[Análisis] Stupid Never Dies

[Análisis] Stupid Never Dies

Stupid Never Dies box
Fecha de Lanzamiento
21/10/2026
Distribuidora
GPTRACK50 Inc.
Plataformas
PlayStation 5 y PC
Versión analizada
PlayStation 5

La industria del videojuego guarda una deuda histórica con las producciones de media tabla que no le temen a la excentricidad absoluta. En una época dominada por súper producciones solemnes que se toman a sí mismas demasiado en serio, el debut del estudio surcoreano GPTRACK50 (liderado por el legendario productor Hiroyuki Kobayashi (Resident Evil, Devil May Cry, Dragon’s Dogma)) llega apadrinado por Sega para reivindicar el espíritu desenfadado de la séptima generación de consolas. Stupid Never Dies es un action RPG roguelite en tres dimensiones que adopta la filosofía del «más es más» tanto en su apartado visual como en su ritmo desenfrenado. Bajo una premisa argumental disparatada que roza el humor absurdo de producciones de culto estilo Suda51 como Lollipop Chainsaw o Shadows of the Damned, el título nos invita a encarnar al muerto viviente más inepto del planeta en un descenso a los infiernos a través del inodoro donde la mejor defensa es la agresión ciega. El resultado es un juego con enorme personalidad y un bucle de progresión altamente adictivo en sesiones cortas, aunque salpicado por el inevitable fantasma de la repetitividad y ciertas imprecisiones de control.

 

Amor en el congelador, almas e inodoros

La narrativa de Stupid Never Dies parte de un argumento tan descabellado que resulta imposible no caer rendido ante su simpática estupidez. En una línea temporal alternativa donde las huestes demoníacas lideradas por el rey KOM (King of Monsters) exterminaron al noventa y ocho por ciento de la humanidad y relegaron a los zombis al último eslabón de la jerarquía del inframundo por su cobardía, conocemos a Davy. Este desdichado y haragán no-muerto pasa sus días vagando por un centro comercial abandonado hasta que se topa con la cámara frigorífica de un supermercado. Allí descubre a Julia, una joven universitaria que quedó congelada en un bloque de hielo durante la Gran Guerra. Davy cae perdidamente enamorado a primera vista de la muchacha (a quien jamás llegó a conocer en vida) y decide emprender una misión suicida para derrotar a KOM, recuperar la tecnología perdida y descongelar a su pretendida.

Para lograr tal hazaña, Davy cuenta con la ayuda del Dr. Frank, un científico chiflado, y Acelino, un chihuahua que es secretamente un hombre lobo. Tras devorar por error un huevo místico que le otorga la capacidad de robar los poderes de otros demonios, nuestro protagonista comienza sus incursiones al inframundo arrojándose sin dudarlo por la cisterna del inodoro del centro comercial, el peculiar portal de acceso a la mazmorra. El ritmo narrativo intercala estas rápidas runs de unos diez minutos con pausas en el centro comercial, donde podemos usar una aspiradora Roomba para desplazarnos rápidamente entre las tiendas de los secundarios, comprar cartas de habilidades en la hamburguesería de Bessie o revisar la tablet de Julia para curiosear sus publicaciones en redes sociales y sus diarios en vídeo antes del desastre. El excelente doblaje y el descaro de los diálogos logran convertir este peculiar acoso romántico en una comedia negra entrañable y muy divertida.

 

El Stupid Parry y la bacanal de transformaciones

La columna vertebral de la jugabilidad de Stupid Never Dies se desmarca de los estándares tradicionales del género de acción al eliminar por completo los botones de bloqueo o esquiva convencional. Partiendo de la base de que Davy ya está muerto y no tiene nada que perder, el sistema de combate incentiva un enfoque puramente ofensivo mediante la mecánica del Stupid Parry. Esta maniobra nos permite embestir frontalmente contra los ataques enemigos; aunque absorbemos parte del impacto, la acción quiebra la guardia del oponente y expone su núcleo vital. Al ejecutar la acción de devorar (Style Bite), Davy no solo recupera salud de inmediato, sino que absorbe la esencia de las bestias de élite para transformarse temporalmente en uno de los once estilos disponibles, que abarcan desde Hombres Lobo, Arpías y Gólems hasta Hombres Pez, Hadas de la Nieve o Licántropos capaces de invocar su propio ejército de esqueletos.

Cada uno de estos Estilos modifica radicalmente el repertorio de ataques y la velocidad del protagonista. A esta destacable variedad de formas se suma el sistema Body Hack, con el que podemos modificar la anatomía de Davy en la base instalándole prótesis Overtech como lanzamisiles en los hombros, sierras mecánicas en los brazos o propulsores en las piernas. Sin embargo, a pesar de la dilatada experiencia de los veteranos de Capcom al frente del desarrollo, el combate a los mandos adolece de cierta falta de contundencia e impacto. La incomprensible ausencia de un sistema de fijado de objetivo tradicional dificulta enormemente el cálculo de distancias en pasarelas estrechas y convierte los enfrentamientos contra enemigos y jefes voladores en un trámite frustrante donde es habitual golpear al aire o fallar combos por culpa de la cámara.

