[Análisis] 1066: La batalla de Hastings

[Análisis] 1066: La batalla de Hastings

1066
TIEMPO DE JUEGO
30-40 minutos
EDAD
+ 14
EDITORIAL
Draco Ideas
LANZAMIENTO
23 de agosto de 2021
NÚMERO DE JUGADORES
1-2
DISEÑADOR
Tristan Hall
GÉNERO
Wargame
Desde hace ya bastantes años me considero un apasionado de la historia, me gusta estudiarla y conocer cada día un poco más, con especial interés en los conflictos bélicos. Pese a ello, todavía no he sido capaz de ahondar en los juegos de mesa históricos, concretamente, los wargame, que suelen ser los que más abundan a la hora de hablar de eventos históricos. Sí, lo sé, muchos considerarían pecado no haber probado al menos Twilight Struggle, pero es imposible bailar un vals en solitario, y en este aspecto, mi pareja, que es mi más fiel compañera de juegos, no está especialmente interesada en este tipo de juegos de mesa. Así pues, gracias a la buena gente de Draco Ideas, he sido capaz de dar mi primer salto al género de la mano de 1066: La batalla de Hastings, un juego algo atípico en cuanto a mecánicas y componentes en relación a otros wargames, que se complementa con otro lanzamiento de la misma editorial que salió al mercado junto a este, 1565: El Asedio de Malta, pudiendo combinarse para generar diferentes batallas adicionales, aunque por supuesto, huelga decir que ambos pueden disfrutarse perfectamente por separado. ¿Se alzarán victoriosos los normandos con el Duque Guillermo a la cabeza, o serán los sajones bajo el mando del Rey Harold?

 

Componentes

Cuando mencionaba que 1066: La batalla de Hastings era un wargame atípico, hacía referencia tanto a sus componentes como a su sistema de juego. Si bien es frecuente que los wargame tengan un despliegue enorme de producción en forma de tableros, losetas, cartas, dados y tokens varios, el juego de Draco Ideas reduce todo esto prescindiendo de la mayor parte de todo esto para apostar por una imponente cantidad de cartas, junto a unos tokens de madera que hacen las veces de contador y algún que otro marcador de cartón que, a menos que vayáis a jugar en solitario, no llegaréis ni a utilizar. No hay ningún problema con esto, de hecho, personalmente agradezco que existan otros tipos de aproximaciones a estos juegos históricos, y al disponer de menor cantidad de componentes, es mucho más fácil de sacar a mesa e incluso de llevarte contigo de viaje, pues a fin de cuentas, con dividir los mazos de ambos ejércitos y coger las lágrimas de madera, poco más necesitas.

Dicho esto, lo que sí sorprende en base a la mesurada cantidad de componentes de este wargame, es el tamaño de su caja, que tiene un tamaño medio grande quizás algo excesivo para lo que hay en su interior, pues a fin de cuentas, hay un enorme inserto de cartón que fácilmente podría haberse reducido considerablemente junto a la propia caja. Insisto, soy consciente de que este es un problema menor, porque puestos a elegir, mejor que en una caja sobre espacio a que falte, sobre todo si eso conlleva que puedes guardar todas tus cartas enfundadas y hay bolsas de sobra y separación para evitar que se muevan y mezclan al colocar el juego en la estantería. En cualquier caso, es algo que me llamó la atención y que creía que merecía la pena señalar.

Volviendo a los componentes del interior de la caja, los marcadores de modificador de atributo para jugar en solitario tienen un buen gramaje, mientras que los 80 marcadores de lágrimas de madera divididos entre 40 azules y 40 rojos, son de buen tamaño y el acabado de la pintura es correcto. Curiosamente, lo más extraño de ubicar dentro de la caja es un dial de recursos para el juego en solitario que marca el turno y la dificultad que, por alguna razón, viene con el título del juego sin traducir impreso en este (1066: Tears to Many Mothers, que ha llegado localizado al castellano como 1066: La batalla de Hastings). Pasando a las cartas, que son sin duda el plato fuerte de 1066: La batalla de Hastings, resulta gratificante ver el fantástico diseño de los personajes y eventos, un estilo artístico realista del diseñador polaco Ania Kryczkowska, que contribuye enormemente a meterse de lleno en la temática histórica.

En cualquier caso y como siempre, os dejo una lista completa a modo de referencia para que sepáis qué vais a encontrar en el juego:

  • Más de 170 Cartas tamaño 89×63,5 mm
  • 80 marcadores de daño de madera
  • Más de 20 marcadores de cartón
  • Dial para juego en solitario.
  • Reglamento del juego.
  • Reglas para jugar en solitario.

