[Análisis] The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered – Nintendo Switch 2

[Análisis] The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered – Nintendo Switch 2

The Elder Scrolls IV Oblivion Remastered
Fecha de Lanzamiento
11/08/2026
Distribuidora
Bethesda
Plataformas
PlayStation 5, Xbox Series, Nintendo Switch 2 y PC
Versión analizada
Nintendo Switch 2

Morrowind fue el primer Elder Scrolls en pisar una consola, allá en 2002 con el Xbox original, pero fue Oblivion el que convirtió a la saga en un fenómeno de salón comparable al que ya llevaba años teniendo en PC. Su éxito quedaría después eclipsado por el arrollador recorrido de Skyrim, pero para mucha gente Cyrodiil fue la primera puerta de entrada a Tamriel. Ese juego de 2006 llegó ya el año pasado, remasterizado, a PlayStation 5 (cuya versión analizamos en su momento), Xbox Series y PC. Los usuarios de Nintendo han tenido que esperar algo más, pero ya pueden vivir su propia aventura en Cyrodiil a través de este port a Nintendo Switch 2.

Conviene situar bien qué es Oblivion antes de hablar del port. El juego original de 2006 era una ambiciosa monstruosidad que parecía sostenida con cinta americana, en riesgo constante de venirse abajo. Y sigue representando, a día de hoy, el punto más alto al que ha llegado Bethesda en su intento de simular un mundo: cada NPC se sigue procesando incluso fuera de pantalla, con opiniones que cambian dinámicamente entre ellos y hacia el jugador. El resultado puede resultar un poco tonto en ciertos momentos, e increíblemente inmersivo en otros. El efecto secundario es que Oblivion es un caos inestable en permanente peligro de desmoronarse. Y es precisamente por eso (no a pesar de eso) por lo que tanta gente sigue queriendo este juego: nunca sabes qué comportamiento extraño va a surgir a continuación.

 

Un mundo que se cuenta a sí mismo

Lo que distingue a Oblivion incluso de su propio sucesor es el peso que pone en la simulación por encima de la narrativa escrita. Los NPCs tienen disposiciones propias que cambian con el tiempo y con las acciones del jugador, el equipo se degrada y se rompe con el uso, y el mundo en general se siente menos indulgente que el de Skyrim. Ese trasfondo simulado da pie a sistemas enteros que existen al margen de cualquier misión, como el propio vampirismo: es posible contraerlo casi sin darse cuenta tras un encuentro desafortunado, y a partir de ahí toda la partida cambia de tono, obligando a adaptar horarios y rutas mientras se decide si buscar la cura o abrazar la condición. Es de ese tipo de sistemas (que nadie escribió como guion pero que el juego deja que ocurran) de donde nace buena parte del cariño que todavía se le tiene a Cyrodiil: un mundo donde un NPC con el que se habló hace unas horas puede aparecer muerto sin que el jugador sepa nunca exactamente qué ocurrió, y donde esa incertidumbre, lejos de ser un fallo, es parte del atractivo.

La trama principal, para quien prefiera seguirla sin distraerse, arranca en las mazmorras de la Ciudad Imperial, donde un prisionero anónimo se cruza con el emperador Uriel Septim VII (con la voz icónica de Patrick Stewart) justo antes de su muerte. Sus últimas palabras entregan el Amuleto de los Reyes y encomiendan la búsqueda del heredero perdido, Martin Septim, mientras Cyrodiil se llena de Portales de Oblivion que vomitan demonios sin descanso. Es una premisa sencilla si se compara con el rol más reciente, pero funciona gracias a su ritmo y a la sensación constante de urgencia. La verdadera riqueza narrativa, sin embargo, está en las misiones de facción: el «Whodunit?» de la Hermandad Oscura, que encierra al jugador en una casa con cinco víctimas y múltiples formas de acabar con ellas; el golpe del Gremio de Ladrones para robar un Elder Scroll, que pone a prueba sigilo e ingenio; o el ataque del Gremio de Magos contra el nigromante Mannimarco, considerado por muchos como una de las mejores misiones de toda la saga. Todo esto sucede en un mundo que, gracias al entonces revolucionario sistema Radiant AI, sigue sintiéndose vivo veinte años después: los NPCs van a sus asuntos, ajenos a si el jugador decide seguirles la pista o ignorarlos por completo.

El contenido incluido en esta edición es, sencillamente, todo lo que existe de Oblivion. Además de la campaña principal, están integradas Knights of the Nine (una búsqueda de armadura mística) y Shivering Isles, la expansión ambientada en el reino de Sheogorath que por sí sola añade otras cuarenta horas a una aventura ya larga de por sí. Se suma además una larga lista de contenido descargable menor (Fighter’s Stronghold, Spell Tomes, Vile Lair, Mehrunes’ Razor, The Thieves Den, Wizard’s Tower, The Orrery, y el histórico Horse Armor Pack, aquel primer DLC cosmético que en su momento se convirtió en motivo de burla de toda la industria y que hoy se incluye casi como una broma con perspectiva propia). En conjunto, entre la trama principal, las expansiones y las misiones de facción, se acumulan decenas y decenas de horas de contenido en la caja.