 

La inevitable trampa del grindeo roguelite

En su faceta como roguelite, Stupid Never Dies ha sido diseñado para ofrecer sesiones de juego sumamente rápidas, adictivas e interconectadas. Cada descenso por el inodoro propone un mapa de estancias interconectadas donde debemos sopesar constantemente el riesgo y la recompensa antes de que expire el implacable cronómetro con forma de oso de peluche que nos empuja a avanzar. Derrotar monstruos nos premia con valiosos puntos de experiencia que mejoran permanentemente nuestros atributos de ataque y defensa al volver al centro comercial, además de permitirnos elegir «Recibos» con cartas de bonificaciones pasivas durante la propia incursión. Sorprendentemente, Stupid Never Dies premia los constantes fracasos del jugador aumentando un multiplicador permanente de experiencia tras cada muerte, permitiendo que incluso las peores partidas sirvan para fortalecer al personaje de cara a la siguiente oportunidad.

No obstante, esta amable filosofía de progresión no logra camuflar el mayor punto débil de la obra: la repetitividad estructural. A pesar de contar con escenarios temáticos bien diferenciados (que van desde ruinas heladas de inspiración nórdica hasta volcanes romanos), el diseño procedimental de las salas es sumamente limitado. Tras un puñado de incursiones, el jugador aprenderá de memoria la disposición de los mapas y la ubicación exacta de las salidas. Al llegar a los inflexibles muros de dificultad que imponen los jefes de zona, el juego nos obligará a repetir una y otra vez las mismas estancias para recolectar materiales específicos, piezas Overtech y divisas en el centro comercial. Este bucle de grind excesivo terminará por fatigar a aquellos usuarios que busquen un avance narrativo fluido o una mayor profundidad en el diseño de niveles.

 

Estética Spider-Verse, Doodle Art y acordes punk

El apartado audiovisual es, sin lugar a dudas, la carta de presentación más arrolladora de Stupid Never Dies. Construido sobre el motor Unreal Engine 5, el título derrocha una personalidad aplastante que mezcla con maestría el arte urbano del grafiti, el Doodle Art a base de garabatos y patrones geométricos, el pop art y las viñetas animadas de los cómics modernos, recordando inevitablemente a la vibrante dirección artística de películas como Spider-Man: Into the Spider-Verse (Spider-Man: un nuevo universo). Las batallas son un auténtico espectáculo pirotécnico cargado de ultracontraste y colores ultrasaturados: los enemigos derrotados explotan en cintas de tinta arcoíris, las transformaciones Davy Burst se activan al ritmo de potentes distorsiones de guitarra y los rostros de los monstruos lucen divertidas pegatinas de ojos saltones pintadas a mano.

Esta descarada propuesta plástica se complementa de forma magistral con una banda sonora de corte punk-rock de primer nivel que insufla una energía arrolladora a cada enfrentamiento. Los temas musicales encajan a la perfección con el tono irreverente de la aventura, permitiendo incluso al jugador desbloquear canciones para confeccionar sus propias listas de reproducción personalizadas durante las incursiones. Desde los alocados diseños de los jefes finales (como jinetes sin cabeza a bordo de motocicletas) hasta los desternillantes detalles de animación de Davy desplazándose sobre su Roomba, Stupid Never Dies derrocha un afecto genuino por el formato que logra encandilar al espectador.

 

Conclusión

Stupid Never Dies es un estimulante, ruidoso y desenfadado homenaje a los juegos de acción de culto japoneses de la época de los 2000. La primera obra del estudio GPTRACK50 compensa sus evidentes limitaciones presupuestarias con una dirección artística desbordante de personalidad, una banda sonora punk memorable y un bucle de progresión que sabe recompensar constantemente el esfuerzo del jugador. La mecánica de devorar núcleos para adoptar once estilos de combate distintos y la instalación de prótesis Overtech aportan un soplo de aire fresco y estratégico a las incursiones cortas.

Lamentablemente, sus asperezas mecánicas (destacando la imperdonable ausencia de un sistema de fijado de objetivo (lock-on), la tosquedad en los combates aéreos y una acusada repetitividad en el diseño de sus mazmorras) impiden que la propuesta alcance cotas más altas. El excesivo grindeo necesario para superar a los jefes más duros puede terminar pasando factura en las partidas más largas. A pesar de estos tropezones técnicos, quienes añoren la extravagancia sin complejos del software nipón tradicional y busquen un action RPG directo, cómico y cargado de dopamina, encontrarán en la absurda odisea romántica de Davy una propuesta enormemente entretenida.

Stupid Never Dies
Sinopsis
Davy se enamora a primera vista de Julia, una universitaria que murió congelada durante la Gran Guerra.Para devolverla a la vida deberá derrotar a KOM y recuperar el conocimiento perdido de la humanidad.¿Podrá el zombi más débil salvar a la chica que ama… y quizá también al mundo?
Pros
Un sistema de progresión sumamente agradecido que premia los fracasos y fomenta partidas rápidas de diez minutos.
El dinámico sistema Stupid Parry combinado con la absorción de núcleos para utilizar 11 Estilos de monstruo e implantes Overtech.
Una dirección artística deslumbrante que combina con maestría el cómic estilo Spider-Verse, el Doodle Art urbano y el pop art.
Una banda sonora de corte punk-rock sencillamente brillante que se adapta a la perfección al ritmo desenfrenado de la acción.
Contras
La falta de un sistema de fijado de objetivo (lock-on) provoca molestas imprecisiones y dificulta enormemente golpear a enemigos voladores.
El bucle jugable cae inevitablemente en una marcada repetitividad que obliga a realizar un grind prolongado para avanzar.
El diseño procedimental de las mazmorras es muy limitado y los escenarios pierden la capacidad de sorprender a las pocas horas.
7.5
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.