Por último, aprovecho para comentar un detallito presente en el reglamento que me ha parecido muy acertado, y es el hecho de que se incluyan lecturas adicionales sugeridas, ya que todo lo que te ayude a situarte mejor en el contexto histórico, contribuirá a su vez a ofrecerte una mejor experiencia y, por ende, a disfrutar de tus partidas con mayor intensidad.

 

Sinopsis

Se ha roto una promesa y en el cielo puede verse un presagio de mal augurio. Una corona está en juego y la historia está a punto de escribirse. Es abril del año 1066 y Harold Godwinson, Rey de Inglaterra, se enfrenta a un desafío mortal lanzado por el Duque Guillermo de Normandía. Guillermo piensa que Harold ha roto su juramento solemne al reclamar la corona inglesa, y esta afrenta solo puede resolverse por las armas, en una batalla nunca vista antes en el mundo…

 

Preparando la mesa

El primer paso a seguir antes de lanzarse al campo (o mesa) de batalla es elegir un bando concreto, pues además de ser necesario para que cada uno coja su propio mazo, esto determinará también el orden de juego, ya que los normandos reciben el marcador de jugador inicial. Además del mazo propio, hay que coger también las carta de objetivo y los marcadores de lágrima del color correspondiente (sajones rojos y normandos azules). Acto seguido, se colocan las carta de frente en la zona media de la mesa por su orden numeral, definiendo así las tres frentes de batalla en los que desplegar a nuestro ejército. Como colofón, toca colocar al líder en un frente que nosotros decidamos, colocar el mazo de objetivos ordenador bocarriba en nuestro lado, barajar nuestro mazo y robar cuatro cartas. ¡Ya estamos listos para plantar cara al rival!

 

Estructura de turnos

Lo primero a tener en cuenta es que los turnos se dividen en cuatro fases bien diferenciadas que os explico brevemente a continuación:

  • Fase de Preparación: Se comprueba si se da alguna condición de victoria y, si no se diese ninguna, se roban 2 cartas (sin sobrepasar el máximo de 6) y se preparan las cartas agotadas.
  • Fase de Despliegue: Es la fase principal, en la que cada jugador va jugando cartas en orden, siempre que pueda pagar el coste. Por otro lado, se ejecutan acciones de cartas y pueden sacrificarse si fuese necesario. Cuando ambos hayan pasado, la fase finaliza y el primero que haya pasado recibe el marcador de primer jugador.
  • Fase de Frente: Solo se activa si al menos un jugador ha llegado a la carta de objetivo «La Batalla de Hastings». Cuando esto ocurre, se realizan enfrentamientos de poder de combate y de fervor en los diferentes frentes en pos de ganar nuestro contienda en estos. El primero que venza en dos de ellos, será el ganador
  • Fase de Objetivo: Cada jugador inflige daño mediante poder de combate o fervor sumando el total de sus cartas desplegadas a la carta de objetivo que tenga. Si le hace suficiente daño, la destruye, activa sus habilidades y descubre la siguiente. En caso contrario, el daño se mantiene para futuros intentos.

 

Normandos contra Sajones. ¿De qué lado estás?

La mejor de las virtudes de este 1066: La batalla de Hastings (extrapolable a su compañero 1565: El Asedio de Malta), es que se presenta como una opción muy asequible para entrar en el mundo de los wargames, ya que es fácil de sacar y jugar, pues no requiere mucha preparación, además de explicar todo fantásticamente, tanto a nivel de manual y carta resumen, como a la hora de presentar visualmente las cartas, sus iconos, los tipos y demás. Por supuesto, por su naturaleza, nadie puede garantizarte que por mucho que vayas a disfrutar del juego diseñado por Tristan Hall, vas a pasarlo bien jugando a Twilight Struggle o Pavlov’s House, pero es una buena forma de iniciarse con la seguridad de que su propuesta no es excesivamente compleja y por tanto, no va a apabullarte como otros podrían hacerlo.

Una de los principales puntos fuertes de 1066: La batalla de Hastings, son sus ilustraciones y el grado de detallismo del que estas gozan. Desde personajes históricos hasta los diferentes componentes del ejército o el arte de los objetivos, tienen un nivel de fotorrealista que realmente consigue enamorar. Y aunque para algunos jugadores pueda resultar baladí, cada carta viene acompañada de un texto que proporciona información de índole histórica sobre personajes, unidades, eventos y tácticas, algo que además de ayudarte a aprender más sobre el famoso conflicto, se muestra sin duda como un detalle loable por toda la investigación que hay detrás, todo sea por sacar el máximo partido a la experiencia.