 

Mecánicas que envejecen mejor de lo esperado

El sistema de juego es el que cualquier veterano de la saga reconocerá de inmediato: combate en tiempo real, estadísticas y habilidades que suben según el uso, enemigos que escalan de nivel junto al jugador, y la libertad de recoger prácticamente cualquier objeto no clavado al suelo. Hay distintas razas y clases disponibles, personalización de apariencia hasta el detalle más pequeño, y una libertad de enfoque real para cada situación, ya sea con un tanque fuertemente armado, un arquero furtivo o un mago que lanza hechizos a diestro y siniestro (o, para quien lo prefiera, un poco de todo con el build menos eficiente posible). No es el sistema más equilibrado que existe (el escalado de nivel de los enemigos puede hacer que ciertas construcciones de personaje faciliten o compliquen la partida de forma desigual), pero incluso en las situaciones más difíciles casi siempre hay una salida si se le pone algo de creatividad.

El remaster ha optado por un enfoque curioso a la hora de tocar estas mecánicas: apenas hay cambios mayores, pero sí un aluvión de ajustes menores repartidos por todas partes. El efecto neto es que Oblivion Remastered juega más parecido a como la gente recuerda el original de 2006 que a como realmente era, y es una decisión que termina sentando bien, puesto que buena parte del encanto de este Cyrodiil concreto viene de lo raro que puede llegar a ser, y resulta positivo que ese rasgo no se haya pulido en exceso. Al mismo tiempo, hay elementos que quien lleve años jugando a Skyrim podría haber olvidado que no estaban aquí (como poder esprintar o lanzar el hechizo de Clarividencia), y que ahora sí están presentes, junto a una interfaz notablemente más fluida y funcional, con un sistema de acceso rápido a hechizos y objetos inspirado directamente en Skyrim, y dos modos de progresión a elegir: uno clásico, fiel al sistema original de 2006, y otro balanceado, pensado para evitar los errores de construcción de personaje que arrastraba aquella versión.

El combate recibe también un ajuste sutil pero perceptible: los golpes cuerpo a cuerpo tienen mejor respuesta gracias a animaciones renovadas, los proyectiles son más precisos, y la magia responde de forma más inmediata. Conviene tener presente, eso sí, que Oblivion mantiene el sistema más antiguo de un arma acompañada de un hechizo equipado en lugar del doble empuñadura habitual en juegos más recientes; es un enfoque menos vistoso, pero que aporta foco a cada encuentro al simplificar las opciones sobre la marcha.

 

Un remaster bonito por fuera, con el mismo motor tembloroso por dentro

Visualmente, esta es sin duda la versión más atractiva de Oblivion que ha existido. El salto es notable frente al original: mejores texturas, sombras dinámicas, iluminación volumétrica, mayor distancia de dibujado, y sorprendentemente, la Switch 2 mantiene efectos de gama alta como el trazado de rayos en la iluminación y los reflejos, tanto en modo acoplado como en modo portátil. Los NPCs conservan sus modelos clásicos pero con mejor sombreado de piel y gesticulación más natural, y la banda sonora de Jeremy Soule (una de las mejores de su generación) suena ahora con muchísima más claridad y rango dinámico.

Lo que no ha cambiado es lo que hay debajo de ese acabado. Este remaster es, en esencia, un renderizador de Unreal Engine 5 envuelto alrededor del motor original de Oblivion, con los cuellos de botella que eso implica. Casi todos los defectos de la versión sin mods de 2006 siguen presentes: problemas de frame-pacing, bugs de físicas extraños y, sobre todo, fugas de memoria y archivos de guardado que se hinchan con el tiempo. Conviene curarse en salud guardando la partida en varios huecos distintos en lugar de fiarlo todo a un único archivo, precaución que en consola pesa algo más que en PC, donde al menos existe la opción de recurrir a parches no oficiales de la comunidad si algo se rompe.

Dicho esto, lo que Switch 2 sí aporta por su cuenta es sorprendentemente más de lo esperado. El salto visual respecto al original de 2006 es enorme en cualquier plataforma, pero verlo funcionar en un híbrido portátil (manteniendo efectos de gama alta como el trazado de rayos en iluminación y reflejos, tanto en modo acoplado como en la pantalla de la propia consola) resulta genuinamente llamativo. El tamaño de instalación, además, juega a favor de esta versión: el cartucho se mantiene por debajo de los 60 GB, frente a los casi 120 GB que ocupa la versión de Steam, y a diferencia de las ediciones física de PS5 y Xbox, que exigen descargar el juego completo aunque se compre en formato físico, el cartucho de Switch 2 permite jugar la aventura entera sin depender de la conexión a internet. Y viendo que la llama del formato físico se apaga y que las key-cards son la norma para una gran cantidad de compañías que llevan sus juegos a Nintendo Switch 2, toca aplaudir la decisión de Bethesda de incluir todo en el cartucho.

