pasado de esta estación. Cuando una amenaza de índole sobrenatural conocida como el Muro de tormenta amenaza con destruir su hogar, nuestros protagonistas se ven obligados a aventurarse en el vasto cosmos para encontrar una forma de salvar a su gente. A lo largo del camino, descubrirán misterios fascinantes, incluyendo el verdadero propósito de unas cápsulas de clonación que justifican, dentro del propio lore, la capacidad de reaparecer tras cada caída.

Si bien la premisa de Orbitals es sólida, la ejecución narrativa es quizás su punto más discutible. Durante buena parte de las seis horas que dura la campaña principal, las verdaderas motivaciones de los personajes y el peso del universo que les rodea quedan en un segundo plano. El juego prefiere centrarse en el carisma inmediato de Maki y Omura, apoyándose en tropos clásicos del anime y diálogos rápidos que, a veces, resultan un tanto apresurados. Hay momentos cruciales en los que la exposición de la trama ocurre en medio de tiroteos o saltos ajustados, provocando que detalles vitales pasen desapercibidos. No es hasta el tramo final cuando todas las piezas del rompecabezas argumental encajan de verdad, ofreciendo un clímax que logra resonar emocionalmente, pero que te deja con la sensación de que el desarrollo previo necesitaba respirar un poco más.

Rompecabezas asimétricos: La brillantez de colaborar
Donde Orbitals brilla con luz propia, es en su diseño de niveles y en cómo fuerza a los jugadores a comunicarse. A diferencia de otros títulos del género donde el personaje que eliges dicta tu rol durante toda la partida, aquí la asimetría viene definida por las herramientas que equipas al inicio de cada nivel. Un jugador puede llevar una suerte pistola de agua capaz de apagar incendios o hacer crecer plantas, mientras el otro carga con una herramienta magnética o un gancho de chatarra para mover plataformas a distancia. Las habilidades básicas de correr, saltar y planear son idénticas para ambos, por lo que el éxito recae enteramente en cómo combináis vuestros artilugios contextuales.

Las mecánicas en Orbitals no dejan de evolucionar. Justo cuando crees haber dominado un truco, el juego introduce una variable nueva. Un ejemplo perfecto de este diseño inteligente es una sección inundada de lava donde un jugador debe disparar agua al techo desde el nivel inferior para generar plataformas temporales, mientras su compañero, a ciegas desde arriba, debe coordinar cada salto gritando direcciones para alcanzar un interruptor de enfriamiento. Es caótico, tenso y, sobre todo, inmensamente divertido. A esto se le suman secciones ocasionales en 2D que rompen la jugabilidad principal tridimensional, exigiendo reflejos rápidos y abriendo caminos mutuamente en lo que se convierte en un baile de plataformas ejecutado a contrarreloj.

Por suerte, el título es consciente de su propia exigencia. Morir en Orbitals no conlleva ninguna penalización; el jugador reaparece de forma instantánea en el mismo lugar, evitando la frustración y manteniendo un ritmo de partida ágil que respeta el tiempo de los jugadores.
Navegando el cosmos: El contraste del ritmo
Entre misión y misión, el dúo regresa a su nave espacial, que funciona como un mundo nexo o hub. Es aquí donde el diseño de Orbitals esconde uno de sus mayores encantos secundarios: los minijuegos. A medida que exploras los niveles a pie, puedes encontrar terminales ocultos que desbloquean actividades competitivas en la nave, como combates de laser tag o saltos de comba con láseres. Son distracciones sencillas, pero aportan ese toque clásico de picar a tu compañero para batir su récord antes de saltar a la siguiente misión principal.

Sin embargo, cuando toca pilotar esta nave por el espacio exterior, la experiencia decae ligeramente. El juego divide los roles de manera estricta: un jugador toma el timón para esquivar campos de asteroides y sortear peligros, mientras el otro maneja las torretas defensivas. Visualmente, atravesar estaciones espaciales abandonadas bajo la tenue luz de las estrellas es un espectáculo, pero a nivel mecánico, estas secciones se sienten limitadas. Disparar a objetivos básicos y machacar el botón de acelerón rara vez alcanza la profundidad o la brillantez de los puzles a pie. En los peores casos, estos viajes espaciales se perciben como un trámite tedioso que debes superar para llegar a la verdadera esencia de Orbitals: su plataformeo cooperativo.

Un anime de los 80 jugable: el triunfo audiovisual
Si hay algo que convierte a Orbitals en una rareza digna de aplauso es su apartado audiovisual. Shapefarm no se ha conformado con ponerle un filtro cel-shading genérico al juego; ha recurrido al talento de Studio Massket (veteranos detrás de series como Pokémon o My Hero Academia) y al animador Tôru Yoshida (Cowboy Bebop, Gundam) para lograr una fidelidad visual apabullante. Jugar a Orbitals es, literalmente, controlar un anime de los sábados por la mañana.

Para conseguir esta sensación tan analógica, el estudio ha implementado una técnica de renderizado mixta brillante: aunque el juego tiene un límite de 30 fotogramas por segundo, las animaciones de los personajes corren a 24 fps y los elementos del fondo a 12 fps. Al principio puede chocar al ojo acostumbrado a la fluidez moderna, pero en cuestión de minutos el cerebro hace clic y el resultado es mágico. Este sacrificio técnico voluntario, acompañado de filtros VHS y colores pastel, crea una identidad visual arrolladora.

El audio no se queda atrás. La banda sonora rechaza los tonos ambientales genéricos de la ciencia ficción para abrazar temas de hard rock que inyectan pura adrenalina durante las secuencias de escape. Además, el esfuerzo de localización es impecable, contando con doblaje íntegro al español (junto al japonés y otros seis idiomas) que clava el tono exagerado y emotivo de las producciones niponas clásicas, dotando a la aventura de una pátina de superproducción a pesar de su escala comedida.

Conclusión
Orbitals es un recordatorio contundente de por qué el cooperativo de sofá sigue siendo irreemplazable. La genialidad de sus puzles asimétricos, sumada a una dirección de arte histórica que clava la nostalgia del anime clásico, justifica con creces el viaje. Es cierto que su duración ronda apenas las seis horas, que las secciones de la nave carecen de chispa y que la historia tarda demasiado en poner las cartas sobre la mesa. No obstante, gracias a la inclusión del Pase de amigo global, su precio de cuarenta dólares se amortiza rápidamente en forma de risas, gritos y sincronización pura. Shapefarm ha demostrado que hay mucha vida más allá de los estudios consagrados del género, entregando un título que, con sus imperfecciones, rebosa alma en cada fotograma.

Kalas
Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.