Dicho esto y pasando un poco al plano jugable, esta obra consigue diferenciarse en gran medida de la mayoría de juegos basados en cartas al incluir un factor esencial para el avance de la partida, el mazo de objetivos, algo que se antepone en importancia a la simple destrucción de las tropas del rival, garantizando además un toque mucho más táctico, dado que según tus necesidades para dañar a tu carta de objetivo, tendrás que apostar por bajar unas u otras cartas a los diferentes frentes, teniendo siempre presente que, una vez que se revele la «La Batalla de Hastings», deberás enfrentarte por la supremacía de estas zonas.

Si bien hay algunos conceptos nuevos, más pronto que tarde su sencilla jugabilidad dividida en fases se empezará a sentir muy familiar, alternándonos constantemente con el otro jugador mientras descartamos cartas para jugar otras nuevas, utilizamos diferentes habilidades para generar puntos o, simplemente, sacrificamos una carta que ha dejado de ser útil (por tener una habilidad al entrar al juego, por ejemplo) o que simplemente estorba para jugar una mejor en el frente (hay un máximo de tres cartas por jugador bajo cada frente). Pese a ello, cada facción tiene sus propios matices y conocer cada una de las cartas podría llevarte mucho tiempo y sin duda, una buena cantidad de partidas, por lo que, al menos en cuanto a valor rejugable se refiere, el juego diseñado por Tristan Hall promete ser un valor más que seguro.

Como señalaba en el párrafo anterior, cada grupo tiene sus propias fortalezas y debilidades, así como su propio conjunto de objetivos. Si bien la finalidad para cualquier jugador va a ser la misma (llegar a «La Batalla de Hastings» y ganar), la batalla es solo el acto final del juego, el último de varios objetivos que tanto el Duque Guillermo como el Rey Harold deben superar. La diferencia principal, reside en que mientras los normandos apuestan principalmente por buscar el apoyo papal para este conflicto, gozando de mayor facilidad para disponer de fervor; los sajones se apoyan sobre la otra estadística principal, el poder, con afán de repeler a las tropas invasoras de sus tierras. Pese a ello, como en cualquier juego de cartas, pese a su claro factor táctico, hay un importante factor suerte del que es difícil desprenderse, máxime si tenemos en cuenta la enorme cantidad de carta que compone cada uno de los mazos de cada facción. Sacar la carta necesaria en cada momento es importante si quieres mantener la ventaja o al menos, estar a la par con el contrario, pues si para tu carta de objetivo necesitas una cantidad X de daño en fervor y apenas te salen cartas con puntos de fervor, posiblemente acabes a rebufo. Pero ojo, esto no quiere decir que puedas olvidarte de jugar tus cartas con cabeza, pues cuando «La Batalla de Hastings» esté en juego querrás disponer de tus efectivos más fuertes.

Lo último en lo que quisiera incidir por mi parte, es en que a pesar de no haberlo comentado hasta el momento, existen dos posibles condiciones de victoria más allá de alzarse con la victoria en los frentes durante «La Batalla de Hastings». El primero, es básicamente liquidar al líder del oponente (Guillermo o Harold), algo que se antoja realmente complicado, pues son cartas especiales con una cantidad de salud alta a las que no se puede herir de cualquier forma. La segunda opción, pasa por que tu rival se quede sin cartas en el mazo para seguir robando, pero claro, cada uno de estos viene con una cantidad de cartas bastante importante, por lo que es casi igual de raro que esto suceda. De hecho, tras un puñado de partidas, la victoria nunca se ha decidido de otra forma que no fuese mediante la mencionada carta de objetivo, por lo que, al final, todo se decidirá en el campo de batalla en una lucha sin contienda por infligir los 10 puntos de daño de rigor a dos de los tres frentes.

 

Conclusión

1066: La batalla de Hastings es un juego de cartas para dos jugadores con un marcado enfoque histórico que sin duda podría llegar a gustar incluso a aquellos menos interesados en los wargame. Su experiencia de juego relativamente rápida y equilibrada, sumado a la facilidad para jugar sin necesidad de hacer grandes preparaciones, contribuyen enormemente a hacer de este un producto que vale la pena. Que no te engañe el hecho de que su producción sea más modesta en cuanto a componentes que otros juegos del género, pese a ello, la experiencia que brinda sigue siendo épica y gracias a la cantidad de unidades de cada bando, invita a rejugarlo en varias ocasiones. Si a esto le sumas el hermoso arte de Tristan Hall, así como las descripciones históricas que permiten sumergirse todavía más en la experiencia gracias a esos datos, el resultado es poco menos que inmejorable. Si buscas un juego de cartas táctico que suponga una carrera de fondo durante varios turnos para desembocar en una épica pelea final contra tu rival, no lo dudes, este juego tiene lo que buscas.

escort mersin escort adana escort ankara escort bodrum escort
X