El rendimiento es, previsiblemente, el punto donde más se nota la diferencia de potencia. El objetivo declarado son 30fps con DLSS a 1080p en modo acoplado, cayendo a 900p en portátil, y ese límite se sostiene de forma razonablemente estable en mazmorras y ciudades, que se cargan por separado, pero se hunde con facilidad en el mundo abierto y en combates con varios enemigos en pantalla a la vez. La exploración genera además tirones perceptibles al cargar y descargar zonas del mapa. Lo curioso es que, pese a esa mayor propensión a fallos puntuales, la experiencia portátil es sin duda la más placentera y estable durante sesiones largas una vez superados esos tropiezos iniciales, probablemente porque a menor resolución y en una pantalla más pequeña los recortes gráficos se disimulan mejor y el ojo perdona antes las caídas de frames.

En el terreno de los controles, la versión de Nintendo Switch 2 ofrece un abanico especialmente generoso. Además de los mandos tradicionales, esta edición incluye soporte de pantalla táctil en los menús, una implementación notable de HD Rumble, controles giroscópicos, y sobre todo, la posibilidad de jugar con el Joy-Con en modo ratón, con clic izquierdo y derecho incluidos: una forma de control que se siente como en casa en una aventura nacida en PC, y que ningún port de consola de sobremesa ofrece con esta naturalidad. El cambio a ese modo no es del todo automático y requiere algo de ajuste, pero una vez configurado es, con diferencia, la opción más cómoda para quien viene del ratón y teclado de PC y no quiere renunciar del todo a esa precisión.

 

Conclusión

Si la pregunta es si The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered merece la pena, la respuesta ya la dimos hace más de un año: sí, sin ninguna duda. La pregunta de hoy es distinta, y la respuesta es más matizada: como versión concreta, la de Nintendo Switch 2 es una opción sólida y hasta recomendable para quien valore la portabilidad por encima de todo, pero no la definitiva para quien busque la experiencia más pulida posible.

A favor de esta edición juegan varios argumentos de peso: es, con diferencia, la única forma de llevarse Cyrodiil entero encima sin depender de un PC portátil mal optimizado para el juego, ofrece un catálogo de opciones de control que ninguna otra plataforma iguala, y visualmente rinde muy por encima de lo que cabría esperar de una plataforma híbrida, incluso con trazado de rayos en juego. En contra, sigue arrastrando exactamente los mismos fallos técnicos que atormentan al juego desde su lanzamiento original hace más de un año, sin que Bethesda los haya resuelto para esta versión ni parezca haber prisa por hacerlo, y sin la vía de escape que ofrecen los mods en PC cuando algo se rompe.

Para quien ya tenga claro que quiere jugar a Oblivion Remastered en el sofá conectado a una pantalla grande y priorice la máxima estabilidad posible, PC o las consolas de sobremesa siguen siendo la apuesta más segura. Pero para quien valore apagar la consola a mitad de una mazmorra y reabrirla en el metro al día siguiente, Switch 2 ofrece, con sus tropiezos, la mejor versión portátil que existe de este clásico, y una de las más cómodas de controlar de todas las disponibles.

The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered - Nintendo Switch 2
Sinopsis
The Elder Scrolls IV: Oblivion Remastered moderniza el Juego del Año de 2006 con unos gráficos impresionantes y una jugabilidad mejorada. Explora el vasto paisaje de Cyrodiil como nunca e impide que las fuerzas de Oblivion usurpen el territorio en uno de los mejores RPG de la historia, desarrollado por los galardonados Bethesda Game Studios.
Pros
Es la única forma de jugar la aventura completa (campaña, expansiones y todo el DLC) de forma verdaderamente portátil sin depender de un PC consolizado..
Cartucho ligero (menos de 60 GB) que no exige descarga adicional para jugar el contenido completo.
Rendimiento visual que sorprende para el hardware, con trazado de rayos activo incluso en portátil.
El mejor catálogo de opciones de control de cualquier versión: táctil, giroscopio, HD Rumble y modo ratón.
Contras
Llega más de un año tarde y sin resolver ninguno de los problemas técnicos que ya sufría el resto de plataformas.
Rendimiento inestable en mundo abierto y combates grandes.
Sin posibilidad de mods o parches de comunidad que mitiguen esos fallos, a diferencia de PC.
8.6
Recomendado

Veterano en esto de escribir sobre videojuegos, pero un día me cansé y decidí fundar mi propia web. No soy amante de las marcas, sino de los buenos juegos, aunque Nintendo ha estado muy presente en mi infancia. Sobrevivo en mi lucha por convertirme en un especialista en Asia Oriental.